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Nuestras Historias

El alarmante crecimiento del 'burnout'

El entorno del confinamiento ya quema a muchos empleados, pero también su desventura es producto de malos estrategas, considera Jonathán Torres.
lun 12 octubre 2020 11:59 PM

(Expansión) – Las expectativas están hechas pomada. Después de meses de un alza en la productividad generada por equipos que estaban decididos a sacar a sus empresas adelante ante la pandemia, ahora, las áreas de Finanzas y Recursos Humanos ya tienen claro que 2020 será el peor año de su historia. No llegar a las metas para el cierre de año y una baja en sus presupuestos para 2021 ya son cosa juzgada. Pero hay algo más preocupante por las consecuencias que podría traer consigo: el burnout.

Los niveles de estrés en los empleados, después de 7 meses de confinamiento, ya están rasguñando escenarios nada gratos. El burnout ya empieza a ser un síntoma frecuente y se estima que se intensifique. Nadie es inmune. Hasta el C-Suite hoy es víctima del agotamiento en extremo.

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En México no hay nadie que mida el burnout. Hay mucha información sobre su sintomatología pero no es posible correlacionar sus impactos en la productividad. Van algunos datos sueltos: la OCDE sostiene que cada empleado mexicano genera en promedio 21.6 dólares por hora y trabaja 2,148 horas al año, cifras significativamente lejanas a la media de la OCDE: 54.8 dólares por hora y 1,726 horas anuales por cada trabajador. También se sabe que es el país con menos vacaciones de América Latina, al tiempo que 75% de sus trabajadores registra fatiga laboral, por arriba de China (73) y Estados Unidos (59).

Pero dichas cifras se recogieron antes de la pandemia, específicamente en 2019, lo que hace suponer que algunas de estas variables están al alza debido a los estresores que provoca la coyuntura sanitaria. La curva de la productividad viene cayendo y el desafío hoy es cómo energizar al talento después de una larga temporada de encierro y qué medidas tomar para aliviar la salud mental de los colaboradores tomando en cuenta que el golpe sicológico será brutal, hasta en tanto no haya una vacuna.

Junto con este retador panorama, expertos en management se preguntan si se cuenta con los líderes para mejorar el estado de las circunstancias. Seguro los hay, muchos saben que la variable a preservar es el bienestar de sus equipos, pero también perviven quienes piensan que lo único importante es ser rentable a costa de lo que sea. Estos últimos, en buena medida, son autores intelectuales del burnout.

Algunas empresas ya están adoptando medidas para que sus empleados disfruten de la vida en estos días aciagos; clases de yoga, tomarse un café a distancia con uno de los líderes para romper la monotonía, cualquier cosa lúdica, trivial, que conecte con la estrategia y permita generar resultados. Quienes forman parte de empresas con estas prácticas, bien, sus jefes han entendido que es urgente y muy conveniente buscar que su modelo de negocio se oriente a que sus colaboradores estén bien.

Pero hay muchos líderes que no tienen la menor duda de que el enfoque sigue y seguirá siendo el cumplimiento de las metas, como sea. Para ellos, dotar de paz a sus empleados bajo el argumento de que eso puede ayudar a los resultados es una chabacanería. Estos jefes son desconfiados y quieren ver a “su gente” en la oficina. El colaborador no es un socio estratégico. Es una pieza. Fin de la discusión.

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Por eso el burnout ya se manifiesta y su multiplicación representa una bomba de tiempo. El entorno del confinamiento ya quema a muchos empleados, pero también su desventura es producto de malos estrategas que siguen sin entender que hoy resulta más pertinente priorizar y reconocer que menos es más.

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En 1974, el psiquiatra Herbert Freudenberger describió la falta de interés en el trabajo, la depresión y el debilitado sentido de responsabilidad, como síntomas del burnout. Desde entonces y hasta años recientes, la responsabilidad del síndrome recaía en los empleados, a quienes se les acusaba de no saber manejar el estrés y sus tiempos. Así, si estaban agotados era su culpa.

Pero en 2019, la Organización Mundial de la Salud declaró el burnout como una enfermedad ocupacional, con lo que la responsabilidad de que éste se presente recae actualmente en las empresas. No se trata de empleados inmaduros e incomprendidos, sino de equivocadas estrategias de negocio.

Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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