El contexto siempre ayuda a entender el porqué de las cosas. Ciertamente, hay quienes prefieren no considerarlo y es cuando, de pronto, se sorprenden al momento en el que las noticias toman forma. En este caso, en muchos círculos estadounidenses ya se digería la tormentosa percepción de que Donald Trump regresaría a la Casa Blanca, con toda su fuerza y su batería de amenazas; solo faltaba que el correr de las horas convirtiera en realidad lo que ya mantiene en vilo a millones en el planeta.
¿Cómo es posible que alguien que ha doblado la ley será el futuro Presidente de Estados Unidos? Mariana Campero, host del podcast Mexico Matters, sostiene que todo es culpa de los demócratas y así lo explica: “El 6 de enero de 2021, después del asalto al Capitolio, Donald Trump se convirtió en una amenaza a la democracia para sus opositores y también para muchos de sus seguidores. El entonces candidato republicano desilusionó como líder a mucha gente, se fue a su casa y se encerró en Mar-a- Lago. Había caído en el olvido y, no fue hasta que el Partido Demócrata utilizó la justicia como herramienta política, que volvieron a poner a Trump en el radar y eso fue lo que volvió a darle tanta energía a su base y él se convirtió en un mártir”.
Una circunstancia no viene sola. Siempre, hay otras que la acompañan y que permiten fraguar percepciones, reacciones, decisiones por tomar y finalmente acciones. La administración de Joe Biden fue acumulando errores, rechazo y, entonces, la elección del pasado 5 de noviembre, en realidad, ya era cosa juzgada.
Ahora, ¿qué viene para México?
De acuerdo con testimonios recabados al interior de la comunidad empresarial mexicana, la narrativa de Donald Trump vendrá a patear los protocolos y diplomacia de su relación con Claudia Sheinbaum, perturbará el espíritu comercial que se tiene en América del Norte a través de llamados proteccionistas estadounidenses, pero principalmente usará los temas de migración y seguridad como herramientas para imponerse en los temas comerciales.
De arranque, se prevé que el tema migratorio se descomponga y que la lucha contra el narcotráfico, desde Estados Unidos, se endurecerá. “No me cabe la menor duda de que vamos a ver lamentables imágenes desde la televisión en contra de migrantes y estaremos frente a la redada más grande de migrantes en la historia de Estados Unidos”, proyecta Mariana Campero. “La persecución contra los cárteles mexicanos será intensa y podríamos ver drones y más guardias en la frontera”, añade.
Para 2026, los pronósticos que hoy dominan vaticinan no una revisión del T-MEC, sino un intento de renegociación. Empresarios consultados sostienen que Donald Trump exigirá a su contraparte una mejor balanza comercial considerando que México exporta a Estados Unidos, en números redondos, más del doble de lo que importa, lo que significaría que la revisión del acuerdo comercial sería el preludio de una renegociación en la que se impondrían las condiciones de Estados Unidos.
El siguiente invitado, incómodo, en esta historia es China. Desde el último tramo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la postura estadounidense era contundente: es vital tener clara la participación china en los componentes de exportación mexicanos. Esa política persistirá y se endurecerá con Donald Trump pues no permitirá que China use a México como su puerta de entrada al comercio de Estados Unidos. Algo más: las reacciones del norte se manifestarán en caso de que una armadora china pretenda instalar una planta de producción de autos en el sur.
Sin duda es de llamar la atención que estos escenarios se coloquen como parte del mapa de impactos en la relación bilateral entre México y Estados Unidos, tomando en cuenta que sus economías están, prácticamente, atornilladas, por lo que tendrían que estar perfectamente alineadas, junto con la economía de Canadá, para fortalecer la participación comercial de América del Norte frente a otros bloques comerciales.
Hace 30 años, la puesta en marcha del entonces TLCAN fue el mejor experimento de integración regional entre países desarrollados y en desarrollo, orientado al mercado y cuyos objetivos radicaban en mejorar las condiciones de competitividad, inversión y producción de la zona. Dado el tamaño de la región, el TLCAN fue un modelo que después se reprodujo en otros acuerdos comerciales de todos los niveles.
Bajo ese contexto, la carta que México podría jugarse frente al gobierno de Donald Trump radica en transmitir la importancia de mantener la prosperidad en toda Norteamérica y en trabajar en conjunto en un entorno cada día más globalizante.
“Somos vecinos y a Estados Unidos le conviene que México tenga mayor prosperidad porque entonces ellos tendrían más paz. Juntos podemos hacer productos muy competitivos. En el T-MEC hay industrias que se vuelven más competitivas cuando cuentan con la participación de los tres países”, afirma Mariana Campero.
Es el caso, por ejemplo, de la industria automotriz basada en México, que ya se prepara rumbo al proceso de revisión del T-MEC. Protagonistas de esta industria que fueron consultados para construir esta historia reconocen que viene un proceso complejo, complicado, sobre todo porque no hay reglas escritas a seguir para dar paso al proceso de revisión del acuerdo comercial. No hay como tal un reglamento para la revisión y, eso, puede llevar las conversaciones a caminos insospechados.