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¿Qué tienen en común la geoingeniería y los gadgets de realidad virtual?

En el caso de que no seas “nativo digital”, piensa qué tanto cambió tu vida con los celulares inteligentes y las redes sociales, y en cuánto tiempo, señala Rodrigo Villar.
jue 27 enero 2022 11:59 PM
realidad virtual
Este año varias empresas de realidad virtual tienen programado lanzar nuevos modelos de visores y otras buscan probar un chip cerebral que permita a personas con parálisis trabajar en una computadora de forma inalámbrica, señala Rodrigo Villar.

(Expansión) - La selección de tecnologías emergentes a seguir en 2022 de The Economist impacta por varios motivos, aparte del obvio, que es la proyección de cada una. Comenzando por la diversidad. Por un lado, un proyecto tan colosal como polémico de geoingeniería solar de contención al cambio climático, el cual, básicamente, tiene que ver con esparcir ciertas partículas en la atmósfera a fin de hacer una especie de efecto de sombra.

Por otro, artefactos para la vida cotidiana como visores de realidad virtual para potenciar rutinas de fitness, drones de entregas a domicilio o relojes de mano capaces de medir niveles de glucosa y alcohol en la sangre. En seguida, impactan las coincidencias de fondo que pueden encontrarse en cosas tan distintas.

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De entrada, un hecho que incluso puede ser inquietante al considerar algunas de estas tecnologías: no son quimeras futuristas o posibilidades a muy largo plazo. No están a la vuelta de la esquina, sino aquí o tocando la puerta. Lo mismo carne fabricada en biorreactores que la computación cuántica; aviones movidos por hidrógeno o el metaverso; agricultura vertical o implantes de hueso impresos en 3D; la succión directa de dióxido de carbono del aire o, algo que da vértigo de solo pensarlo un poco, las interfaces cerebrales.

Los desarrolladores y los inversores que los respaldan van completamente en serio, y con prisa, en todos los casos. Con avances decisivos, pruebas piloto o lanzamientos. Así que, para el resto de los mortales, cabe preguntarnos el significado y las implicaciones de cambios tan profundos que nos conciernen, si no todos directa o inmediatamente, sí en retos inminentes y oportunidades irrepetibles. Hasta lo que podría parecer más lejano nos atañe, como la propuesta de gestión de radiación solar.

No es la única iniciativa de geoingeniería en desarrollo. No viene en la lista, pero desde hace años se trabaja en sistemas de fertilización marina para promover el crecimiento de fitoplancton que capture y entierre en el fondo del mar cantidades masivas de CO2.

Asimismo, el nuevo Centro para la Reparación Climática de la Universidad de Cambridge investiga métodos para recongelar los polos o aclarar las nubes con ciertas sustancias para aumentar el albedo. Lo mismo hay gente trabajando sobre el desarrollo de bancos de coral artificiales, para salvar los ecosistemas que dependen de ellos y los servicios ecológicos y económicos que nos prestan. El punto es que ni estas iniciativas son cosas de ciencia ficción: avanzarán en 2022, que puede ser su año definitorio.

Como se refiere en la selección de The Economist, la Universidad de Harvard espera conducir este mismo año un primer experimento con un globo que liberaría probablemente carbonato de calcio para medir cómo se disipa y reacciona con los gases atmosféricos y la energía solar. Asimismo, ha establecido un panel asesor independiente para estudiar las consideraciones morales y políticas.

También este año varias empresas de realidad virtual, como Oculus, propiedad de Meta, tienen programado lanzar nuevos modelos de visores, y Neuralink, de Elon Musk, busca probar un chip cerebral que permita a personas con parálisis trabajar en una computadora de forma inalámbrica.

Si no crees que te concierne, en el caso de que no seas “nativo digital”, piensa qué tanto cambió tu vida con los celulares inteligentes y las redes sociales, y en cuánto tiempo. Si lo eres, ¿cuánto crees que podría cambiar si el estar online involucra a tu cerebro en directo?

La geoingeniería es un área de investigación de vanguardia que no pocos científicos consideran como plan B, obligado complemento a la reducción de emisiones y captura de gases de efecto invernadero. La cuestión es que estamos hablando de la manipulación de los ciclos vitales del planeta, lo que despierta preocupaciones tan fundamentales como alteraciones en las lluvias o daños irreversibles en la oxigenación del agua y su efecto en la fauna marina.

Son muchas las preguntas, desde los riesgos hasta las responsabilidades: ¿quiénes y con qué legitimidad deben tomar las decisiones? ¿Sólo en los centros de vanguardia de la ciencia o la tecnología, como Cambridge y Silicon Valley? ¿Sólo los líderes políticos que nos toquen en suerte, conscientes y responsables o ignorantes e insensatos?

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Lo mismo aplica en lo referente a la innovación digital. Acabo de leer sobre un estudio recién publicado de EY que proyecta que en los próximos cinco años se automatizarán 6 millones de puestos de trabajo tan solo en México. Con los datos que aportan, no es inverosímil: 50% de las funciones que se hacen en una oficina ya puede ser automatizadas con tecnologías existentes y 79% de las empresas asegura que ya tiene programas de inteligencia artificial en marcha. Es nuestra vida. ¿Cómo vamos a responder?

Más allá de su diversidad, en las tecnologías de vanguardia que hoy despuntan pueden advertirse tres características en común:

1. Dos motores subyacentes: la revolución digital que se acelera y la revolución de la sustentabilidad que urge.

2. Están justo aquí, no en el futuro, a pesar de su potencia disruptiva.

3. Sus alcances y dilemas son una prueba para todos en lo más hondo: como retos para la adaptación individual y de participación en los asuntos de interés colectivo, por un lado; oportunidades en todos los sentidos, por otro.

El emprendimiento tecnológico suele darse en dos fases: las tecnologías en sí y, luego, su aprovechamiento en todas sus capacidades prácticas: lo que podemos hacer con ellas.

Son los temas de nuestro tiempo, que requieren decisiones colectivas y personales, a nivel de organizaciones, como familias y como sociedad. No en el futuro, sino ya. En 2022.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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