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Banxico: cómo votar, qué decir

Dado que la tasa de interés ya ha estado subiendo, quizá no haya que hacer más, pero mantendría el dedo en el gatillo, apunta Sergio Luna.
jue 26 agosto 2021 12:07 AM

(Expansión) - Una regla de quienes nos hemos dedicado a seguir bancos centrales es evitar decir qué haríamos de poder votar en sus decisiones. Se nos paga para decir qué pensamos harán quienes están sentados allí. Dado que ya no me pagan por eso, puedo finalmente decir lo que yo haría.

Adelanto la conclusión. Seguiría subiendo la tasa de interés, en la misma proporción de 25 puntos base (pb), hasta que no tengamos evidencia firme de un punto de inflexión en la trayectoria de la inflación local. Ello puede ocurrir relativamente pronto, pero quizá entonces la Fed, el banco central de Estados Unidos, comience a reducir el ritmo de sus compras de activos – un primer paso, muy anticipado, de eventuales aumentos de tasas de interés.

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Dado que la tasa de interés ya ha estado subiendo, quizá no haya que hacer más, pero mantendría el dedo en el gatillo. La última encuesta Citibanamex de expectativas – la visión de a quienes aun les pagan por decir qué hará Banxico – registra una mediana para la tasa de fondeo de 5% al cierre de este año. Quedan tres reuniones programadas en 2021, por ende implicaría aumentos de 25pb en dos de ellas. Así votaría yo también, con un “asegún”.

Para noviembre, el tema de la Fed estará a todo lo que da; ¿quizá amerite subir 50pb? Habría que comunicar muy bien; no me gustaría terminar un ciclo de alzas subiendo más que antes – y a diferencia de Banxico, no tendría tanto empacho en hablar de ciclos, por cortos que fueran.

Consideremos en más detalle dos cosas, el tema de la inflación y el de la comunicación.

Sobre el primero, a principios de año esperaba una inflación cercana al 4% anual. La mediana de la citada encuesta ve ahora el cierre del año ligeramente arriba del 6%. Tradicionalmente en el verano la inflación baja un poco, repunta en septiembre con el regreso a clases, se modera y cierra al alza en diciembre. En otras palabras, el año ya se nos fue y si en julio cerramos en 5.8% sería necesario un choque a la baja muy fuerte para cerrar debajo de donde estamos hoy. Ten cuidado con lo que deseas...

Sigo en el campo de quienes piensan que el aumento en inflación se debe a factores transitorios. Pasan dos cosas. Primero, que estamos en una situación inédita, en donde se combinan choques de oferta y demanda. A diferencia de varios queridos colegas – incluyendo algunos exbanqueros centrales – creo que los segundos son en el neto, deflacionarios. Es en el lado de la oferta en donde creo tiene su origen la sorpresa.

No es un solo choque grande, son varios, más moderados y consecutivos – inflación no subyacente, subyacente de mercancías, de servicios, en ese orden – que hacen difícil una reversión súbita. Es más factible que sus efectos se disipen gradualmente.

 
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Si el diagnóstico que ofrezco es correcto, ¿por qué subir tasas? ¿No sería mejor esperar, pensando que tasas más altas moderan la demanda y esta no es el tema? Aquí es donde importa mucho no solo el qué hacer, sino el qué decir. Afortunadamente tenemos una sociedad menos tolerante de la inflación. Si esta sube de más y el banco central no actúa, la gente percibe una mayor tolerancia de la inflación y esa percepción debe evitarse a toda costa. En otras palabras, el canal de las expectativas es muy importante.

En estas condiciones, votar por subir la tasa es menos costoso que recurrir al argumento semántico de que la inflación es solo un “poco menos” transitoria. Keynes decía que los buenos economistas son como los mirlos blancos y enumeraba una serie de atributos efectivamente muy difíciles de cumplir. Los banqueros centrales se comparan con otras especies – halcones, palomas, a veces búhos e incluso chachalacas. Pero son, sobre todo, falibles.

Si a citas de Keynes nos vamos, aplica mejor aquella de que: “cuando los datos cambian, cambio de opinión. Usted ¿qué hace?”.

Nota del editor: Sergio Luna estudió Economía en la UNAM y la Universidad de Londres. Fue economista en el Banco Nacional de México durante 33 años y continúa en dicha profesión, ahora de manera independiente. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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