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OPINIÓN: Trump tendrá que escuchar a los periodistas quiera o no

La clara estrategia del presidente de EU es socavar constantemente a los periodistas y a las organizaciones noticiosas, comenta Joel Simon.

Nota del editor: Joel Simon es director ejecutivo del Comité para la Protección de los Periodistas. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) - La periodista estadounidense promedio no cubre la Casa Blanca. Seguramente trabaja demasiado, le pagan poco y se siente frustrada porque sus historias no tienen más impacto. El periodista promedio no es poderoso. ¿Pero la prensa?, bueno, esa es otra historia.

Este es el argumento que el Boston Globe está presentando en un llamado sin precedentes a las organizaciones noticiosas de todo Estados Unidos. En el editorial del Globe se pidió a los medios de comunicación que publicaran editoriales coordinados el jueves 16 de agosto para denunciar los ataques del presidente de ese país, Donald Trump, contra la prensa libre.

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Hasta ahora unas 200 organizaciones noticiosas han respondido al llamado, tales como el Philadelphia Enquirer y el Denver Post. "Esta guerra sucia contra la prensa libre debe terminar", escribió la editora general adjunta, Marjorie Pritchard, en el texto No somos el enemigo del pueblo.

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La estrategia de Trump de despreciar y socavar constantemente a los periodistas y a las organizaciones noticiosas sirve a varios propósitos. Primero, es una forma muy efectiva de cambiar el tema cuando Trump recibe críticas en los medios. En segundo lugar, es una forma de acoso, de intimidación a reporteros molestos, particularmente cuando los troles se acumulan en las redes. Tercero, es una forma de minar la confianza del público en la prensa.

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Según Lesley Stahl, corresponsal del programa 60 Minutes, Trump le dijo: "Lo hago para desacreditarlos a todos ustedes y degradarlos para que cuando escriban artículos negativos sobre mí, nadie les crea".

De hecho Estados Unidos está viviendo una crisis histórica en cuanto a libertad de prensa. Cuatro periodistas y un empleado de un medio de comunicación murieron en el tiroteo en las oficinas de The Capital Gazette en Maryland y un bloguero murió a tiros en Chicago en circunstancias misteriosas, por lo que Estados Unidos se ha vuelto uno de los países más peligrosos para los periodistas este año, solo superado por Afganistán y Siria, según datos del Comité para la Protección de los Periodistas.

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La cosa no para ahí. Al menos cuatro fuentes están siendo enjuiciadas porque presuntamente proporcionaron información confidencial a periodistas, tres de ellos por espionaje. Al menos 75 periodistas han sido blanco de acosos o de ataques desde principios de 2017 y han arrestado a 37, en muchos casos mientras cubrían manifestaciones, según US Press Freedom Tracker.

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Trump no provocó estos problemas, pero en vez de usar su plataforma para unir al pueblo estadounidense en apoyo a la Primera Enmienda, su discurso hostil está avivando las divisiones. También tiene una influencia terrible en la libertad de prensa alrededor del mundo. Países tan diferentes como China y Polonia han justificado la represión a la prensa con el argumento de que es un esfuerzo legítimo por combatir las "noticias falsas".

En todo el mundo ha crecido en más del doble la cantidad de periodistas encarcelados por crear "noticias falsas". En Egipto arrestaron recientemente a ocho periodistas por el delito de "difusión de noticias falsas".
Trump ha buscado dividir y conquistar, enfrentar a los periodistas. Cuando Trump ataca a una organización noticiosa las demás no necesariamente corren a defenderla. A veces le conviene a nuestro país que la prensa sea rebelde, independiente y que compita por el acceso y la información. Se necesita mucho para unir a la prensa.

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La ironía es que Trump pudo haberlo logrado. Hasta Fox News se manifestó en apoyo de su rival histórico, CNN, cuando le prohibieron la entrada a un evento de prensa a una de sus corresponsales en la Casa Blanca, Kaitlan Collins.

La realidad es que ningún periodista por sí solo —ni siquiera el más poderoso— puede enfrentar a Trump. Pero si la prensa puede presentar un frente unido en el tema crítico de la libertad de prensa, tal vez hasta el presidente tenga que hacer caso.

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