Prueba de esto es que acudí el pasado 15 de septiembre a la edición 2023 de su Global Connect Conference, un evento de networking que reúne a cientos inversionistas y aliados de todos los países en torno a un solo tema: el venture capital, especialmente la situación de la industria en esta época de incertidumbre.
El tema principal de la reunión de 2022 fue “navegar en la incertidumbre”, y qué bueno que habíamos tenido algo de preparación porque la íbamos a necesitar. La realidad no ha dejado de sorprendernos tanto por los acontecimientos sociales e históricos como por las innovaciones como ChatGPT y todo lo derivado de la IA. Cuando se hizo esa conferencia se hacía referencia directa al ajuste que vivía el mercado tech, derivado de la volatilidad global, y aunque el ambiente general era de preocupación, no imaginamos realmente lo que venía.
Este año 2023 se habló en cambio de la “resiliencia de la economía de la innovación”. El sector parece creer que hay cierto margen para el optimismo de cara al 2024 en cuanto a la vuelta al crecimiento, dados los mejores precios de entrada en las inversiones, mayor eficiencia de las empresas, el récord de “dry powder” que guardan los inversionistas bajo la manga y la salida vía IPO de algunas empresas tecnológicas que podrían devolver liquidez.
Como menciona en su blog Andy Tsao Head of Global Gateway en Silicon Valley Bank, “han sido tiempos difíciles para la economía mundial de la innovación. El despliegue de capital de riesgo hasta el tercer trimestre del 23 (según Crunchbase) disminuyó un 43,3% con respecto a los mismos tres trimestres del año pasado. Sin embargo, la financiación se ha estabilizado en los últimos cinco trimestres en torno a los niveles anteriores a la pandemia. De hecho, el tercer trimestre de este año creció un 27.5% con respecto al segundo, hasta los 34,500 millones de dólares, lo que quizá indica que los fondos de capital riesgo consideran que las valoraciones de las primeras etapas se han corregido lo suficiente. Esta opinión sobre las valoraciones quedó confirmada en una encuesta que realizamos entre los más de 90 asistentes inscritos en el GCC. No es sorprendente que los sectores que suscitaron más interés entre los asistentes fueran el empresarial, el de la inteligencia artificial y el de las tecnologías financieras”.
Como menciona Tsao, hay motivos para ser optimistas. Para empezar, aunque los procesos para conseguirla se volvieron más complejos, todavía es posible encontrar inversión para etapas tempranas. La IA está de moda y se cree que todo lo puede resolver, por lo que ahora, más que nunca, el modelo de negocio debajo de las empresas de IA es lo que tomará relevancia fundamental para invertir en ellas.
Al mismo tiempo, lo vintage vuelve a estar de moda. Los fondos hemos retomado los valores de la vieja escuela para invertir y buscar empresas con crecimiento en revenue, particularmente en modelos B2B SAAS, de entre 20 y 30%, año contra año y que rápidamente puedan alcanzar o estén cerca del punto de equilibrio en cuanto a cash flow, porque si algo nos ha enseñado la historia es que, en tiempos de crisis, las buenas empresas que reciben inversión suelen ser las que dan muy buenos resultados.
Asimismo, como ya lo he mencionado en otras ocasiones , los modelos B2B y SAAS tienen mucha más tracción entre los inversionistas, puesto que allá afuera existe una gran necesidad de soluciones que permitan a las grandes compañías adaptarse a un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso.