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Nuestras Historias

La indiferencia

La falta de compasión y empatía se ha exacerbado y ha crecido gradualmente frente a un parteaguas tan profundo como en el que estamos inmersos, opina Carlos M. López Portillo.
mié 20 enero 2021 06:19 AM

(Expansión) – Uno de los defectos más llamativos y preocupantes que tienen las sociedades modernas es la notable falta de empatía entre individuos, el uno con el otro. No quiero con esto generalizar; evidentemente, en un colectivo tan enorme como lo es la raza humana, existe de todo, muchos matices y claroscuros se reflejan en cada región del planeta.

Sin embargo, el momento de crisis que ha planteado esta pandemia ha mostrado que hay una importante y preocupante indiferencia en sectores importantes de nuestra población.

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No es algo nuevo, necesariamente; es algo que ha estado ahí ya por un tiempo y que, como especie, no hemos generado la suficiente conciencia para aceptarlo, abordarlo y transformarlo. Esta falta de compasión y empatía se ha exacerbado y ha crecido gradualmente frente a un parteaguas tan profundo como en el que estamos inmersos.

A diario vemos cientos de muertes, ya sea por un virus que vino a cambiar el orden del mundo, pero también por la indomable violencia que crece, el odio y el resentimiento que ello trae como consecuencia.

Vemos a esas mismas sociedades divididas y polarizadas en muchas ocasiones por perspectivas políticas, religiosas, raciales o de género, entre muchas otras; con enojo y rencor, con acciones destructivas que provocan la involución, con una irreconciliable postura, como si esa creencia no tuviera punto de intersección con otra diferente. Simplemente hay que prender la televisión y revisar los noticieros, o salir a la calle y observar el comportamiento citado.

Cuando un individuo se siente ajeno a la desgracia del otro, no solamente se pierde la capacidad de asombro, esencia misma del ser, sino que se van deshumanizando las relaciones humanas, por irónico o increíble que esto pueda parecer.

De acuerdo con información del Banco Mundial, “se estima que la pandemia de COVID-19 empujará a entre 88 millones y 115 millones de personas a la pobreza extrema en 2020, mientras que la cifra total llegará a los 150 millones para 2021, según la gravedad de la contracción económica”. En un mundo con estas condiciones, el progreso colectivo y todo lo que ello representa está en riesgo.

De seguir así, el profundo abismo que se ha abierto y que se sigue alimentando nos llevará a la derrota como sociedad y como raza. Unidos somos fuertes, divididos fracasamos. El momento es ahora; lo que plantea este reto no es minúsculo en lo más mínimo y requiere de hombres y mujeres con la visión, el compromiso y la capacidad de vislumbrar que, a la altura a la que nos comportemos hoy ante la desgracia y la incertidumbre, incidirá en el mañana, será ejemplo en las generaciones venideras, en nuestros hijos y en sus hijos, siendo un legado que marcará el rumbo de nuestro planeta.

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El 'Muro de la Esperanza' recibe deseos para cuando se termine la pandemia

El aprendizaje y la trascendencia dependerán de esa resiliencia colectiva.

Como toda historia, no todo es malo y negativo. Hay muchos individuos que diariamente luchan por aportar con ese granito de arena, dejar esa semilla sembrada, que traiga esperanza en el porvenir. Médicos, empresarios, soldados, voluntarios, científicos, artistas, ciudadanos comunes y corrientes buscan mejorar la situación: atendiendo pacientes, generando empleos y apostando por su país, salvaguardando la integridad de las personas y combatiendo al crimen, ayudando por el simple hecho de ayudar, aplicando los conocimientos para crear una cura, dibujando la realidad como algo perfectible y comprometiéndose con lo que a cada uno le toca hacer.

La virtud en esos ejemplos radica en que cada uno se ve reflejado en el otro, siendo esa empatía y compasión la fuerza que los llevará a salir adelante.

Debemos replantear qué es lo que queremos alcanzar como sociedad, como comunidad, como país y como habitantes de este planeta. Los momentos complejos llevan a esa evolución, siempre son una oportunidad. No dejemos que la indiferencia mate esos ideales nobles del ser.

Nota del editor: Carlos M. López Portillo Maltos se ha desarrollado en el ámbito profesional en temas relacionados con la inteligencia, geopolítica, migración, comunicación política y corporativa, medios y análisis político. Cuenta con la Licenciatura en Ciencias Políticas, del Tec de Monterrey, y una Maestría en Responsabilidad Social, de la Universidad Anáhuac del Norte. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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