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Las otras consecuencias del COVID-19

Unos piensan en un retorno paulatino en función a número de contagios; otros se ven urgidos debido a las afectaciones económicas , opina Mario Maraboto.
mié 13 mayo 2020 11:58 PM

(Expansión) – La pandemia del COVID-19 ha unido a personal médico, a vecinos para darse apoyo mutuo, a grupos que aplauden al personal de salud, a gremios profesionales para ofrecer servicios sin costo, a artistas para dar conciertos en línea, etcétera, pero también prácticamente en todos los países el virus ha traído división.

Por un lado, enfermos y personal de salud aislados con la esperanza de poder reintegrarse, mientras sus familias permanecen en casa tratando de protegerse. Por otra parte, padres separados físicamente de sus hijos y sus nietos y sólo viéndose a través de las diferentes aplicaciones de internet. Igual los que no creen que exista el virus contra los que aplican todas las medidas de protección.

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Los enfermos más graves aislados en terapia intensiva, los menos graves en otra área y quienes están internados por cualquier otro motivo o enfermedad relegados a otras zonas. Las propias medidas en diversos países han sido motivo de división: para unos son demasiado conservadoras; para otros, insuficientes y para otros más han sido razonables.

División entre científicos y especialistas: unos afirman que lo mejor es un contagio “controlado” para que la curva de crecimiento no sea tan elevada aunque sí prolongada para evitar la saturación de hospitales; otros piensan que lo mejor es tener la menor cantidad posible de contagios en el menor tiempo posible.

En días pasados el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud propuso la “inmunidad de rebaño” para crear una barrera a través de vacunas, a lo que hay quien piensa que ello se trata de un experimento social que pone en riesgo a más personas.

División por el regreso a la nueva “normalidad”. Unos piensan en un retorno paulatino en función a número de contagios; otros se ven urgidos debido a las afectaciones económicas que la suspensión de actividades ha generado. En este punto muchas de las divergencias se dan por la poca confianza en las cifras oficiales y en los planes de apoyo para la reactivación económica.

Conflictos en el terreno tecnológico: unos agradecen la existencia de las redes sociales que les permiten tener contacto presencial con sus familias y amigos, y otros critican su uso por la transmisión de noticias falsas y agresiones a diferentes actores. Igual en los deportes: ¿reanudar o finalizar temporadas?

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Una división que podría resultar sorprendente es la que se ha dado entre miembros de las iglesias, particularmente la católica, por el cierre de los templos y la celebración de las misas a través de internet como medida preventiva de contagios.

Mientras miembros de la jerarquía, párrocos y sacerdotes ofician por medio de Facebook o de YouTube, otros se inconforman y hasta critican al Papa Francisco.

El 10 de marzo se cerraron la Plaza y la Basílica de San Pedro, así como algunas oficinas aledañas, en acatamiento a las disposiciones del Gobierno Italiano que decretó suspender todas las ceremonias civiles y religiosas. Al día siguiente el Papa ofreció su primera misa transmitida en directo a través de internet y hasta la fecha.

Aunque dura, esa medida la aceptó la Conferencia Episcopal Italiana “motivado únicamente por el deseo de contribuir a la protección de la salud pública” aunque reconoció que su aplicación genera “sufrimiento y dificultades en los pastores, sacerdotes y fieles”.

En México, el 17 de marzo el Arzobispo Primado de México invitó a los fieles a participar vía internet aunque los templos seguirían abiertos realizando las misas con los cuidados pertinentes.

Una semana después ordenó celebrar las misas sin la presencia de fieles y pidió a los sacerdotes “utilizar con creatividad los medios alternativos de comunicación, como las redes sociales, para transmitir la Santa Misa.”

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En el mundo, en días pasados, un grupo de cardenales y obispos firmaron un documento sobre el coronavirus , más político que pastoral, en el que reivindican “enérgicamente el derecho a decidir de forma autónoma en lo que se refiere a la celebración de la Santa Misa”.

En México algunos sacerdotes critican el cierre de los templos como el ex vocero de la Arquidiócesis de México quien afirma que “algunos pastores no tienen fe” por suspender las misas dominicales (¿incluido el Papa? Aunque realmente las misas no se han suspendido, sólo la asistencia a los templos).

Pero quizá la división más preocupante en México es la referente al número de contagiados y de muertos por el COVID-19. Las autoridades federales han dado cifras que son rebatidas por algunos gobernadores y especialistas, e inclusive algunos medios internacionales con base en sus propias investigaciones cuestionaron recientemente los datos oficiales.

Preocupa la veracidad de esta información porque de ello depende que se hayan frenado y disminuido los contagios al regreso a la normalidad o se exponga a la gente a un rebrote o a un nuevo contagio.

Nota del editor: Mario Maraboto es Licenciado en Periodismo por la UNAM. Investigador Asociado en la Universidad de Carolina del Norte. Autor del libro "Periodismo y Negocios. Cómo vincular empresas con periodistas". Consultor en Comunicación, Relaciones Públicas y situaciones especiales/crisis desde 1991. Escríbele a su correo mmarabotom@gmail.com y síguelo en Twitter . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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