Esto sucede con la industria energética que, sin duda, está viviendo una de sus mayores transformaciones en la historia. Por décadas, este sector se mantuvo al margen de los cambios tecnológicos radicales. Si bien ha ido evolucionando, el avance no ha sido tan radical como ahora.
La creciente densidad demográfica y demanda energética para las actividades del día a día, obligan a mejorar y buscar herramientas que cubran las necesidades de forma segura, sostenible y eficaz. Así, con la IA y el Big Data, el sector puede optimizar la producción y distribución de energía, predecir la demanda y mejorar la eficiencia energética al recopilar, y analizar grandes cantidades de datos. Con ello, además de brindar un servicio de mayor calidad, le permite tomar decisiones más acertadas para garantizar una mejor gestión de la cadena de producción.
Para los traders de energía, esta evolución les permite analizar la información como precios, tendencias del mercado, patrones de consumo en tiempo real y factores económicos, así pueden decidir mejor por dónde comprar y vender energía en los mercados. A mediano y largo plazo, la eficiencia será mayor y los costos menores.
Pero la rentabilidad y el consumo no son los únicos valores donde impacta la IA y el Big Data. En la parte ambiental se ve una importante evolución, ya que el uso de estas herramientas ayuda a acelerar la transición a una economía de energía limpia y sostenible, un punto crucial para el desarrollo como sociedad, pues el sector es uno de los menos amigables con el planeta, al representar 60% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Ahora, las empresas energéticas pueden mejorar su producción y distribución de energía renovable, como la solar y la eólica con solo el análisis de datos, a la par que educan a los usuarios finales sobre estrategias para reducir su consumo de energía y huella de carbono.