Para el mundo es una alerta y una amenaza: o se pliegan a la personalidad de este presidente o aceptan la confrontación, con las consecuencias que ello pueda llevar. En todo caso, proyectos comunitarios como la Unión Europea (UE), deben plantearse una reorientación de su modelo sin la presencia de la Unión Americana y en ello van dos temas básicos: a) fortalecer una estructura de seguridad post-Trump y, en segundo lugar, recuperar el viejo y nunca acabado debate sobre la construcción de una política exterior común. Una posición única en el concierto de naciones le podría hacer recuperar el peso que ha perdido en la última década.
De la misma forma que la UE debe repensar su vínculo con Estados Unidos, regiones de Medio Oriente; Asia, Oceanía y América Latina también se encuentran en la obligación de reevaluar su vínculo con la gestión Trump. Su desventaja es aún mayor que la UE, Rusia o China y por ello deben apelar a la creatividad para oponer resistencia ante la potencia global. Las alianzas regionales, el fortalecimiento de los instrumentos regionales y de intercambio comercial, científico y educativo, podrían ser el inicio de la construcción de otras vías de desarrollo, que sin ignorar ni confrontar a la administración Trump, permitan dar aire a proyectos que están ahogados por la presión de esta moderna autocracia.