Por definición, la felicidad es un estado de grata satisfacción espiritual y física. No implica que no tengamos problemas, tristezas o inseguridades, sino que destaca una sensación de plenitud. Para alcanzarla, necesitamos encontrar un equilibrio entre nuestra vida personal y profesional. Si reflexionamos sobre nuestro día a día, nos damos cuenta de que pasamos más tiempo en el trabajo que en cualquier otra actividad. Esta realidad me ha llevado a comprender una de las tareas más importantes del área de RH: garantizar que nuestros colaboradores sean felices en su trabajo.
Sé que lograr un equipo feliz no es una tarea sencilla. Nuestros colaboradores no solo buscan una buena remuneración económica, también anhelan beneficios que abarquen su bienestar integral, tanto físico como emocional y hasta financiero. Esto implica flexibilidad laboral, programas de bienestar corporativo y otros apoyos que faciliten el desarrollo de sus actividades diarias. Especialmente, las nuevas generaciones se inclinan cada vez más hacia trabajos que los nutran a nivel personal, no sólo en términos económicos.
Antes de implementar cualquier programa o beneficio, los departamentos de RH deben conocer bien a sus colaboradores. Solo así podrán diseñar estrategias que atiendan sus necesidades, tomando en cuenta su identidad como personas y profesionistas, en lugar de considerarlos solo como números en una nómina.
Ahora bien, ¿por qué es tan importante tener en cuenta la felicidad de nuestro equipo de trabajo si es algo tan complejo? En tiempos en que los presupuestos se ven afectados por la situación económica, debemos ser eficientes con nuestros recursos. La alta dirección espera que invirtamos en lo que genere el mayor retorno de inversión para la empresa, pero ¿qué mejor inversión que la felicidad de nuestro equipo? Cuando nuestros colaboradores se sienten plenos, su actitud se refleja en la ejecución de sus tareas y se vuelven más proactivos, productivos, competentes y comprometidos.