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Los simbolismos de la Cumbre sobre el Cambio Climático

México debe cuidar que su aportación no se limite a sembrar plantas porque, si bien los necesitamos, un exceso de árboles también obstruye el avance en un camino, opina Antonio Michel.
vie 23 abril 2021 12:01 AM

(Expansión) - Hoy inicia la Cumbre de Líderes por el Clima, auspiciada por Estados Unidos. Normalmente, eventos pomposos, encuentros presenciales y un protocolo sofisticado daban forma a estas reuniones multilaterales. Con la ola de cambios que llegó con la pandemia, la modalidad incluirá participaciones virtuales, lo cual alterará la forma.

Sin embargo, son los detalles ocultos quienes relatan el trasfondo y denotan las intenciones, los mensajes y los objetivos de los participantes. En la sutileza radica el verdadero impacto. La manera en que países como Estados Unidos, China y México, entre otros 40 países participantes, se han conducido hacia este evento refleja no sólo la visión, sino los intereses que perseguirán sus líderes. La diferencia es que el asunto a tratar no es individual; nos compete a todos.

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Estados Unidos

Un pilar de la campaña de Joe Biden era contrastar a Trump con una apuesta por políticas más verdes, energías renovables y esfuerzos redoblados para modificar la perspectiva internacional de Estados Unidos como un país que no contribuye a las tendencias globales contra el cambio climático. Una de las primeras acciones al tomar posesión fue volver al acuerdo mencionado.

Esta cumbre envía la señal de la relevancia que cobra la agenda climática, ya que es el tema central del primer foro multilateral albergado por este gobierno. No es casualidad, tampoco, elegir el Día de la Tierra como la fecha de inauguración.

Biden utilizará esta plataforma para anunciar sus iniciativas y resaltar el giro en los posicionamientos climáticos y ambientales. Iniciará con una promesa de reducir a la mitad sus emisiones antes de 2030 (con 2005 como base), lo cual requeriría una transformación profunda en la economía de ese país.

Enfrentará el gran desafío en dos de sus más grandes componentes industriales y principales emisores de gases de efecto invernadero (GEI): automóviles y las centrales eléctricas. Además, reiterará el discurso de unirse a esfuerzos internacionales, como el Acuerdo de París, para sumarse a las metas conjuntas.

Como parte del paquete económico de 2.3 billones de dólares que busca aprobación en el Congreso, Biden ha incluido incrementos de gastos en la construcción de estaciones de recarga para vehículos eléctricos y la expansión de redes de transmisión para fuentes renovables.

La Cumbre es una oportunidad para demostrar la ambición de Estados Unidos de retomar liderazgo en la materia y motivar a los participantes a elevar sus objetivos.

China

China no cederá todo el protagonismo. Su presidente, Xi Jinping, confirmó de última hora su asistencia, lo cual marcará el primer encuentro bilateral con Biden ya como homólogo. Al igual que su contraparte estadounidense, China desea reivindicarse y mitigar la imagen como uno de los países más contaminadores del mundo.

La cumbre también será el escenario para enaltecer el nuevo discurso colaborativo entre estos líderes, ya que ambos han afirmado un compromiso compartido de combatir las emisiones y la intención de recurrir a la cooperación técnica hacia países en desarrollo para que puedan alcanzar las metas del Acuerdo de París.

También representa un reto para China; por ejemplo, tendría que cerrar casi 600 centrales que utilizan carbón. El resultado anhelado, el posicionamiento global y la influencia de China son los principales motores detrás de estas declaraciones.

Pareciera que el gobierno ha desdibujado la agenda contra el cambio climático. No sólo es el gobierno; una gran parte de las empresas mexicanas presenta propuestas y medidas que quedan en el aire y jamás se concretan en resultados tangibles. La sociedad tampoco ha adoptado una conciencia ciudadana para reciclar, contaminar menos y contribuir a la lucha.

 
2020 y 2016 han sido los años más cálidos de la historia reciente

México

Mientras economías como Brasil apelan a un financiamiento para reducir la deforestación y acelerar su cumplimiento de sus metas ambientales, México alardea de sus programas sociales. Las decisiones del gobierno de López Obrador de devolver el control y centralizar el poder en las empresas paraestatales fueron muy criticadas a nivel internacional.

El resto del mundo marcha hacia energías renovables, cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible e instrumentar los cambios tecnológicos necesarios para combatir el cambio climático. México recientemente aprobó iniciativas que inhiben la inversión privada, relegan a las energías renovables al fondo de prioridades y atenta en contra de los estándares internacionales de sustentabilidad y medio ambiente.

En lugar de anunciar cambios significativos en política ambiental o adoptar metas contundentes que señalen el compromiso con la agenda global, México ya advirtió que presentará sus programas emblemas como Sembrando Vidas. Incluso, el presidente se tomó la libertad de afirmar que propondría a Biden un esquema de visados especiales para los beneficiarios pudieran obtener un permiso para residir en Estados Unidos.

La Casa Blanca ya pronunció su renuencia de inmediato. Es poco conveniente teñir la estrategia por el medio ambiente con intereses en política migratoria. Lo preocupante es que, más allá de ese programa, es lo único de lo que puede hablar este gobierno.

La ruta de mitigación mediante las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (CND) se ha visto obstaculizada. La presencia efímera de México en la cumbre refleja a su vez el compromiso débil con el cambio climático, las energías renovables y el desarrollo sustentable.

Posterior a los simbolismos

Forma es fondo. Cada país ha elegido el nivel de representantes en la Cumbre, la modalidad de la participación, los compromisos que adoptará y, sobre todo, el mensaje que enviará, no sólo en los discursos pronunciados, sino en los susurros que se produzcan.

Tras un año de inestabilidad e incertidumbre, será una vuelta de página para muchos. La oportunidad de definir la ruta que emprenderán, conscientes de que todos deben converger en la meta.

México debe cuidar que su aportación no se limite a sembrar plantas porque, si bien los necesitamos, un exceso de árboles también obstruye el avance en un camino.

Nota del editor: Antonio Michel estudió Relaciones Internacionales en el ITAM, donde es profesor, y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Maxwell. Trabajó casi 7 años en la Administración Pública Federal, en las secretarías de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social, Energía y Gobernación. Su pasión son los asuntos internacionales, los asuntos políticos y la administración pública. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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