Aunque la pandemia de Covid-19 haya quedado atrás, los efectos del cambio climático garantizan que las disrupciones en la cadena de suministro continúen dominando la agenda de ejecutivos y profesionales de gestión riesgo durante las próximas décadas. Las catástrofes climáticas, como las inundaciones —cuya frecuencia ha aumentado un 181% desde la década de 1980, según análisis de Marsh McLennan—, destacan la magnitud del impacto ambiental sobre las operaciones comerciales.
Frente a este escenario, las empresas están obligadas a reevaluar y transformar sus cadenas de suministro, no sólo para mitigar riesgos sino para promover un desarrollo sostenible. La sostenibilidad en las cadenas de suministro ha evolucionado de ser un objetivo deseable, a convertirse en una necesidad imperativa, instando a las industrias, especialmente aquellas con alto riesgo como la automotriz, manufactura, energía, y sectores de ventas al por menor y mayorista, a priorizar la resiliencia mediante prácticas sostenibles.
Estas cadenas no solo son un canal crítico para alcanzar los objetivos de sostenibilidad de las empresas, sino que también catalizan los compromisos de sostenibilidad a nivel organizacional. La concentración en las cadenas de suministro es esencial para las iniciativas de medio ambiente, sociedad y gobernanza (ESG), ya que más del 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero y entre el 50% y el 70% de los costos operativos están vinculados directamente a ellas.
Más allá de la evasión de riesgos y el cumplimiento normativo, las organizaciones están buscando formas de incorporar la sostenibilidad en las operaciones de sus cadenas de suministro para generar valor a largo plazo. Esto implica un uso más eficiente de los recursos naturales, la descarbonización, un abastecimiento ético y la adopción de prácticas de comercio justo, lo cual redefine el enfoque tradicional hacia las iniciativas de ESG y fortalece las operaciones de la cadena de suministro.
Las organizaciones que lideran en la transformación de sus cadenas de suministro no solo están respondiendo a presiones regulatorias o demandas de consumidores por productos responsables; están reconfigurando de manera fundamental cómo operan, innovan y generan valor. La estrategia para una cadena de suministro sostenible va más allá de la simple gestión de adquisiciones y compras, abarcando una transformación completa que evalúa no solo el rendimiento financiero, sino también la reducción de costos mediante la disminución de desechos, la mejora de la eficiencia y la reducción de la huella de carbono.
A medida que estas cadenas se desarrollan, también lo hace la percepción en el mercado. Las iniciativas de sostenibilidad en la cadena de suministro pueden influir positivamente en la participación de mercado, el precio de las acciones y la rentabilidad. La gestión de riesgos, incluidos los regulatorios y de cumplimiento, se ve reforzada por estrategias de abastecimiento resilientes, mientras que los impactos intangibles como la mejora en la lealtad del cliente, la reputación de la marca, la innovación y la retención de talento empiezan a jugar un rol significativo.