Para explorar esta pregunta y llegar a la respuesta deseable para la empresa que diriges, me gustaría traer al imaginario la película “Ocean’s Eleven”, esa que nos muestra el proceso, paso a paso y con una perfección milimétrica de la estafa del siglo en Las Vegas.
El equipo convocado por Danny Ocean era todo menos homogéneo. Estaba integrado por personas con habilidades diferentes: un ex convicto que domina los trucos del oficio, un socio que maneja las relaciones públicas, un millonario responsable de financiar la operación, un carterista rápido con las manos, un croupier que conocía a la perfección cómo operaba el casino, dos mecánicos para resolver problemas técnicos, un experto en tecnología para hackear sistemas, otro en explosivos y hasta un acróbata con la habilidad para entrar en lugares que nadie más podría. Valiosos cada uno por su talento pero imprescindibles por lo que podían lograr trabajando en equipo.
Llevemos, pues, esta analogía a los consejos de administración de las empresas. Un consejo lleno de personas con el mismo perfil profesional –todos financieros, por ejemplo– carece de perspectiva para abordar problemas diversos como desarrollo de nuevos productos, fluctuaciones del mercado y regulaciones. Enfrentar esto desde la unicidad, es cuando menos, poco efectivo, y si lo escalamos puede ser como “dispararnos en un pie”.
Un consejo de administración diverso funciona como el equipo de Danny Ocean. Cada persona aporta una perspectiva basada en su experiencia, conocimiento y visión del mundo. Un consejo integrado por personas con trayectorias profesionales diferentes tiene más probabilidades de cuestionar ideas, debatir y encontrar soluciones innovadoras y hasta disruptivas. La diversidad es una ventaja competitiva.
Al igual que en “Ocean’s Eleven”, donde la combinación de talento permitió que el equipo superara obstáculos aparentemente insalvables, en las empresas, un consejo diverso puede prever riesgos, capitalizar oportunidades y tomar decisiones más informadas.
En un consejo diverso siempre hay alguien que tiene un enfoque financiero, otro que entiende de operaciones a la perfección, y quizá, alguien con experiencia en sectores que los demás ni siquiera conocen.
Actualmente, participo en un consejo relacionado con la agroindustria. Cuando inicié no tenía ni idea sobre si sembrar tomate o maíz era más rentable. Pero mi aportación fue desde el punto de vista financiero. Mientras tanto, otro consejero, que sí conocía el terreno, hablaba sobre los ciclos de cultivo y la viabilidad de cada producto. La clave fue escuchar, entender y dejar que las ideas crecieran, en lugar de imponer una visión.
Cuando personas con diferentes perspectivas y experiencias se sientan a la mesa, las ideas fluyen de manera más creativa y se generan soluciones más efectivas. Esto es crucial en un mundo empresarial donde la adaptabilidad y la capacidad de respuesta rápida son esenciales.