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2019, la última llamada para el crecimiento

México debe considerar que la desaceleración de Estados Unidos, la Unión Europea y China reducirá la contribución de las exportaciones al flujo de la economía nacional, opina José Luis de la Cruz.
mar 20 agosto 2019 11:30 AM

(Expansión) – La tregua que otorgó la economía mundial parece terminar, algunos de sus principales motores se apagan y México debe prepararse para enfrentar una desaceleración global que algunos análisis estiman podría transformarse en una recesión.

Alemania se debate en retirada contra la recesión y con ello prende los focos rojos en la Unión Europea. El brexit abonará en contra de la economía europea, el nuevo primer ministro de Gran Bretaña no tiene la intención de generar una transición que minimice los efectos adversos que su salida podría provocar.

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China sigue creciendo más de 6%, sin embargo su enfrentamiento con Estados Unidos influye en la desaceleración de ambas economías y con ello del sistema productivo mundial.

En México no se vio con oportunidad el contexto internacional, y como en otras ocasiones, se minimizó la dimensión de la desaceleración. En 2009 se tuvo que recurrir al argumento de “la crisis que vino de afuera” para desviar la atención de la falta de previsión que se tuvo cuando se afirmó que México estaba “blindado”.

En 2019 la nación comienza a enfrentar tanto su debilidad interna como la volatilidad externa. En el primer caso se tiene tiempo de buscar alternativas para atenuar los efectos de la desaceleración global. En el segundo no habrá mucho que hacer si finalmente Alemania entra en recesión y si Estados Unidos y China pierden fuerza.

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Además, la política terminó por enrarecer el desempeño de la economía en América del Norte y en México.

La agonía del TLCAN ha sido larga y dolorosa, ha implicado el uso discrecional de medidas proteccionistas por parte de Estados Unidos sobre las exportaciones mexicanas; acciones unilaterales que han mostrado la poca capacidad de la Organización Mundial de Comercio y otros organismos multilaterales para frenar el proteccionismo del presidente Donald Trump.

Frente a ello la alternativa que se supone debería ser el T-MEC no ha terminado de nacer. El Partido Demócrata ha logrado detener su aprobación final en el Congreso de Estados Unidos. Al mismo tiempo fue capaz de obligar a la aprobación de cambios en materia laboral en México, sin que ello redundara en la ratificación del T-MEC.

Los demócratas aún hacen cuentas sobre qué les conviene más rumbo a la elección presidencial del 2020: ratificar o no el T-MEC.

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En el camino México cedió ante Trump y los demócratas sin tener un nuevo marco de convivencia económica con Estados Unidos; por el contrario, sí tuvo que operar para frenar la migración centroamericana y aceptar la imposición de aranceles a productos mexicanos.

Frente a ese panorama, México se debe preparar para la desaceleración del sistema productivo mundial, que desafortunadamente llega marcado por la debilidad.

La estrategia implementada desde la transición electoral del 2018 frenó el gasto y la inversión pública, aumentando con ello el ritmo de la desaceleración industrial heredada, principalmente en el sector de la construcción.

En la búsqueda de implementar el programa de austeridad y lucha contra la corrupción se tomó la determinación de continuar con un ajuste fiscal restrictivo.

El resultado es un crecimiento económico que durante el primer semestre del 2019 únicamente promedió 0.3% y el cual no sirve para enfrentar la desaceleración global y atender la agenda pendiente de rezagos sociales y económicos del país.

Tan sólo las cifras de pobreza enviaron un claro mensaje de que 52.4 millones de mexicanos requieren mayor crecimiento económico y creación de empleo formal.

El próximo viernes se tendrá la actualización sobre el registro del PIB durante el segundo trimestre del año y con ello revivirá el debate sobre el estado que guarda la economía nacional.

Un par de décimas la separan de pisar terreno negativo o de mantenerse en la parte positiva. En realidad, e independientemente de en cuánto se ajusten las cifras del PIB, la discusión será más política y mediática que de fondo, es decir económica.

En el último aspecto la evidencia es clara: en la práctica el sistema productivo se ha estancado.

En estos momentos México debe considerar que la desaceleración de Estados Unidos, la Unión Europea y China reducirá la contribución de las exportaciones al flujo de la economía nacional. Sólo quedará el mercado interno, uno que lamentablemente exhibe una profunda debilidad, tanto estructural como coyuntural.

Por ello llegó el momento de una nueva estrategia de política económica, una que tenga al crecimiento como objetivo, de otra forma el PIB del cuarto trimestre del 2019 y del inicio del 2020 podría entrar a la fase que tanto se ha busca evitar.

Nota del editor: José Luis de la Cruz Gallegos es Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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