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Aprender a emprender

Aprender a emprender es aprender a sentirse cómodo en el terreno de lo desconocido, apunta Guillermo Fournier.
mar 15 febrero 2022 11:59 PM
¿Es bueno o malo que el peso pierda terreno frente al dólar?
No hace falta ser un súper genio ni ser un magnate multimillonario para llevar a cabo proyectos que impacten en nuestra comunidad, señala Guillermo Fournier.

(Expansión) - Si la creatividad es el proceso por el cual se generan ideas originales de valor, podríamos definir el emprendimiento como la capacidad de iniciar proyectos novedosos; el mundo contemporáneo necesita de personas creativas que imaginen alternativas de futuro, pero, sobre todo, exige de emprendedores que transformen su entorno de la mano del liderazgo y el trabajo colaborativo.

Con frecuencia escuchamos hablar sobre el concepto de emprender, e incluso quedamos deslumbrados al conocer las historias de los grandes innovadores que han conseguido cambiar la realidad en las últimas décadas. Steve Jobs, Bill Gates, Elon Musk: todos visionarios fuera de serie que se apoyaron en el ingenio y la audacia para romper paradigmas.

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Ahora bien, aunque es bueno descubrir las lecciones guardadas en las biografías de personajes emblemáticos, no debemos perder de vista que cualquiera puede emprender; el emprendimiento está al alcance de quienes poseen una voluntad por hacer, independientemente de otras circunstancias. Es decir, no hace falta ser un súper genio ni ser un magnate multimillonario para llevar a cabo proyectos que impacten en nuestra comunidad.

Tampoco es requisito imprescindible que la idea en cuestión sea espectacular o revolucionaria; en ocasiones, los pequeños cambios marcan una enorme diferencia. Las buenas ideas, aún las aparentemente minúsculas, cobran poder y relevancia en la medida en que se multiplican. Por ello, los emprendedores también son líderes proactivos; hay que persuadir a terceros para integrar esfuerzos de cooperación que sumen a las causas nobles.

Hace falta ser claros: emprender no es tarea fácil. La mayoría de las personas se limita a reaccionar ante el cambio o, peor aún, se lamenta ante la llegada de lo nuevo y genera resistencia. En cambio, los innovadores se trazan metas ambiciosas y crean estrategias para alcanzarlas. El propósito es construir un mejor futuro, empleando las herramientas disponibles y trabajando para optimizar recursos.

Aprender a emprender es aprender a sentirse cómodo en el terreno de lo desconocido. Empero, parte de la naturaleza humana nos invita a temer lo incierto; la falta de certeza nos suele producir una sensación de vulnerabilidad. El innovador es aquel capaz de superar este rechazo hacia lo novedoso. Por ello se relaciona al emprendimiento con el espíritu de aventura; sin duda, comenzar un proyecto original es una experiencia emocionante, con satisfacciones y dificultades continuas.

Reiteradamente, al abordar el tema de la innovación y el emprendimiento, se tiende a pensar de manera exclusiva en el ámbito de los negocios. Por supuesto, la creativdad ayuda a empresas y organizaciones a obtener ganancias y a acumular riqueza. No obstante, hay un mundo de posibilidades para emprender más allá del mundo mercantil.

Organizar a un grupo de personas para ayudar con trabajo comunitario; crear foros plurales para idear propuestas de política pública de valor; convencer a pequeños donantes para contribuir a una causa que atienda a sectores poblacionales vulnerables. Estos son solo ejemplos de iniciativas. El enfoque de emprendimiento dependerá del grado de creatividad que se imprima en su implementación.

 

Si no somos capaces de imaginar un horizonte de oportunidades, jamás podremos desarrollar nuestro potencial como emprendedores. Todos los seres humanos tenemos una pulsión por aprender, por crear y por trascender.

Eso sí, ya que el emprendimiento necesita de liderazgo y trabajo en equipo, hay que empezar por desarrollar estas habilidades para convertirnos en innovadores de tiempo completo.

Cada día es una nueva oportunidad para emprender. Hace falta atreverse y nunca temer al fracaso, pues los errores son parte de la experiencia, y la experiencia nos indica el camino hacia el éxito.

Para construir un entorno mejor hacen falta más ideas y más acciones. Creer y crear para transformar, ese es el llamado.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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