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La falsa promesa de las criptomonedas

El caso de El Salvador parece reforzar una de las principales razones por las que los gobiernos tienden a rehuir al bitcoin: su volatilidad, apunta Alejandrina Barajas.
mié 25 mayo 2022 05:00 AM
La falsa promesa de las criptomonedas
Los expertos en criptomonedas siempre suelen dar dos consejos clave cuando se decide invertir en bitcoin: primero, invertir solo tu propio dinero y, segundo, hacerlo solo con la cantidad que permita perder sin arruinarte.

(Expansión) - El desplome del valor del bitcoin, la criptomoneda insignia, pasó de su máximo histórico de 68,000 dólares (noviembre 2021) a 27,000 dólares, ocasionando que haya perdido más de la mitad de su valor, ha abierto el debate entre especialistas para hablar del criptoinvierno, es decir, en un momento de baja sostenida en el precio de las monedas digitales o de que hemos presenciado un Lehman Brothers en el criptomercado.

Algunos especialistas argumentan que lo peor ha pasado; otros no son tan optimistas. Lo cierto es que las criptomonedas son un activo de alto riesgo, el cual, así como ofrece altos rendimientos, también puede presentar periodos de grandes pérdidas, ya que su valor está condicionado por la percepción y confianza de los inversionistas. Desafortunadamente, este 2022 es un año que tiene todos los ingredientes que minan cualquier confianza y expectativa positiva.

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Alta inflación, bajo crecimiento económico y falta de certidumbre en lo que pudiera suceder en la economía en lo que queda del año, han generado un escenario propicio para la incertidumbre, incentivando a los inversionistas a buscar activos de refugio, como los bonos del Tesoro o el dólar. Si bien no hay señales de que este “cripto crash” haya afectado a la economía real, este suceso debe de llevar a la reflexión y debate sobre las promesas y expectativas que generan las criptomonedas.

Las criptomonedas son activos digitales que usan un cifrado criptográfico para garantizar su titularidad y asegurar la integridad de las transacciones. No tienen la consideración de medio de pago, no cuentan con el respaldo de un banco central u otras autoridades públicas y no están cubiertas por mecanismos de protección al cliente. Es decir, no cuentan con ningún respaldo más que la fe y confianza de que las criptomonedas jueguen un papel relevante en la economía del futuro. Y es aquí donde tenemos que reflexionar.

Hasta el desplome del bitcoin y del criptomercado, el público en general estaba cada vez más expuesto y tentado a participar. ¿Imaginen si no se escuchaba grandioso la promesa de lograr la independencia financiera con solo realizar una simple inversión en criptomonedas? Es más, hasta empezaban a proliferar pláticas en las ciudades en las que se combinaba la inversión en criptomonedas y el bienestar personal: ¡excelente combinación para el desastre!

El padre del presidente Kennedy, Joseph P. Kennedy, fue uno de los pocos ricos estadounidenses que evitó el azote de la quiebra durante el jueves negro, la antesala de la Gran Depresión de 1929, ya que para él “si el limpiabotas sabe del mercado de valores tanto como yo, tal vez es hora de que yo lo deje”. Esta observación fue la que lo llevó a retirarse del mercado bursátil antes del crash del 29. Y esta misma sabiduría debería de prevalecer en cada una de las personas que deciden invertir en activos.

Lamentablemente, muchas personas caen ante el canto de las sirenas, hasta los visionarios. Ejemplo de esto Nayib Bukele, presidente de El Salvador, quien consideró una excelente idea para la economía del país adoptar el bitcoin como segunda moneda nacional. Dentro de su lógica visionaria, esta medida lograría la digitalización de la economía, la disminución de la dependencia del dólar, la reducción de las tasas de remesas (las cuales representan 20% del PIB salvadoreño) y, sobre todo, ser testigo y ejemplo del poder transformador del bitcoin a escala nacional. Sin embargo, el desplome del bitcoin ha dejado en una peor situación las perspectivas económicas del país.

 

Si bien, los problemas financieros del Gobierno no son por el bitcoin, El Salvador ha estado arrastrando problemas de deuda pública, lo cierto es que han empeorado por culpa de la criptomoneda. Actualmente el gobierno de Bukele se encuentra en pláticas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), sobre el manejo del Bitcoin como moneda de curso, aunque cualquier negociación para la obtención de una línea de crédito, requerirá que el país abandone la criptomoneda.

El caso de El Salvador parece reforzar una de las principales razones por las que los gobiernos tienden a rehuir al bitcoin: su volatilidad.

Los expertos en criptomonedas siempre suelen dar dos consejos clave cuando se decide invertir en bitcoin: primero, invertir solo tu propio dinero y, segundo, hacerlo solo con la cantidad que permita perder sin arruinarte.

Desafortunadamente, el sueño de ser ricos de la noche a la mañana suele ser demasiado bueno para caer en la estafa de “expertos consultores” o llevar a un país pobre a la ruina. Moraleja 1: la riqueza no se construye de la nada. Moraleja 2: el futuro promisorio de las criptomonedas todavía es lejano o inexistente. No todo lo que brilla es oro.

Nota del editor: Alejandrina Barajas Ramos es investigadora del Centro de Investigación Económica del Noroeste (CIEN) en CETYS Universidad. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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