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Revista Digital
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Venezuela y las redes sociales

Tenemos dos situaciones claras: movimientos de las fuerzas políticas serán cada vez más contundentes y las plataformas digitales impulsan narrativas que pretenden diluir el pensamiento crítico.
lun 12 enero 2026 05:59 AM
Bandera Venezuela
Puede ser un burnout de información, pero el debate mediático que ocurre sobre Venezuela en plataformas digitales no está considerando los cambios estratégicos en materia de seguridad, ni las propias declaraciones de los principales actores involucrados, apunta Alejandra G. Marmolejo. (Cancillería Venezuela)

Desde que Donald Trump asumió la presidencia el 20 de enero de 2025, las redacciones de noticias no han tenido tregua alguna por los cambios abruptos de política internacional y comercial de la agenda del mandatario. La cobertura mediática también ha seguido de cerca los conflictos internacionales donde el gobierno de los Estados Unidos ha demostrado necesidad de control: Ucrania con Rusia, el alto al fuego en Gaza, y recientemente, el posible fin de la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.

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El factor que hace distinto este acontecimiento es que el Departamento de Estado dio a conocer las intenciones militares que Estados Unidos tenía sobre Venezuela, casi un mes antes de la operación de captura de Maduro. Este documento se trata de la Nueva Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos de América, en el que se hace énfasis el mecanismo de adhesión geopolítica del continente americano, o como el mismo documento le llama, “hemisferio de los Estados Unidos”. El lanzamiento de la nueva estrategia de seguridad no fue retomado por muchos medios, en comparación con las actualizaciones de otros conflictos armados donde el gobierno estadounidense actuaba como intermediario.

Este precedente es relevante para los medios de comunicación, pues explica con detalle cómo será el despliegue de control geopolítico que pretende el gobierno de Donald Trump en todo el continente. Puede ser un burnout de información, pero el debate mediático que ocurre sobre Venezuela en plataformas digitales no está considerando los cambios estratégicos en materia de seguridad, ni las propias declaraciones de los principales actores involucrados. En esta columna hablé sobre las tensiones regionales durante el periodo de elecciones en 2024, incluido el proceso electoral de Venezuela que fue señalado por la oposición como ilegítimo. Este momento en el tiempo nos dejó como lección que las narrativas digitales sí tienen efectos sobre la opinión pública, además de consecuencias visibles en la acción política.

Los factores que trascienden en las últimas convulsiones globales es la desarticulación argumentativa, la falta de datos duros y la manipulación emocional; y en esta ocasión no es la excepción. No es de sorprenderse que la conversación en redes sociales sobre la captura de Nicolás Maduro se polarizara, pero esta vez es evidente, por no decir flagrante, la plataforma ideológica de los argumentos que emiten algunos perfiles de divulgación y opinión en redes sociales. Antes de escoger un bando es importante que los usuarios de plataformas digitales conozcan que la información que circula no está completa: hay precedentes históricos, y actualizaciones recientes en materia de política de seguridad, que moldearon la decisión de Estados Unidos para detener y procesar judicialmente a Nicolás Maduro. Es decir, el gobierno de Donald Trump esta vez emitió una advertencia que muy pocos medios consideraron.

Otro factor para considerar es que las opiniones vertidas en redes sociales están desprovistas de datos duros. Por ejemplo, Amnistía Internacional reportó en 2023 que alrededor de 7 millones de venezolanos habían salido del país, pero de 2022 a 2023 se registró una diáspora de un millón de personas. Estas cifras son de libre acceso en internet, pero la crisis humanitaria y de suministros en Venezuela se convirtió en una narrativa de dominio público que muy pocos “influencers” contrastan con indicadores objetivos. Una crítica sin fundamentos, conceptuales o numéricos, puede incurrir en sesgos ideológicos que inducen a la discriminación.

El último punto para retomar en esta columna es la manipulación emocional con la que muchos usuarios están tratando el tema sobre Venezuela. No solamente hay carencia de hechos corroborables, las opiniones están aderezadas con un halo de emotividad que desvirtúan el pensamiento crítico de las contrapartes. Un ejemplo sensible es el hashtag “No le expliques Venezuela a los venezolanos”; si bien es un exceso señalar los sentimientos de esperanza del pueblo venezolano con la caída de Maduro, tampoco es razonable inhibir los análisis geopolíticos elaborados por expertos que opinan en sus redes sociales. Son este tipo de opiniones articuladas, sin demeritar el optimismo de los hermanos venezolanos, los contenidos más necesarios en esta coyuntura política. Es legítimo señalar como prioridades el derecho internacional y los riesgos de intervencionismo en esta región.

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América Latina atraviesa por desafíos a la democracia que se hacen más riesgosos con el uso indiscriminado de las redes sociales. Ser usuario, o creador de contenidos, en plataformas digitales conlleva responsabilidad con la ciudadanía, ahora más que nunca. Incurrir en señalamientos simplistas y críticas desarticuladas es síntoma de la desinformación que circula en redes sociales, que se potencializa en momentos históricos o de quiebre. Por eso es importante hacer un llamado a la alfabetización mediática, que existan más divulgadores de contenidos abstractos o piezas explicativas en medios digitales para que las audiencias fomenten el pensamiento crítico. 2026 pinta para ser un año tan errático como fue 2025, y como usuarios de redes sociales debemos actuar con sensatez y elegir mejor a quiénes tomamos como influencia ideológica.

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Nota del editor: Alejandra G. Marmolejo es Doctora en Política Pública, profesora y miembro del Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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