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Nuestras Historias

Cuidado con nosotros 2021, somos mejores, hemos aprendido

Los tiempos se aceleraron mucho, pero hay algo que permaneció inmutable: el miedo bien procesado une a las personas, opina Nicolás José Isola.
vie 08 enero 2021 11:59 PM

(Expansión) – Hemos sido protagonistas de una película de ciencia ficción. Se ha ido un año de locos, una película catástrofe filmada con nosotros adentro.

Todos, en algún momento del rodaje de las escenas de este 2020, sentimos que lo que ocurría era superior a nuestras fuerzas. La dificultad de compatibilizar el home office y la vida familiar, la interminable maratón de videollamadas, el temor de un virus invisible que se llevaba gente cada vez más cercana, el aislamiento como muro virtual y real de nuestros amores. El stress ha sido la contraseña de este 2020 arrollador.

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Como un tsunami atroz la pandemia nos revolcó por nuestras playas, destruyó nuestros pocos castillos de arena aún erguidos, inundó nuestros proyectos de incertidumbre y derrumbó, como el dedo de un gigante, las minúsculas acciones de compañías sólidas. Fue un film con una superproducción costosa.

Todo fue posible: escuelas en pausa, la cancelación de prestigiosos eventos internacionales, el cuasi cierre del espacio aéreo mundial. Lo increíble sucedía atravesando nuestros cuerpos.

Frente a este doloroso 2020 hay una sola cosa que no nos podemos permitir: no haber aprendido algunas lecciones importantes. Veamos.

La empatía me salva y te salva. Ante el pavor del contagio, ante la dificultad para ver seres queridos, ante la complejidad del trabajo en casa y la familia en el trabajo, hemos sacado lo mejor de nosotros: la empatía. Como nunca antes nos hemos preocupado por los demás, preguntándoles cómo estaban, si precisaban algo, si se les estaba haciendo muy pesado el camino. No es poco.

La pandemia nos ha permitido darnos cuenta de que los humanos no somos recursos, sino seres. Seres que vibran, que sienten, que sufren, que alientan, que se motivan entre sí. Seres lúcidos y capaces de dar luz a otros que se han quedado en la oscuridad. Hemos redescubierto la puerta de entrada al templo de la felicidad: la empatía. Ese portal que conduce a que todo (repito, todo) salga mejor.

Tené un networking pulido, siempre. Muchos tuvieron que salir en marzo o abril a mostrarse interesados en la vida de los demás para seguir sobreviviendo. Quien había mantenido y cuidado los lazos personales pudo rápidamente retomarlos y estar cerca sin la artificialidad de quien se acerca sólo porque lo necesita.

Empleados y clientes que se sintieron apoyados durante esta crisis, generaron una lealtad diferente por el vínculo que se dio al haber atravesado una crisis juntos. Nada sorprendente: cuando estás con las personas en las situaciones más difíciles, no se olvidan fácilmente de ti.

La preminencia de tu transformación digital no se discute más. Los detractores y desestimuladores de la digitalización han sido derrotados con creces. Basta ver las acciones de las compañías dedicadas al mundo digital, al uso de big data y a la aceleración de procesos mediante inteligencia artificial.

A esos entornos les debemos poner cada vez más humanización adentro, para que la inteligencia artificial conlleve un rostro humano y deje de ser una mala palabra ligada a la pérdida de empleo o a la inseguridad de los datos. Hay que trabajar (y mucho) en el storytelling humano de las empresas que usan y promueven la inteligencia artificial.

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El mundo inicia 2021 con restricciones ante una pandemia que parece eterna

Tu storytelling debe ser tu preocupación. En medio de la marejada compleja en la que nos sumergió el COVID-19, contar una historia concisa, empática y motivadora ha sido un diferencial enorme. Quienes han sabido buscar la hendija para contarse adecuadamente han conseguido un mayor impacto inspirando a otros (y lo han conseguido en un momento en el que la audiencia estaba en carne viva, lo cual ayuda muchísimo a la fidelización de su marca y sus productos).

Hay habilidades indispensables que debes tener. Si no las tienes, debes apresurarte en adquirirlas. Las Soft Skills, la inteligencia emocional, la capacidad de trabajar en equipo y navegar la incertidumbre con paz y con ciencia (y con paciencia también) delinearon como nunca antes los buenos perfiles. La capacidad de comunicar con naturalidad a través de videoconferencias fue y es también importante.

No basta con hablar por medio de una pantalla: debemos atravesarla y llegar a sentarnos al lado de quien nos está mirando por medio de un monitor. Franquear la timidez, la falta de espontaneidad o el apuro por condensar ágilmente mensajes no es tarea fácil para muchos. Hay que trabajar esas habilidades emocionales y corporales.

Repiensa el negocio, siempre. Así como la fortaleza en los cashflows de las empresas les permitió sortear bajos ingresos o pérdidas por varios meses, así también a los más dinámicos en su management esta ola no los destrozó. Como en el mundo de los muebles para el hogar, hay que generar y construir estructuras más leves y desmontables, que nos permitan cambiar con velocidad y transformarnos según las necesidades. Lo rígido ya está quebrado.

Pide ayuda. Como Coach Ejecutivo me tocó recibir consultas de muchos CEOs, directores y gerentes que precisaban ser escuchados y que no se sentían del todo capaces de afrontar este laberinto novedoso solos. Tener la humildad para saber pedir ayuda es una habilidad esencial. En un mundo empresarial con dentaduras blanqueadas, muchas veces machista, narcisista y ostentoso, pareciera que pedir ayuda es mostrarse débil. Nada más absurdo. Mostrarse vulnerables es también un rasgo de los buenos líderes.

Estas son sólo algunas de las enseñanzas que han aguijoneado nuestro cuerpo en 2020. Ojalá la experiencia nos ayude a pensar, planificar y vivir este 2021 con sabiduría. Será, no caben dudas, un año muy desafiante. Es bastante lo que hay por resolver: reconvertir áreas para ser más ágiles, mejorar las experiencias de los usuarios, buscar alianzas que nos otorguen visibilidad y nos hagan más potentes.

Los tiempos se aceleraron mucho, pero hay algo que permaneció inmutable: el miedo bien procesado une a las personas, hace que se miren a los ojos y permite que se reencuentren desde otro lugar, más vulnerable, quizás, pero mucho más real.

Qué paradoja, ¿no es cierto? El virus que nos quiso separar, nos terminó uniendo. Cuidado con nosotros 2021, somos mejores, hemos aprendido.

Nota del editor: Nicolás José Isola es filósofo, master en educación y PhD. Ha sido consultor de la Unesco, actualmente vive en Barcelona y es Coach Ejecutivo, Consultor en Desarrollo Humano y Especialista en Storytelling. Escríbele a nicolasjoseisola@gmail.com y síguelo en Twitter , Instagram y/o LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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