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Inversión privada: pieza fundamental para la recuperación económica

Considerar la alternativa de contratos APP para proyectos nuevos o ya existentes podría representar una fuente adicional de recursos para las finanzas públicas, opina Roberto Ballinez.
vie 02 octubre 2020 11:58 PM

(Expansión) – Como muchos de nosotros pensamos, frente a una desaceleración económica, la asignación de mayores recursos a la inversión (pública y privada) y el estímulo de la demanda interna (consumo de bienes y servicios) pueden ayudar a lograr una mejor y más pronta recuperación. En el caso del sector de infraestructura es importante decir que no solo se esperaría un incremento en los recursos asignados, sino un aumento en la calidad de la inversión (hacer eficiente el uso de los recursos escasos).

Dicho lo anterior, es impostergable insistir en la evaluación técnica, social y financiera de aquellos proyectos que hoy mantiene en marcha el Gobierno Federal y lograr demostrar su factibilidad y rentabilidad financiera. De lo contrario, una deficiente planificación y gestión de los activos involucrados puede representar un riesgo para la sostenibilidad económica y fiscal del país.

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El Paquete Económico para 2021 nos confirmó que las premisas de crecimiento que el gobierno anunció al inicio del sexenio se mantienen y con ello el rumbo de la economía mexicana. Más aún, la contracción por seis trimestres consecutivos de la inversión (privada y pública), de acuerdo con los últimos datos del IGAE, y los menores recursos públicos que se pronostican hacen previsible que este sector mantenga dicha inercia por lo que resta del año (a pesar de una política monetaria expansiva).

Bajo estas circunstancias, solo queda esperar que el Programa de Infraestructura logre mejorar las expectativas, la certidumbre y la confianza del mercado; programa que fue anunciado en noviembre de 2019 y que ahora se hará público el próximo 5 de octubre. La estrategia de inversión que se presente determinará en un alto porcentaje la velocidad y calidad en la recuperación de la economía para los próximos años.

En este sentido, y en mi opinión, considerar dentro de la estrategia de crecimiento económico a la inversión privada es fundamental. Y no sólo en grandes proyectos, sino también en un plan integral de inversiones en obras de infraestructura por entidad, promoviendo la participación de empresas locales para impulsar la reactivación de las economías estatales y con ello potenciar el valor de los activos de infraestructura en todos los niveles.

Antes de proponer alguna alternativa específica para la inversión en infraestructura, contextualicemos la discusión. La política pública actual considera: 1) la cancelación de los farmouts y rondas petroleras, 2) la cancelación de las licitaciones en el sector eléctrico (en especial para la red de transmisión), 3) la poca promoción en proyectos de energía renovable y gas natural, 4) la no consideración de Asociaciones Público Privadas (APP) y de propuestas no solicitadas por parte del sector privado, 5) se han realizado desdoblamientos carreteros, pero ningún nuevo proyecto se ha activado, 6) se retomará el control de las Administradoras Portuarias y 7) se mantendrá el apoyo financiero a las empresas productivas del estado, así como a los tres principales proyectos insignia del sexenio.

Si bien hay algunos otros proyectos que recibirán recursos del Presupuesto Federal en 2021, estos representan ampliaciones, modernizaciones o conclusiones de proyectos ya existentes. El Tren México-Toluca; el desdoblamiento de la Autopista Tuxtla Gutiérrez – San Cristóbal de las Casas, el Viaducto Santa Catarina, la Carretera Zitácuaro – Maravatío y la Vialidad Alterna Ventura – El Peyote; la conclusión de la Carretera Barranca Larga – Ventanilla (Oaxaca – Puerto Escondido) y la recuperación de caminos rurales.

Considerando lo anterior, y junto con el hecho de que Gobierno Federal probablemente dispondrá de menores recursos en el corto y mediano plazo, en mi opinión promover las APP´s representa una estrategia viable y factible para sostener los niveles de inversión que requerimos. Esta estrategia bien puede convivir y ser complementaria con la política que mantiene el gobierno hacia el sector.

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Dado que no se espera la asignación de concesiones puras durante el sexenio, considerar la alternativa de contratos APP para proyectos nuevos o ya existentes (contratos de mantenimiento, rehabilitación y operación) podría representar una fuente adicional de recursos para las finanzas públicas del país y procurar servicios más eficientes. Incluso estos recursos podrían ser empleados en nuevos proyectos de inversiones por parte del Gobierno Federal.

Ciertamente es importante la correcta estructuración de estos contratos, evitando sobrecostos y retrasos en los tiempos de entrega, pero con ello se lograría monetizar los activos públicos (sin privatizarlos) y ayudaría a incrementar los niveles de inversión en infraestructura (clave para mantener nuestra competitividad).

Recordemos que, bajo este esquema de inversión, el sector privado asume la mayor parte de los riesgos del proyecto y se compromete a cumplir ciertos estándares de operación y mantenimiento, pero paga al gobierno una contraprestación durante la vigencia del contrato.

Aparte de estos beneficios, la optimización de este tipo de activos representa un detonante para el mercado laboral y de valores nacional. Por un lado, el sector de infraestructura y en general el sector de la construcción es intensivo en mano de obra. La implementación de esta alternativa de inversión promoverá el empleo.

Por otro, si bien los inversionistas prefieren instrumentos asociados a proyectos 100% en operación y donde el riesgo constructivo es limitado o inexistente (brownfield); los fondos de pensiones, aseguradoras y otros inversionistas institucionales regularmente muestran interés en aportar capital al desarrollo de obra pública e infraestructura.

Por último, frente al aumento año con año en la demanda de infraestructura resultado del proceso inercial de crecimiento económico del país; los contratos APP’s han demostrado ser una alternativa social y financieramente rentable (siempre y cuando se estructuren correctamente) en proyectos de energía renovable, carreteras, hospitales, sistemas de agua potable, telecomunicaciones, etcétera.

De tal forma que no podemos esperar que la reactivación de la economía mexicana descanse sobre factores externos como la recuperación de la economía norteamericana, el T-MEC o la guerra comercial entre China y Estados Unidos, sino más bien debemos de echar a andar los motores internos para la recuperación económica en México.

Nota del editor: Roberto Ballinez es Director Ejecutivo senior de Deuda Subnacional e infraestructura en HR Ratings. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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