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El paralelismo de la devaluación del peso mexicano de 1994 y 2024

La devaluación del peso no solo refleja problemas económicos subyacentes, sino también incertidumbre política y la necesidad de reformas estructurales profundas.
mié 19 junio 2024 06:04 AM
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La devaluación del peso mexicano tras las elecciones de 2024 representa un desafío significativo para la economía mexicana. Sin embargo, también es una oportunidad para que el nuevo gobierno implemente reformas estructurales que promuevan el crecimiento, apunta Eréndira Yaretni Mendoza.

Las elecciones presidenciales en México son eventos que trascienden la esfera política para impactar en la economía nacional e internacional. En 1994, la devaluación del peso mexicano sacudió los cimientos económicos del país, generando una de las peores crisis económicas de su historia. Aunque hubo un periodo de auge económico por la implementación de estrategias para una devaluación controlada para la atracción de capital, es más recordado por la eliminación de tres ceros a la moneda. Sin embargo, la crisis se detonó debido a la especulación post-electoral y una falta de sinergia política y económica.

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A lo largo de los años siguientes, México implementó una serie de reformas para fortalecer su economía y restaurar la confianza de los inversionistas. Sin embargo, la historia parece repetirse en las elecciones presidenciales de 2024, donde una vez más se observa una devaluación significativa del peso mexicano tras el proceso electoral.

Este paralelismo entre 1994 y 2024 destaca las complejidades y desafíos persistentes que enfrenta la economía mexicana. La devaluación del peso no solo refleja problemas económicos subyacentes, sino también incertidumbre política y la necesidad de reformas estructurales profundas. La estabilidad política y la confianza en las instituciones gubernamentales son cruciales para fomentar un entorno económico propicio para el crecimiento y desarrollo económico del país.

El proceso electoral de 2024 en México ha captado la atención tanto a nivel local como internacional. La economía mexicana, una de las más grandes de América Latina, está estrechamente entrelazada con el panorama político del país. Las decisiones políticas y las expectativas sobre el futuro liderazgo tienen repercusiones directas en diversos sectores económicos.

Es interesante cómo ciertos patrones económicos y políticos pueden repetirse en diferentes momentos de la historia. Desde la crisis económica de diciembre en 1994 hasta las recientes noticias de devaluación del peso mexicano en 2024, México ha experimentado paralelismos sorprendentes en su historia económica.

En 1994, la transición política generó un panorama de especulación, donde el capital golondrino desencadenó un efecto dominó. Primero, la retirada de capital provocó desempleo, lo que a su vez redujo la demanda interna y externa de la moneda local. Esta situación afectó negativamente la confianza en la economía y condujo a desequilibrios fiscales y monetarios que ejercieron presión sobre el tipo de cambio. Esto llevó a una pérdida abrupta de valor del peso mexicano, resultando en una recesión severa.

Este año, la fiesta democratica ha resultado en una situación económica similar, con una devaluación del peso después del proceso electoral. A pesar de que la moneda había recibido el nombre de peso fortachón, lo que significa que tenía un valor alto y que era deseable tanto para los inversionistas como para quienes realizan transacciones internacionales, es decir, el peso mexicano estaba apreciado en relación con otras monedas extranjeras; y pese a ello experimentó una caída significativa debido a los resultados de las elecciones.

Esta devaluación ha creado incertidumbre en los mercados financieros, similar a la que siguió a la crisis de 1994, y ha planteado preguntas sobre las políticas económicas y la estabilidad financiera presente y futura del país.

Este escenario político genera un entorno económico menos predecible y más riesgoso. Esto puede conducir a una menor inversión, a un menor crecimiento económico, a un aumento de la volatilidad financiera y una afectación a la confianza de los consumidores e inversionistas en la economía del país.

La devaluación del peso mexicano se atribuye en gran medida al resultado de las elecciones, donde no solo se ganó la presidencia, sino que también se aseguró una mayoría calificada en el Congreso. Esta situación política ha generado incertidumbre en los mercados financieros, llevando a los inversionistas a re evaluar sus posiciones y a retirar inversiones del país, lo que conocemos como capital golondrino.

¿Qué significa una mayoría calificada en el Congreso en términos económicos y financieros? Esta se refiere a una mayoría legislativa que, aunque puede permitir la toma de decisiones más eficientes, también conlleva riesgos significativos. Podría conducir a decisiones legislativas unilaterales, sin el suficiente debate o consideración de alternativas, lo que a su vez podría impulsar políticas económicas radicales o drásticas que carecen de un sólido fundamento o consenso; esto podría ser perjudicial para la estabilidad macroeconómica. Una política fiscal o monetaria inadecuada podría llevar a la devaluación de la moneda, aumentando los costos de importación, elevando la inflación y afectando negativamente el poder adquisitivo de los ciudadanos.

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La percepción de que las decisiones están siendo tomadas sin suficiente consulta o debate puede socavar la confianza pública en las instituciones gubernamentales, lo que, a su vez, puede tener consecuencias políticas y económicas a largo plazo.

En este sentido, es crucial que las decisiones políticas y económicas sean tomadas con un amplio consenso y teniendo en cuenta los impactos a corto y largo plazo en la economía nacional. La estabilidad política y la previsibilidad son fundamentales para promover un entorno propicio para el crecimiento económico sostenible.

La devaluación del peso mexicano tras las elecciones de 2024 representa un desafío significativo para la economía mexicana. Sin embargo, también es una oportunidad para que el nuevo gobierno implemente reformas estructurales que promuevan el crecimiento sostenible y equitativo. El camino hacia la recuperación económica será difícil, pero con liderazgo político, prudencia económica y colaboración entre todos los sectores, México puede superar nuevamente estos desafíos y avanzar hacia un futuro más próspero y estable.

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Nota del editor: Erendira Yaretni Mendoza Meza es licenciada en Economía, maestra en Gobierno y Desarrollo Regional por El Colegio del Estado de Hidalgo y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Es profesora de la máxima casa de estudios de la entidad. Síguela en Twitter y/o en Facebook . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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