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De Estados Unidos a México. Perro que ladra sí muerde

Un acto desafiante, como la aprobación a las reformas a la Ley de la Industria Eléctrica, se va de frente contra lo que acordamos en el T-MEC, apunta Miriam Grunstein.
mié 27 julio 2022 12:00 AM

(Expansión) - Ahora sí, estamos emplazados. En 30 días, México deberá poner fecha, hora y lugar para sentarse a conversar con sus vecinos de Norteamérica sobre sus diferencias. Ante este ultimátum, nuestro presidente ha dicho “qué miedo, qué miedo.” Su temeridad inexplicable y extrema podría tener implicaciones muy serias en cómo convivimos en la planta alta del continente.

Cuando tu vecino ya te ha dicho reiteradas veces “calla a tu perro,’’ lo mejor que puedes hacer por bien común es entrenarlo a cerrar el hocico. De lo contrario, alguien sin piedad podría envenenar al perro o al menos demandar a los que, por desdicha, viven con él.

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¿Saben? Los vecinos también tienen perro, bien adiestrado. Y perro que ladra sí muerde. Y ahora es la tercera vez que nos advierten y con fecha cierta para cumplir. Es nuestra oportunidad para que el derecho de los tratados no lleve a México a rastras con un collar de clavos hacia un panel trilateral del que no podremos escapar ni vencer.

Ahora es cuando debemos responder a la invitación para recapacitar y obedecer las reglas. Por desdicha, para López Obrador y su jauría energética, acatar reglas es humillante; es un acto de sumisión y de sujeción a un extraño poder enemigo.

Así, un acto desafiante, como la aprobación a las reformas a la Ley de la Industria Eléctrica se va de frente contra lo que acordamos en el T-MEC. En este último, nos comprometimos a dar a las empresas de nuestros socios comerciales “trato nacional,” cuando el caso ha sido exactamente el contrario. Un muy triste consuelo es que ni las empresas mexicanas son tratadas como Pemex y CFE.

El remedio para sanar las mordidas de esta Ley hubiera estado en las manos de la Suprema Corte pero lo negaron al desestimar la acción de inconstitucionalidad interpuesta por el Senado. Así que uno de los legados de este Ultimísimo Tribunal habrá sido el dejarnos vigente una ley por la cual podrían desangrar nuestras finanzas públicas al cobrarnos indemnizaciones descomunales.

Nuestra desventura, sin embargo, no sólo viene de los engendros del Palacio Legislativo y de la Corte que, en su desarticulación, dejó vivos, coleando y mordiendo artículos de una Ley violatorios al T-MEC. También han sumado a la discordia, la desidia, displicencia y cinismo de cientos de burócratas atrincherados tras miles de trámites detenidos en sus escritorios.

Cierto, así como a los ministros se les fue la LIE de las manos, estos disfuncionarios las tienen atadas. El Jefe de Jefes prefiere tenerlos entretenidos con la rifa de la fiera antes que ponerlos a despachar permisos de generación eléctrica, de importaciones y exportaciones de electricidad y combustibles, almacenamiento de petrolíferos y de construcción y operación de estaciones de servicio.

 

Esta obstrucción burocrática, en el entender del gobierno de los Estados Unidos, viola los principios de imparcialidad y de no discriminación indebida. También, el detenimiento de permisos de importación y exportación lesiona el libre comercio.

Otro acto desafortunado fue la “instrucción” reciente de la Secretaría de Energía a la CRE y al Centro Nacional de Control de Gas Natural (CENAGAS) de impedir el uso de los ductos de transporte a quienes no obtuvieran su molécula de Pemex y/o CFE. Eso, aquí y en muchos lados (dudosamente en China) se llama “venta atada.” Es una práctica crasamente anticompetitiva y, según la misiva de los Estados Unidos, es una afrenta al T-MEC por inhibir la libre importación de gas norteamericano.

En suma, el gobierno de México tiene 30 días para fijar formalmente una cita para resolver cabal y seriamente todas estas dolencias. De lo contrario, Estados Unidos y Canadá nos llevarán a un panel el cual dura alrededor de 12 forzosos meses y cuyo desenlace no nos favorecerá, por decirlo de manera amable.

Si somos francos, reconozcamos que nos aguarda el cobro de indemnizaciones estratosféricas que, de no ser satisfechas, habrán de ser retribuidas con la pérdida de los beneficios como firmantes del T-MEC. Ahí viene el perro que bailará con nuestro sufrimiento y dinero. ¡Qué miedo! ¡Qué miedo!

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad ORT México y es académica asociada al Centro México de Rice University. También ha sido profesora externa del Centro de Investigación y Docencia Económicas y coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin. Hoy es socia fundadora de Brilliant Energy Consulting y dirige el blog Energeeks. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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