Sin filias ni fobias, tal vez podríamos realizar un escrutinio más profundo y eficaz sobre sus problemas y cómo se reflejan en dolencias públicas y privadas. Para los mexicanos, sin excluir algunos extranjeros, el futuro de Pemex no es indiferente. Se trata, después de todo, del activo público más importante del país, además de ser el mayor contribuyente.
Por otra parte, aparte de CFE, es la única “empresa” que no puede abandonar México porque no tiene adónde ir ni debe. Chávez criticó a PDVESA, la cual, al convertirse en una empresa trotamundos, le dio la espalda a Venezuela. En busca de menores cargas fiscales y mejores mercados, el gobierno chavista acusó al liderazgo de PDVESA de servir a todos menos al pueblo de Venezuela. Así, PDVSA pudo haber sido una gran empresa, pero no para sus connacionales.
Pemex nunca ha tenido adónde ir. Fuera de sus exportaciones petroleras, no participa en los mercados energéticos internacionales. Sería un sueño ver la marca Pemex en el extranjero, como aún existe Citgo por otros lares. Imaginemos andar por ahí, rodando por Houston, y elegir entre Chevron, Valero o ¡Pemex! Pero ése es un sueño de opio. Pemex vive atrapado en un “mercado” de pobres, de rentistas y de políticos. Un peor escenario para una empresa es inconcebible.
¿Para qué emite deuda Pemex? Es la que debe ahora, a caudales, y la ha elevado a ser la petrolera más endeudada del mundo y a una reducción en su calificación crediticia. La deuda se adquiere y paga para crecer, que no para acelerar un fenecimiento anunciado hace ya muchos años. La reiteración de la frase “Pemex está en quiebra técnica” a lo largo de los lustros es descorazonadora, puesto que ni los “tecnócratas” ni el gobierno actual han cambiado, ni un ápice, el estado de la cuestión. Al contrario, cada vez es mayor el atrapamiento de Pemex entre los tenedores de deudas y los cuchillos que con ésta pretenden hacer un banquete político. Ya sea en el mercado de valores o en las transacciones políticas, la que invariablemente sale con pérdidas es Pemex, y con un costo económico social y económico muy alto.
La Secretaría de Hacienda absorberá los vencimientos de los compromisos de la empresa porque, según Romero Oropeza, “no tiene sentido que Pemex le regale dinero a las grandes financieras, a los grandes bancos”, que le cobrarían mucho más que “el soberano”.