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Deuda tóxica

La historia del país se puede contar narrando la evolución del endeudamiento público, señala Gabriel Reyes.
vie 18 noviembre 2022 06:09 AM
la deuda mexicana 2023 se perfila como la más alta desde 2014
El gobierno federal, ante la incondicional sumisión parlamentaria, y la falta de profesionalismo de la Auditoría Superior de la Federación, ha incurrido en incrementar el pasivo sin acatar el mandato del constituyente, apunta Gabriel Reyes.

(Expansión) - Inmersa en un entorno político crispado, la sociedad ha dejado de ser permanente vigía de decisiones que resultan de vital importancia en el ámbito financiero. Se trata de asuntos que, a primera vista, pareciera atañen únicamente a las finanzas nacionales pero que, tarde o temprano, terminarán impactando las finanzas, tanto de las empresas, como la de todos y cada uno de nosotros.

Se trata de la contratación de deuda pública, asunto cuya relevancia determinó decisivamente la conformación del andamiaje institucional en el siglo XIX, y que perfiló la construcción de lo que fue el México del siglo XX. Hasta ahora, en lo que va del siglo XXI, hemos dejado que los políticos adopten medidas con cargo al crédito de la nación, sin advertir que nuevamente nos conducen por un derrotero que pondrá en predicamento al país.

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Las inadecuadas decisiones en la materia, adoptadas por López de Santa Anna, fueron trágicamente cosechadas por sus sucesores, quienes encabezaron gobiernos que difícilmente podrían afrontar, con esa carga, los reclamos sociales, ya no se diga establecer el orden o propiciar condiciones de estabilidad. La inefable herencia puso a Juárez en severos apuros, los que impidieron estructurara políticas públicas que pusieran a la república en la ruta del crecimiento.

Sin adentrarnos más en la crónica nacional, debemos simplemente decir que la historia del país se puede contar, narrando la evolución del endeudamiento público. En el último tercio del siglo pasado, la palabra crisis ocupó un lugar estelar en la vida de los mexicanos, y todo se originó en la inadecuada toma de decisiones de financiamiento público, problema que se agravó tras la nacionalización bancaria.

El rescate bancario, se piense lo que se piense, encuentra su origen en el abusivo manejo político de la banca nacionalizada, dado que, por una década, sirvió de irresponsable chequera para financiar todo tipo de aventuras políticas. Los maquillados, pero desfondados bancos, fueron privatizados en condiciones ruinosas, volviendo a gravitar negativamente sobre el erario, cuando los engañados compradores amenazaron con pedir de vuelta lo pagado. Al ser revisados profesionalmente los balances, simplemente no pasaron la prueba de la risa.

Hoy recorremos nuevamente el temerario y frívolo camino de endeudarnos irresponsablemente, haciendo a un lado la Constitución, la cual, tras duras lecciones que pusieron al país al borde de la moratoria, hoy exige que la contratación de deuda se haga identificando la fuente de pago, con excepción de las operaciones de regulación monetaria y las de refinanciamiento. El gobierno federal, ante la incondicional sumisión parlamentaria, y la falta de profesionalismo de la Auditoría Superior de la Federación, ha incurrido en incrementar el pasivo sin acatar el mandato del constituyente. El resultado, otra vez, será demoledor.

Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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