Como ya hemos planteado en este espacio, se ha señalado la existencia de numerosas operaciones y transacciones fuera de balance, sin que haya puntual respuesta al respecto, particularmente de lo que sucede en los buquetanque. Se advierte la constante manipulación en la información de pasivos a favor de proveedores y contratistas; se desconoce el valor contingente de reclamaciones y controversias, persistiendo la inexistencia de un diagnóstico técnicamente sustentado, que evalúe el importe de reclamaciones de orden laboral, uno que justiprecie razonablemente el aumento progresivo de las pensiones, así como de las inevitables minusvalías en los fondos de retiro, vivienda y gestión de prestaciones. Todo ello hace que la contabilidad de esas empresas, de no ser considerada sospechosa, sea al menos estimada como poco confiable.
La época en que se hacen tales anuncios resulta especialmente reveladora, ya que las constantes noticias que develan la ineficiente gestión de tales agencias burocráticas han venido pesando en el ánimo del electorado, por lo que esta semana fue la última oportunidad para aligerar el lastre, sí, tales anuncios, más que oportunos, resultan oportunistas. Se aprovecharon los últimos días en que el sector oficial puede hacer propaganda para exponer números que no tienen causa o motivo claro, ni fuente identificada, por el contrario, cada día se aprecia que existen áreas y segmentos industriales que apuntan a la emergencia de grandes quebrantos en el corto plazo.
Se acudió, una vez más, a la presentación de imágenes parciales de negocio, sumando todo lo que ayuda, al tiempo de colocar debajo del tapete lo que resta. Así, aunque la operación de las centrales eléctricas a la empresa española provoca un enorme pasivo público, ese no se hace gravitar sobre las finanzas de la CFE , donde debiera quedar registrado todo compromiso al respecto, pero sí se suman los beneficios derivados o asociados a esas centrales, como si formaran parte de la operación industrial de esa empresa. No se toma en cuenta que aún no se han saldado los ruinosos convenios de reestructura relacionados con la construcción de ductos, pero sí se adicionan los escandalosos y arbitrarios ingresos derivados de sobrevaluar la potencia en el mercado nacional, en favor de quien genera subsidiado con recursos públicos.
En Pemex, se contrata la más cara deuda de la historia a cargo de esa entidad pública, sin hacer cesar las enormes transferencias presupuestarias, que ahora se adicionan de una inconstitucional condonación de la carga tributaria . Ello sucede al tiempo de tomar en cuenta la venta, no liquidada, de algunos activos relevantes, que constituyen una privatización disfrazada, así es, se ha emprendido un proceso de remate en el que no se resta nada al balance, pero se reportan sumas por cobrar.
CFE no ha sido capaz de reproducir modelos exitosos de gestión de empresas de la industria eléctrica internacional, y sigue manteniendo su costo operativo basado en comprar energía barata, para venderla no cara, sino carísima, aprovechando que le han dado manga ancha para “legislar” vía decreto o norma administrativa. Los reguladores del sector han sido capturados, estando evidentemente subordinados a la CFE, en su calidad de agente dominante. Éstos se pliegan descaradamente a la conformación de un monopolio, retornando a los peores días del Echeverriato. Claro, en un desplante de politiquería, esa agencia oficial manipula una enorme gama de tarifas, haciendo política, esto al asignarlas dependiendo no del costo de la energía; su trasmisión, distribución y suministro, sino la afiliación o afinidad del usuario con el partido en el poder. Algo parecido al modelo cubano de expendio selectivo de gasolina, dirigido a compra de apariencias.
Lo que sí ha copiado exitosamente la CFE es el esquema de empresa paralela, cargando y abonando lo que conviene y cuando le acomoda en dos vehículos que corren por cuerda separada, eludiendo y evadiendo todos los controles de transparencia y de disciplina presupuestaria. Ha adoptado el modelo Master Trust que ha permitido a Pemex, durante décadas, manipular ingresos y egresos, así como mantener, en la más completa opacidad, lo que sucede más allá de nuestras fronteras.
No es una CFE, sino dos. Y no me refiero a las filiales y subsidiarias, sino a la completa integración de una empresa alterna que permite presentar éxitos y esconder los fracasos, la que, sobre todo, evita se tenga que reportar el saldo neto consolidado de las operaciones, lo que se hace creando una ilusión contable que no sólo permite seguir colocando deuda, sino que, además, permite pagar a las empresas amigas, cuando a otras se les forma en la larga fila de la empresa en mora.
El último trimestre del año 2023, las áreas financieras trabajaron en una operación que supera y rebasa lo que se conoce internacionalmente como window dressing, o embellecimiento del aparador. A sabiendas de que las colocaciones por venir serán responsabilidad de otro equipo, y que serán otros funcionarios los que tengan que responder por la confiabilidad de los documentos que respaldan los balances, reportes y demás información financiera, simplemente relajaron los estándares para mostrar una contabilidad feliz, feliz, feliz.
Los directivos de ambas empresas coquetean, al grado de la desesperación, con curules, por lo que se trata del anuncio con el que pretenden marcar ambas gestiones, lo que hacen amañando una narrativa basada en números que son simplemente inaceptables. Han decidido echar las campanas al vuelo, como si se tratará de vendedores de autos usados. Es el más viejo de los garlitos del tricolor.