En ese sentido, me gustaría compartir unas reflexiones personales. Para mí, este año no fue sencillo en el sentido de salud. Me tocó sortear una embolia cerebral en marzo de la que, afortunadamente, puedo decir: lo logré. Gracias a mis amigos y equipo de trabajo, quienes reaccionaron de inmediato, me llevaron al hospital y pude recibir atención médica oportuna. Por supuesto, al equipo médico, encabezado por el Dr. José Genina y un gran neurocirujano, el Dr. Philippe Emmanuel Alexandre-Katz. Sobra mencionar a mi familia y amigos cercanos.
La cosa no paró ahí. Por estar insistiendo, al estar agradecido por una segunda oportunidad, de querer celebrar mi cumpleaños de forma diferente, en agosto, el 8, previo a mi celebración –que, por cierto, es el 11, para que me feliciten, he, he–, me quitan dos vértebras lumbares. Pasé mi fiesta en el hospital, y el mejor regalo que me di fue bañarme por mi propia cuenta y caminar. Les he de confesar: esos días fueron una verdadera montaña rusa de emociones, aunque siempre tenía la confianza en que, estando en las manos de Dios, todo jala. Tan es así que puedo seguir colaborando en este espacio.
Otra reflexión: no podemos forzar las cosas. Por más que uno trate de hacer, dar o compartir lo mejor de uno, no siempre será tomado de la mejor forma por otras personas, lo que genera una situación de frustración. Hay personas que, aunque les ofrezcas tu ayuda, no la querrán, incluso te voltearán la cara o, peor aún, quien te la acepte al grado de abusar. En ambos casos, el resultado no será el mejor.
Eso aplica en todo: en los aspectos laborales, personales e incluso en las relaciones. De estas últimas, si escribiera mis frustraciones, podría escribir una novela, ha, ha, ha. Pero el punto es aprender a soltar. No tenemos nada asegurado, y las únicas constantes son la muerte, el cambio y los impuestos.
Ello me llevó a considerar muchos otros factores. Hay una imagen que me gusta mucho poner en mis redes sociales a fin de año, donde están dos personajes y uno le pregunta al otro: "¿Qué me deparará el próximo año?". Su amigo le responde: "365 posibilidades".
La respuesta encierra una gran verdad. El año por comenzar representa grandes oportunidades. No lo olvidemos: siempre viene lo mejor, y hay que esperar que así sea. Si bien celebramos la Navidad y Año Nuevo, podemos agradecer por todo, que seguimos en la lucha en esta gran escuela llamada vida, donde queremos seguir aprendiendo. Pero también es una mega oportunidad para dar gracias por lo que se fue, lo que no se realizó o a quienes ya no quisieron estar en nuestra vida.
La Navidad, por tanto, es un gran tiempo para compartir en familia, con los más necesitados, de donarnos. Quienes hemos experimentado de cerca la muerte nos volvemos más sensibles para aprovechar el tiempo y no perderlo en chismes de vecindad o tonterías. Las segundas oportunidades se aprovechan al máximo.