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Nuestras Historias

La gestión del estrés laboral en el trabajo a distancia

Es innegable que la supervivencia de los negocios en el sector privado está sujeta a su adaptabilidad ante las nuevas formas de trabajar, considera Eduardo Durazo Watanabe.
mié 04 noviembre 2020 12:04 AM

(Expansión) – El estrés laboral es una realidad cotidiana en miles de mexicanos. En encuestas globales, según la OCDE, México se ubica en el primer lugar con relación al número de horas trabajadas por año. Esto se refleja en jornadas extendidas, horas extras e incluso trabajo en fines de semana.

Esta dinámica tiene repercusiones físicas y mentales en los trabajadores dado que provoca ineficiencia empresarial a través del ausentismo, la rotación laboral y la baja productividad, lo que representa un costo económico para las organizaciones.

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Con el objetivo de atender esta problemática, se ha desarrollado la NOM-035 que pretende establecer elementos para la identificación, el análisis y la prevención de factores de riesgo psicosocial además del fomento de ambientes organizacionales favorables.

Esta nueva norma es genérica, es decir, está planteada para aplicarse a todos los centros de trabajo. El ignorar sus disposiciones puede traer consecuencias legales. Su aplicación contempla dos etapas: la primera consiste en implementar la política, las medidas de prevención y la identificación de los trabajadores vulnerables; y la segunda, en la identificación y análisis de los factores de riesgo psicosocial, la evaluación del entorno organizacional, las medidas y acciones de control, entre otros.

Sin embargo, esta segunda etapa se enfrenta a la disonancia entre la teoría planteada y la realidad económica. Ayer las empresas buscaban crecer, hoy buscan sobrevivir. ¿Cuál será el papel de la NOM-035 en esta nueva normalidad?

Un reto importante es que la norma no describe lineamientos específicos para la aplicación de las políticas de acuerdo con el giro y/o necesidades de cada industria. Adicionalmente a esto, a causa del aislamiento social producto del COVID-19, el trabajo a distancia se ha vuelto la opción para que un gran número de organizaciones continúen con sus operaciones, por lo que queda la interrogante de cómo implementar el reciente lineamiento bajo estas condiciones de nueva normalidad.

Es innegable que la presente circunstancia exige una adaptación. La dinámica del hogar asociado a un espacio de convivencia familiar y de descanso ahora se fusiona con tareas laborales. Esto requiere adaptar espacios, tiempos y objetivos entre la empatía de los empleadores y las necesidades heterogéneas de los trabajadores. Esta es una buena estrategia para lograr comprender cómo sus necesidades se alinean con las demandas actuales.

En este contexto, las empresas dedicadas a gestionar la cultura organizacional han identificado una oportunidad para crear servicios personalizados enfocados en el cumplimento de la norma. Dichas empresas apoyan al empresario a entender el nuevo juego; sin embargo, para dar cumplimiento debe de existir sinergia entre el sector público y privado para clarificar las ambigüedades que resulten de su implementación.

Es innegable que la supervivencia de los negocios en el sector privado está sujeta a su adaptabilidad ante las nuevas formas de trabajar, y entre éstas las nuevas imposiciones regulatorias gubernamentales. Como base de toda empresa, el modelo de negocios debe ser flexible a las situaciones que lo ameriten, ya que al no ajustarse a las nuevas demandas del mercado y gobierno, la viabilidad de la empresa puede verse comprometida.

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Ante ello, es central enfocarse en tres bloques del modelo de negocio: actividades clave, recursos clave y estructura de costos. Definir claramente las actividades en el trabajo ayudará a evitar el estrés laboral, el análisis y uso de los recursos del negocio permite obtener herramientas que apoyen a dar seguimiento al equipo durante el home office, y disminuir las gastos innecesarios generaría ahorros para responder a futuras emergencias.

Si la norma es aplicada de una manera asertiva y se tiene un intercambio óptimo de información entre las partes, puede resultar en una cultura laboral de integración y comunicación, traducida en una eficiencia corporativa que aprovecha las capacidades cognitivas de cada mexicano, y reduce así la rotación de personal.

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Para ninguna empresa ha sido sencillo sobrevivir y afrontar la incertidumbre actual, pero lo seguro es que el capital humano representa un pilar dentro las organizaciones y es una responsabilidad colectiva velar por el bienestar de quienes lo integran.

Nota del editor: Eduardo Durazo Watanabe labora en el Centro de Estudios Vitivinícolas de Baja California, CETYS Universidad. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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