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Las nuevas competencias laborales para aumentar la productividad

Una persona que favorece la colaboración disfruta tareas compartidas, tiene claras las metas comunes, comparte responsabilidades con su equipo y fomenta compromiso, señala Nadia Foster Cervantes.
jue 11 marzo 2021 12:19 AM

(Expansión) - La pandemia vino a revolucionar la forma en que trabajamos, vendemos y producimos; pero, sobre todo, la manera de pensar en negocios. Sin embargo, esto no supone que todos hayamos adquirido las competencias necesarias para desempeñarnos adecuadamente en este nuevo mundo ‘pandemial’ o post pandemia.

El cambio de vida nos llegó de improviso. Solo los más adelantados estuvieron preparados para acometerlo sin estrés; los demás hemos sufrido el cambio y, sin realmente quererlo, hemos tenido que sortear el impacto de esta situación global. Probablemente, lo que más nos ha costado es entender que la pandemia no ha sido cosa de semanas ni de algunos meses, sino se convirtió en una situación sostenida, que cambió para siempre el mundo.

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Al principio pensamos que no era necesario cambiar, que las cosas volverían a su cauce en poco tiempo; pero la realidad nos ha mostrado una cara diferente: Hoy, más que nunca, es apremiante adquirir de manera consciente y consistente competencias que nos permitirán vivir en el nuevo mundo que enfrentamos.

¿Cuáles son las competencias más importantes para mantenernos a flote en este nuevo entorno? La respuesta se puede dividir en dos clústeres: el primero está orientado a las competencias que favorecen la efectividad y la eficiencia del trabajo en equipo, como la colaboración, la flexibilidad, la adaptabilidad, la innovación, la creatividad y la resolución de problemas. El segundo clúster apunta a lograr una mejor manera de afrontar de forma personal estos cambios, a través de la gestión de la incertidumbre, la resiliencia y la armonía trabajo-familia.

En cuanto a las competencias para el trabajo en equipo destaca la COLABORACIÓN, sin dejar de lado la adaptabilidad, la flexibilidad, la creatividad y la resolución de problemas. La colaboración es indispensable para lograr, “en conjunto”, los resultados a la rapidez que la organización requiere para atender la demanda del mercado.

Una actitud de colaboración hará que el trabajo se realice en tiempo y forma, pues continuamente comprobamos que solos no podemos completar todas las tareas requeridas, y solo la colaboración entre los miembros del equipo logrará obtener los resultados.

Una persona que favorece la colaboración disfruta las tareas compartidas, tiene claras las metas comunes, comparte responsabilidades con su equipo y fomenta el compromiso; se esfuerza por escuchar y acordar soluciones consensuadas, construyendo con los demás el proyecto en común para concretar resultados.

La colaboración, por lo tanto, supone fomentar la actitud de corresponsabilidad en el hacer como en la obtención de resultados. Quien fomenta la colaboración sabe que al sumar esfuerzos se llega antes y mejor a la meta.

En cuanto a las competencias de desarrollo personal o segundo clúster, hay dos que parecen ser rectoras de la productividad: la resiliencia, que permite a la persona restablecerse -y no solo eso- sino hacerse mejor, después de sufrir la adversidad de esta época de especial carga de trabajo y estrés, ya que esta competencia le permite aprender de la experiencia y adoptarla como parte del background para tomar mejores decisiones.

La resiliencia se fomenta remodelando el pensamiento, pues nos rehacemos si nos vamos contando la historia de los acontecimientos presentes en clave de éxito y no de fracaso. Levantarse, rehacerse de cualquier adversidad o estrés resulta entonces más fácil.

 
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Aquellas organizaciones que favorezcan la adaptación de su personal a la nueva realidad del trabajo a distancia, o en otros casos a un esquema híbrido, lograrán un compromiso mayor de sus colaboradores.

Es importante fomentar, como organización, como a título personal, la armonía trabajo-familia. No basta que el colaborador se dé cuenta de la necesidad de adquirir esta competencia. Es también importante que la organización favorezca políticas que ayuden a lograr esa vida armónica en su colaborador; pues solo así lo mantendrá comprometido y motivado. Estas políticas van desde el cumplimento y respeto de los horarios establecidos hasta la atención personalizada a situaciones de riesgo sicosocial.

De manera personal, la competencia orientada a la “armonía trabajo - familia” no es común ni fácil de obtener, ya que supone un continuo revirar del timón de nuestras prioridades. Nos corresponde solo a nosotros hacer un esfuerzo para darle el tiempo a las cosas más importantes de nuestra vida como son nuestra familia y la salud.

El trabajo, el dinero, el poder o la influencia resultan necesarios, pero a la vez, secundarios a la hora de hacer un verdadero examen de conciencia con respecto a nuestra realización personal, pues aquello que nos acompañará siempre - pase lo que pase- no se compra, sino se cultiva. Nadie, excepto cada persona, podrá sembrar compañía, atención y amor por sí mismo y por su familia, para cosecharlo en un futuro que inexorablemente llegará.

Una persona que cultiva, que le dedica el tiempo y el cuidado necesario a buenas y sanas relaciones familiares y personales es una persona más productiva, pues tiene de dónde sacar fuerzas para sortear las dificultades de la vida. No en vano creo que esta pandemia nos encerró en casa… ojalá hayamos aprendido la lección.

Nota del editor: Nadia Foster Cervantes es profesora de Dirección de personal y Factor Humano en ICAMI. Escríbele a nadia.foster@icami.mx Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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