Con Donald Trump hay certeza absoluta: las reglas de un orden complejo de posguerra, las normas de derecho internacional, la cooperación o el respeto a los derechos humanos o la soberanía, han quedado sin sustancia, sin contenido. Ahora las palabras relevantes son poder económico, poder militar, amenaza, chantaje. Todos estos conceptos concebidos sobre la base de la recuperación y actualización de una vieja obsesión/paranoia de la Unión Americana: defenderse frente a la amenaza de actores ad hoc que justifiquen un discurso ajeno al orden originado de la Segunda Guerra Mundial.
México en el radar: la Operación Maduro redefinió los límites de la soberanía latinoamericana
La agresión a Venezuela, el secuestro del autoproclamado presidente Nicolás Maduro y el sometimiento a juicio bajo las leyes de Estados Unidos, son apenas un ejemplo del desprecio que Donald Trump tiene de las normas internacionales. No se trata de defender a un dictador como Maduro, que se adueñó de Venezuela violando toda norma democrática básica. Se trata de entender la dimensión y gravedad de una situación en que una potencia se apropia del derecho de tutelar los procesos internos de otra nación. Es regresar a las épocas de la colonia o de la dominación ejercida por Estados Unidos en Latinoamérica, una época oscura que costó miles de vidas y pospuso la maduración de unas democracias aún débiles en el subcontinente.
Sin embargo, el modelo estadounidense ya no es privativo de esta potencia. Su acción en Venezuela fortalece iniciativas del mismo perfil en un proceso que parece perfilar un mundo tripartita de tres potencias que se han abrogado el derecho de decidir por otras poblaciones: por un lado, los propios Estados Unidos, que ha llevado a los hechos la amenaza a la Venezuela de Maduro; su agresivo discurso con Groenlandia, las amenazas y chantajes contra Colombia, Cuba y México; por otro lado, Rusia, cuyas agresiones contra Ucrania se ven fortalecidas por el modelo Trump y en donde el proceso de pacificación parece seguir el mismo sentido de la Unión Americana: amenazar, avasallar, imponer condiciones bajo el argumento de una supuesta defensa de la seguridad. La Unión Europea (UE) ya sufre las consecuencias del modelo Putin; China, la potencia que desde hace décadas se ha apropiado de un espacio relevante en la mesa de las potencias globales por la consistencia de su economía, sus inversiones y el fortalecimiento de su aparato militar, entre otros. cada uno en su espacio de dominio, ejercen el mismo patrón de conducta que parece consolidar un modelo global de dominio tripartito.
Para el sistema de naciones, es de la mayor urgencia asumir que está desapareciendo el viejo orden de posguerra centrado en un solo polo, que está en cuestión la viabilidad de instancias de peso como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o las instituciones regionales, entre otras. En el contexto de la creación de la Europa de los 27, hay registros históricos en que, ante el fortalecimiento de Alemania, los otros miembros respondieron con “A más Alemania, más Europa”. Valdría la pena recuperar este principio de acción para toda la comunidad de naciones: “A más Estados Unidos, más comunidad internacional”.
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Nota del editor: Javier Urbano Reyes es profesor e investigador en el Departamento de Estudios Internacionales (DEI) en la Universidad Iberoamericana (UIA), académico de la Maestría en Estudios sobre Migración en el DEI-UIA. Escríbele a javier.urbano@ibero.mx Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.
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