En este sentido, las ideas son una de las tecnologías más extraordinarias, contundentes y pragmáticas que ha diseñado la naturaleza; se trata de mapas neurales configurados para detectar lo que ocurre en el tiempo presente para admitir que los organismos tomen decisiones distintas a lo preprogramado genéticamente. La posibilidad de percibir lo que acontece dentro y fuera del cuerpo (consciencia) no es una facultad fortuita; se ha dado como herramienta para aumentar las posibilidades de supervivencia y prevalencia de la vida entera.
Por lo tanto, aquello que nos ayude a ampliar nuestra visión y robustecer los pensamientos significa tecnologías para la mente que nos apoyarán para conquistar cualquier objetivo, desde elegir entre opciones simples como el atuendo del día o la mejor táctica de negocios hasta encontrar la “felicidad” plena a través de aportar individualmente a la evolución y prevalencia vital.
Entonces, ¿qué instrumentos tenemos hoy en día para fortalecer lo que pensamos y entendemos?
Primero, el más sólido y no siempre evidente es la literatura. Los miles de libros que entretejen constructos de grandes pensadores representan la tecnología antigua y moderna más eficiente para profundizar en nuestras contemplaciones. Incluso, aquellos que han resistido el embate del tiempo por periodos más largos —algunos por miles de años— reflejan las aportaciones más sólidas y bien fundamentadas; han pasado filtros colectivos muy estrictos y, por lo tanto, aumentan su valor práctico y filosófico.
Algunos de los autores o textos que puedo recomendar personalmente y representan algunas de las tecnologías mentales más potentes al día de hoy son Platón, Aristóteles, los Evangelios Bíblicos, Spinoza, los Upanishads, Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Einstein, Schrödinger, Tesla, Wilhelm Reich, Freud, Lacan, Foucault, Stephen Hawking, Joseph Campbell, Hugh Everett y Antonio Damasio. Vale la pena destacar el Bhagavad-gita como fundamento esencial del pensamiento, conocido como el “libro de cabecera” de Albert Einstein.
Por otra parte, encontramos recursos técnicos tan elementales como el agua. Mantenerse bien hidratado —con al menos tres litros de agua al día— mejora la concentración y el enfoque, aumenta la claridad cognitiva, mejora el estado de ánimo y la regulación emocional, facilita la comunicación neuronal y promueve un sueño de calidad, entre otros cruciales beneficios.