Esta migración masiva a ciudades más tranquilas y baratas, como Nashville, Filadelfia o Birmingham, Alabama en Estados Unidos ( como lo menciona el podcast The Big City Drain de NTY) , pero también ciudades de Latinoamérica, como la Ciudad de México o Mérida, han cambiado la conformación social y económica de ciudades enteras, además de haber creado un serio reto para las corporaciones. Mientras que los nómadas digitales huyeron de ciudades caras y con altos impuestos por un nivel de vida más tranquilo y asequible, los centros corporativos de San Francisco o Nueva York se encuentran con inmuebles semivacíos, comercios cerrados, y un déficit de personal para puestos bajos y medios gigantesco.
Por otra parte, estos nuevos hubbs para nómadas digitales, como Austin, CDMX y hasta Mérida, han sufrido una tremenda gentrificación, encarecimiento de todos los servicios y sobre todo de la vivienda. Todo esto hace que el debate sobre si volver a la oficina o no sea ya no solo un tema de empresas sino un debate de interés político.
La retórica de los defensores del trabajo en la oficina, incluidos destacados empresarios y empresas tech se intensificó. Por ejemplo, el pasado mes de junio, Google endureció sus políticas sobre el regreso a la oficina y ha comunicado a sus empleados que tendrá en cuenta su asistencia a las oficinas en sus evaluaciones personales, según informó The Wall Street Journal. Por su parte, Meta Platforms, a finales de mayo convocó a sus empleados tres días a la semana.
A mi parecer esto no es una cosa que se va a pasar pronto, y no es una batalla que ganarán los partidarios del trabajo en oficina por dos razones principales:
La Generación Z
Esta generación que reconoce a los jóvenes nacidos entre el año 2000 y 2012 se comenzó a incorporar a la vida laboral cuando la pandemia de covid-19 estaba en pleno apogeo. Ellos estarán representando más de una cuarta parte de la mano de obra mundial en los próximos 10 años. Para atraer y retener a estos trabajadores, sobre todo a los más calificados como los egresados universitarios, las empresas deben comprender qué prioriza esta generación en el lugar de trabajo. Para muchos de ellos, sus primeras experiencias en el lugar de trabajo se produjeron durante los cierres globales.
Ahora que el mundo ha vuelto a una cierta normalidad, se tilda a la Generación Z de ociosa y desmotivada. Sin embargo, en realidad son bastante ambiciosos, sólo que no están interesados en subir por la escalera corporativa tradicional y mucho menos hacer horas nalga en un cubículo cuando saben que podrían estar trabajando desde cualquier lugar del mundo. Uno de los aspectos que más valoran es su libertad.
A medida que los jóvenes de la Generación Z, seguros de sí mismos y decididos, inician sus carreras profesionales, muchos ya están cambiando la cultura de sus empresas y la estructura de sus puestos de trabajo. Son una camada que busca centrarse más en su propósito y buscan sitos que les presenten un desarrollo profesional que no necesariamente implique el pasar 40 años en una corporación.