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El T-MEC a dos años: potenciar sus beneficios (segunda parte)

Cumplir con el T-MEC da certidumbre a inversionistas y evita el desvío de sus inversiones a países con menores riesgos, considera Carlos Véjar.
mié 27 julio 2022 06:08 AM
La actividad manufacturera fue afectada por la continua caída en la producción petrolera, el freno en la actividad relacionada con la construcción y por la caída en las exportaciones de autos a los EU, señala Rafael Ramírez de Alba.
El contexto internacional de alta tensión geopolítica supone incentivos para reestructurar procesos de producción global para mitigar el riesgo chino, considera Carlos Véjar.

(Expansión) - En tanto se logra definir la mejor manera de valorar al T-MEC para el 2026, deberíamos ocuparnos cuando menos de no sumar incumplimientos. A final de cuentas, se trata de un instrumento de naturaleza vinculante sujeto al principio internacional de pacta sunt servanda (los tratados obligan a las partes y deben ser cumplidos de buena fe).

El reto de cumplir con los compromisos del capítulo laboral (cumplir con la legitimación de los contratos colectivos para el 1 de mayo de 2023, por ejemplo) y las obligaciones relacionadas con la protección a las inversiones, particularmente en sector energético, serán sin duda temas centrales para nuestros socios comerciales, y un cumplimiento discrecional de los compromisos sólo abona a un clima hostil en la evaluación sobre la funcionalidad e impacto económico del tratado.

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Un excelente indicador sobre el cumplimiento con los compromisos del T-MEC lo aportan las cifras de inversión extranjera y su mantenimiento en el país, ya que sería contra intuitivo que los inversionistas arriesgaran sus capitales en un país donde no se están brindando protecciones a los derechos de propiedad intelectual, donde existe corrupción en las áreas del comercio, y donde no se imponen límites a las empresas comerciales del Estado, entre tantas otras obligaciones exigidas por el tratado.

Pero el éxito del T-MEC requiere de muchos otros esfuerzos administrativos: mejorar los programas de comercio exterior, facilitar los trámites aduaneros, proporcionar seguridad física y jurídica en las operaciones de comercio, etc. No obstante, pese un estancamiento en varios de estos rubros, es probable que nuestras exportaciones continúen creciendo de manera importante en virtud del fenómeno del nearshoring.

Esta opción atrae inversiones extranjeras de vuelta hacia Estados Unidos o a países cercanos, por la reconfiguración de las cadenas globales de suministro y tendencias relacionadas con la sostenibilidad del comercio, en parte derivado de las crecientes tensiones comerciales con China, el conflicto Rusia-Ucrania, y las afectaciones a la producción de bienes necesarios para enfrentar problemas de salud generados por COVID-19, entre otros.

De acuerdo con cifras estimadas por el Banco Interamericano de Desarrollo, este fenómeno podría generar un aumento de hasta 78,000.00 millones de dólares en nuevas exportaciones de bienes y servicios para América Latina y el Caribe, siendo México y Brasil quienes se verían mayormente beneficiados.

Cumplir con el T-MEC da certidumbre a inversionistas y evita el desvío de sus inversiones a países con menores riesgos. Esta sería tal vez la principal tarea en la que deberían enfocarse nuestras autoridades, ya que los beneficios esperados superarían con creces cualquier pronóstico de crecimiento de nuestra economía.

Actuar con celeridad para “fortalecer” al T-MEC y potenciar el nearshoring, promocionando los resultados y las ventajas que el tratado ofrece a inversionistas que sí o sí tendrán que salir de China, es algo que no requiere grandes gastos para convencer a las empresas (estadounidenses y de otras regiones) de los beneficios de este instrumento.

Las empresas están valorando diversos destinos (incluidos países que no cuentan con un tratado de esta naturaleza con Estados Unidos, como Brasil), por lo que sería conveniente ir a ofrecerles todas las ventajas posibles para desarrollar sus proyectos en nuestro país.

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México debería elevar la mira por encima del sector automotriz y la industria aeronáutica para producir los microcomponentes que demandan las nuevas tecnologías, lo que otros están realizando de manera agresiva y con recursos con los que no contamos (el METI de Japón anunció recientemente que aportará 3.5 miles de millones de dólares en subsidios para la producción de semiconductores en su territorio).

El contexto internacional de alta tensión geopolítica supone incentivos para reestructurar procesos de producción global para mitigar el riesgo chino. Contar con un instrumento como el T-MEC y nuestra favorecida ubicación geográfica hacen de México un candidato natural para los inversionistas en procesos de nearshoring al mercado estadounidense.

La evaluación del T-MEC en ciernes no sucederá en ausencia de un contexto. De aprovecharse esta coyuntura, el resultado será sin duda positivo para México y para Norteamérica. No remar en favor de la corriente sería otra oportunidad perdida para nuestro país.

Nota del editor: Carlos Véjar es abogado experto en comercio y arbitraje internacional, socio de Holland & Knight. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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