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Nuestras Historias

Los crueles retratos de nuestra sociedad

Vivimos cambios en la organización social, en cada segmento hay complejidades distintas, pero tenemos que fortalecer el valor que significa adherirnos a las reglas colectivas, opina Jonathán Torres.
lun 18 enero 2021 11:59 PM

(Expansión) – El positivismo hoy no cuenta con muchos seguidores. Abundan las almas revueltas. La desobediencia y el egoísmo son expresiones frecuentes en el comportamiento de algunos distinguidos miembros de nuestra sociedad. Un enojo profundo por los días que se han ido y por la incertidumbre ante un panorama desconocido. Si las acciones hablaran, sabríamos que no son tiempos para pensar en el bien de todos.

Mucho se ha dicho de los costos de la pandemia en la salud y en la economía, pero poco sobre la crisis ciudadana que el COVID-19 ha provocado y los impactos de nuestro comportamiento como parte del tejido social. Si nos analizáramos, podríamos repensar nuestras actitudes y posturas, por ejemplo, frente a quienes todos los días tienen que salir de casa para trabajar, exponerse al contagio, tomar el riesgo de ser parte de la estadística que hoy provoca mucha preocupación, desazón y angustia.

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Pero mucho cuidado con las generalizaciones, ya que la sociedad no es un monolito, tiene muchas caras y por tanto resortes y motivaciones distintas. Ciertamente se percibe angustia, cansancio, molestia, pero resulta injusto y muy irresponsable sostener que hay un comportamiento único.

De acuerdo con un primer principio sociológico, la desinformación y la falta de claridad de la estrategia para contrarrestar la pandemia han provocado que mucha gente viole las reglas y, como seres sociales que somos, hay una tendencia a repetir lo que otros hacen y, entonces, el pacto social se rompe y, si unos se salen con la suya, otros siguen ese mismo camino. Así, la confianza hacia el gobierno y a la participación ciudadana empieza a erosionarse.

“No sabemos qué es lo que nos pasa porque no tenemos claro qué es lo que nos va a pasar y esto está generando enfrentamientos entre grupos y exacerbando los ánimos”, dice Rafael de Gasperin, filósofo clínico y profesor del Tec de Monterrey. “Normalmente los descontentos sociales se enfrentan a ideologías políticas, pero este rasero de la salud nos tiene con una carga moral, de angustia y precariedad”.

Bajo otra perspectiva, si miramos hacia atrás y recordamos las primeras estampas de la pandemia nos vendrán aquellos episodios de compras masivas de papel higiénico que, en el fondo, desvelaron una conducta que se ha repetido bajo otras circunstancias durante toda esta etapa pandémica: el individualismo.

Con el paso de los meses, los lazos de solidaridad se han debilitado debido a las condiciones económicas y eso nos obliga a observar dimensiones distintas, del tal forma que es muy difícil pensar en el beneficio de los demás cuando la mayor parte de la población de este país no tiene sus necesidades básicas cubiertas. Si hay una sociedad que no tiene para lo básico, no tiene espacio mental para pensar en colectivo, pero eso no significa que sean malas personas.

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Por otro lado, la clase media ha visto mermada su estabilidad, lo que genera un impacto en la solidaridad social, al tiempo que se ha intensificado el desmantelamiento de mecanismos e instituciones de participación ciudadana y ello también redunda en un deterioro del tejido social. Hoy, la sociedad civil organizada está fragmentada ya que mientras algunos grupos luchan por la infancia, otros por las mujeres, los indígenas, el cambio climático, la educación, el campo…

En cuanto al grupo con mayores ingresos, la pandemia no ha implicado un proceso de precarización y, en algunos casos, su comportamiento desafía las reglas para combatir la pandemia y no abona a la empatía y responsabilidad (léase Ricardo Salinas Pliego).

Entonces, no es que la sociedad sea absolutamente individualista, hay matices, pero no podemos perder de vista las condiciones materiales e institucionales que son el contexto de esto porque eso nos ayudará a entender en buena medida el comportamiento de la sociedad.

“En estos tiempos han jalado mucho los valores liberales del individualismo, la meritocracia, el éxito personal”, dice Aimée Vega, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM. “Lejos de pensar que la crisis pone en riesgo al modelo económico, no, lo fortalece”.

Más allá de cuestionar al otro, lo que debemos considerar es que hay millones de personas que están siendo víctimas de esta pandemia porque no hubo previamente una construcción que pensara en el beneficio colectivo para todos de la misma manera y ahí está la responsabilidad del Estado que, por acción u omisión, permitió que se deteriorara el tejido social y, ya con la pandemia, la crisis se exacerbara.

Estamos viviendo cambios en la organización social, en cada segmento hay complejidades distintas, pero tenemos que fortalecer el valor que significa adherirnos a las reglas colectivas; apostar por un futuro con la crudeza que viene acompañada de un buen análisis, dejar la queja y accionar, bajarle a la angustia y conectar con el otro.

“Hay una crisis social pues hay quienes están enojados por el confinamiento, otros porque piensan que perdieron su libertad y algunos sostienen que no nos están diciendo la verdad. No hay una obediencia civil”, añade Margarita Maass, también investigadora del CEIICH de la UNAM. “La sociedad tiene un desafío: cómo podemos pensar positivamente y actuar”.

Esta pandemia nos ha permitido presenciar momentos maravillosos de nuestra sociedad, pero al final debemos reconocer que vivimos en un país con una terrible desigualdad social y, eso, puede ayudarnos a entender porque razón millones de personas no tienen ni los mínimos elementos para sobrevivir a esta pandemia.

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¿Quién quiere ser pobre? Nadie. Ser pobre no es una opción de vida.

Nota del editor: Jonathán Torres es periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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