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'Electrexit'

Si hay algo que aprender de la experiencia del 'brexit' es que hay que evitar soluciones maximalistas, pues son el sueño dorado de los populistas, opina Sergio Luna.
mié 03 noviembre 2021 05:00 AM
Torres de trasmisión de energía eléctrica
Responsabilidad recae en el Congreso. ¿Qué debe pesar más? ¿Reflejar lo que se supone es la voluntad del electorado? ¿O tomar la decisión que mejor guarda su interés y el de las generaciones por venir?, cuestiona Sergio Luna.

(Expansión) - Hay varios paralelismos entre la iniciativa de reforma eléctrica en México y la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea (UE). Conviene revisar la experiencia de brexit para evitar ese tipo de saltos al vacío.

Primero, no hay que perder de vista el fondo del asunto. El debate sobre la reforma eléctrica no tiene que ver con cuestiones técnicas, en ese frente la propuesta es pésima, como lo evidencian los embarazosos esfuerzos por defenderla de Manuel Bartlett o Rocío Nahle. Lo que buscan no es ganar una discusión técnica, es avanzar una posición ideológica y política.

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El argumento de garantizar nuestra soberanía disfraza un propósito profundamente reaccionario: se nos pide ceder nuestros derechos como individuos a favor de un Leviatán inepto.

Entender la naturaleza de la discusión es crucial. David Cameron pensó que podía convencer a su electorado de permanecer en la UE con un cálculo detallado de los costos económicos del brexit. Sus adversarios nunca intentaron debatir esas cifras. Tampoco tuvieron empacho en inventar otras que nunca pretendieron comprobar. Enfatizaron factores emocionales: controlar la inmigración, recuperar la soberanía – otra vez esta inefable palabra. Al final, y como sabemos, prevaleció el hígado sobre el cerebro.

Segundo, en política hay que tener cuidado con la máxima de que quien no ha nacido, no vota. En el caso del brexit, los más viejos votaron por salir de la UE mientras que los jóvenes rechazaron esta opción. Puedes votar con el hígado cuando ya no tendrás que vivir con las consecuencias de tu decisión. Para un país como el nuestro, una reforma regresiva en términos ambientales sería una irresponsabilidad con las generaciones futuras. Ya nuestros hijos tendrán para reprocharnos la cancelación de la reforma educativa, ¿queremos seguir aumentando nuestros pasivos con el futuro?

Aquí hay de hecho una diferencia que ayuda a resaltar las ventajas de la democracia representativa. En Electrexit, la responsabilidad no recae en los ciudadanos, viejos o jóvenes, sino en el Congreso. ¿Qué debe pesar más? ¿Reflejar lo que se supone es la voluntad del electorado? ¿O tomar la decisión que mejor guarda su interés y el de las generaciones por venir? Lo segundo precisa una visión de largo plazo, bien sustentada técnicamente y objetiva.

Para el titubeante PRI, el primer factor aparentemente también pesa y mucho. Incluso parece existir la convicción dentro de ese partido de que las reformas estructurales, incluyendo la energética, les costaron las elecciones del 2018. No soy experto en el tema, pero me atrevo a plantear un par de observaciones.

En primer lugar, creo que la razón por la que el electorado castigó al PRI en 2018 no fueron las reformas, fue la percepción de corrupción. Por otra parte, suponer que revertir la reforma en materia eléctrica le redituará en votos en el 2024 es ingenuo. Lo que ocurriría es que el PRI se rompería a la mitad.

David Cameron supuso que la prolongada disputa al interior del Partido Conservador sobre permanecer o salir de la UE podría resolverse con el referéndum. La disidencia pro brexit sería derrotada, quedaría nulificada políticamente y el Partido Conservador finalmente se unificaría en torno a su liderazgo.

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Pero fue Cameron quien debió renunciar y ceder el control del partido de Churchill a un grupo desarticulado, con fuerte sesgo populista y sin mucha idea de cual debía ser el siguiente paso. El habilidoso político que es Boris Johnson decidió apoyar la causa del brexit no por convicción, sino porque era la que mejor podía avanzar sus aspiraciones políticas.

De hecho, antes de anunciar de qué lado estaba, Johnson tenía preparados dos elocuentes artículos sobre sus razones para estar en contra…y a favor. En el que apoya al brexit, por cierto, reaparece ese término favorito de la retórica populista que parece ser la soberanía.

Si hay algo que aprender de la experiencia del brexit es que hay que evitar soluciones maximalistas, pues son el sueño dorado de los populistas. Los retos del sector eléctrico en México se pueden atender con mejoras regulatorias, ajustes razonados y cuidadosos en legislación secundaria y, sobre todo, un esfuerzo gerencial y operativo en empresas del Estado, que lamentablemente se han manejado muy mal por mucho tiempo, aduciendo que cumplen un fin distinto, incompatible con el de la eficiencia. En resumen, no es necesario un Electrexit.

Aprovechando la temporada, es momento de que nuestros legisladores – incluyendo a los del PRI – decidan si le queremos dar vida a la bestia o aprovechar el momento y clavarle finalmente una estaca.

Nota del editor: Sergio Luna estudió Economía en la UNAM y la Universidad de Londres. Fue economista en el Banco Nacional de México durante 33 años y continúa en dicha profesión, ahora de manera independiente. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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