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OPINIÓN: Presidente Trump, por favor no desate una guerra comercial

Gary Cohn se ha ido y cuesta encontrar a alguien que aconseje prudencia para impedir que el presidente de EU provoque un apocalipsis económico, opina David A. Andelman.
donald trump
¿Se desencadenará una guerra comercial mundial? Pese a la postura simplista de Trump, el comercio no es un juego en el que solo hay un ganador; no se trata de los dólares, se trata de los empleos, señalan analistas. (Foto: Carlos Barria/REUTERS)

Nota del editor: David A. Andelman es investigador visitante del Centro para la Seguridad Nacional de la Escuela Fordham de Derecho y director de su Red Lines Project. También colabora con CNN y escribe artículos para el diario estadounidense Usa Today. Escribió el libro A Shattered Peace: Versailles 1919 and the Price We Pay Today. Fue corresponsal extranjero del New York Times y corresponsal de CBS News en Asia y Europa. Síguelo en Twitter como @DavidAndelman . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Está claro que lo que Donald Trump no puede ver a través del cristal de su propia ideología retorcida es que Estados Unidos está tan rezagado en su desequilibrio comercial que sin importar cuántos aranceles imponga, las represalias afectarán más a una economía dañada.

En pocas palabras, se está arriesgando a desencadenar una guerra comercial mundial.

OPINIÓN: No solo es una guerra comercial, es una guerra del dólar

Pese a la postura simplista de Trump, el comercio no es un juego en el que solo hay un ganador. No se trata de los dólares, se trata de los empleos. Este intento frenético y súbito por reequilibrar podría tardar décadas en corregirse. Mientras tanto, se corre el riesgo de perder millones de empleos. Aunque podamos salvar algunos en la industria acerera, se perderán cientos de miles en la industria automotriz, aeronáutica y en otros sectores esenciales para nuestra supervivencia.

Gary Cohn, director del Consejo Económico de la Casa Blanca, reconoció claramente esta situación y no pudo imaginar un camino viable para la economía estadounidense si su presidente no reconoce los peligros existenciales a los que el mundo quedará expuesto a causa de la aparente tozudez de su gobierno.

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Cohn se ha ido y cuesta encontrar a alguien que aconseje prudencia para impedir que Trump provoque un apocalipsis económico.

Lee: Y ahora Trump flexibiliza su postura sobre los aranceles al acero

Analicemos la lógica. El desequilibrio comercial de Estados Unidos respecto de la Unión Europea fue de 151,000 millones de dólares en 2017 (435,000 millones en importaciones, 284,000 millones en exportaciones ).

Ahora, digamos que Trump impone un arancel importante al acero y al aluminio, con lo que se reducirán las importaciones de productos europeos. En respuesta, Europa impondrá cuotas compensatorias sobre las exportaciones estadounidenses y Trump tomará represalias contra la industria automotriz europea, quienes tomarán represalias contra los aviones estadounidenses (con lo que se perjudicará radicalmente a Boeing y se beneficiará a Airbus, su competencia directa).

Canadá, otra víctima de los aranceles de Trump y el principal exportador de acero a Estados Unidos, podría lanzarse directo a la yugular: la agricultura estadounidense, que representa un total de 23,000 millones de dólares. De hecho, alrededor de 1.2 millones de empleos giran alrededor de las exportaciones a Canadá .

Lee: EU considera excluir a México y Canadá de aranceles al acero

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Brasil , la segunda víctima de los aranceles de Trump al acero, importó 900 millones de dólares de productos agrícolas, así como 4,800 millones de dólares en aviones. Todas esas exportaciones representan 128,000 empleos en Estados Unidos.

Lo particularmente interesante es que todas estas cifras provienen directamente de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos. Pero de alguna forma, parece que ninguna llegó a manos del presidente Trump o cuando menos no hicieron mucha mella.

Pero aún hay problemas en el horizonte. La lógica en la que descansan los aranceles de Trump al acero y al aluminio sentará un precedente esencial: que Trump dijo que son en defensa de la "seguridad nacional". Se trata de una cláusula de salvaguardia del estatuto de la Organización Mundial de Comercio que debería invocarse muy estrictamente y solamente en las circunstancias más graves.

nullImagina que la cláusula de salvaguardia se invocara en todo el mundo y rutinariamente. El uso generalizado de esta vía para evadir a la Organización Mundial de Comercio destriparía al organismo que Estados Unidos ha respaldado desde el primer día (otra de las grandes ilusiones de Trump).

A esto inevitablemente seguiría una guerra comercial desatada. Estados Unidos, su economía, su moneda y su mercado accionario terminarían de rodillas. Claro que pasaría lo mismo con todos los demás.

El riesgo no apareció de repente en el horizonte. El año pasado, la Organización Mundial de Comercio abordó "dos inquietudes comerciales que surgieron en la reunión del Consejo del Comercio de Mercancías del 30 de junio. Estados Unidos señaló que estaba investigando el impacto de las importaciones de acero y aluminio en la seguridad nacional mientras que algunos Estados del golfo Pérsico aludieron a cuestiones de seguridad nacional en una negociación sobre sus restricciones comerciales sobre Qatar".

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Lee: EU responde al mundo: "No buscamos una guerra comercial"

En ese entonces, la Unión Europea advirtió que nunca puede invocarse esta cláusula "con el propósito de proteger a una industria nacional de la competencia extranjera" y advirtió que habría consecuencias funestas y "riesgos sistémicos".

En esa reunión, además de la Unión Europea, Brasil, Australia, Taiwán, Japón (todos aliados leales de Estados Unidos), China y Rusia se manifestaron en contra de invocar motivos de seguridad nacional.

El mundo ya ha pasado por esto antes —mucho antes de que se creara la OMC en 1995 o su predecesor, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés)—, después de la Segunda Guerra Mundial. Todo esto fue una reacción al catastrófico arancel estadounidense Smoot-Hawley que en 1930 sirvió para que el mundo se sumergiera en el torbellino de la Gran Recesión y que agravó el desplome de los mercados accionarios de 1929.

Lee: Las guerras comerciales son "fáciles de ganar", dice Trump

El entonces presidente de Estados Unidos, Herbert Hoover (el Trump de su tiempo) tenía un asesor económico de confianza, Thomas Lamont, socio del banco J. P. Morgan (el Goldman Sachs de la época). "Casi me pongo de rodillas para rogarle a Herbert Hoover que vetara el estúpido arancel Hawley-Smoot", relató Lamont más adelante . "Esa medida intensificó el nacionalismo en todo el mundo". ¿Les suena conocido?

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Muchas de las personas que defienden los aranceles de Trump al acero y al aluminio (que seguramente llevarán, entre otras cosas, al incremento de la inflación) argumentan que " un poco de inflación no es malo " y que tenemos que defender nuestra capacidad de producir acero y aluminio en Estados Unidos.

OPINIÓN: Los nuevos aranceles de Trump podrían echar abajo la renegociación del TLCAN

Puede ser. Pero también habrá empleos perdidos, exportaciones agonizantes, fábricas cerradas y tierras improductivas. Por desgracia, las medidas que no se piensan con detenimiento pueden degenerar rápidamente en efectos incontrolables que solo pueden revertirse con un costo enorme. Esperemos que antes de que sea demasiado tarde surja otro asesor de Trump que se ponga de rodillas… y que Trump le haga caso.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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