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El trabajo del futuro se llama Meta-Creativo

En un mundo con tecnologías capaces de amplificarlo todo, la misión no es producir más, sino añadir orden sin colapsar la diversidad que la adaptación futura requiere.
vie 23 enero 2026 06:00 AM
El futuro del trabajo se llama Meta-Creativo
El Meta-Creativo no “hace” en el sentido clásico. Dirige. Opera en una capa superior donde coordina y gobierna procesos creativos, analíticos y automatizados ejecutados principalmente por IA, apunta Juan Carlos Chávez. (Foto: iStock)

Hace poco, trabajar era ejecutar: redactar, diseñar, analizar, producir. Hoy, cada vez más, consiste en pedir, evaluar y corregir lo que generan sistemas de IA. Pero lo que viene no es solo “más IA”: es un cambio de plano. El verdadero trabajo del futuro será el Meta-Creativo.

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El Meta-Creativo no “hace” en el sentido clásico. Dirige. Opera en una capa superior donde coordina y gobierna procesos creativos, analíticos y automatizados ejecutados principalmente por IA. Es “meta” porque dirige la creatividad de esfuerzos creativos. Y aquí conviene aclarar el concepto: creatividad no es ocurrencia; es la capacidad de crear pensamientos de pensamientos que producen soluciones novedosas, útiles y diversas, capaces de impactar dentro y fuera de la mente para modelar el futuro.

Esta posición emerge porque la automatización está redistribuyendo el valor. A medida que lo rutinario se vuelve delegable, lo escaso deja de ser la ejecución y se vuelve el criterio: elegir qué problema vale la pena, definir el objetivo correcto, mantener el rumbo, preservar la diversidad de opciones y asegurar que una solución sea coherente con el mundo real. La IA puede proponer mil caminos; alguien debe decidir cuál conduce a un futuro deseable.

Ahí entra una ventaja humana difícil de replicar: la intuición biológica. No es misticismo. Es información comprimida por más de 4,000 millones de años de evolución, inscrita en nuestra biofísica y en nuestros mecanismos instinto-emoción-sentimiento. La creatividad humana no se reduce a lógica: integra señales corporales y afectivas que orientan la atención, detectan patrones, anticipan riesgos y reconocen significado antes de que se vuelva medible. La IA no “se juega” nada: no tiene cuerpo, ni costo vital, ni apuestas sentidas. Nosotros sí.

A esa diferencia se suma una fuerza central: la voluntad humana, el conjunto de impulsos que motivan pensamiento y acción. En el fondo, casi todos preferimos crear e innovar antes que quedar atrapados en tareas sin sustancia. La monotonía no solo aburre: desgasta. Por eso, cuando la automatización avanza, el mejor destino no es “menos trabajo”, sino más trabajo significativo: pasar de operador a arquitecto.

Pero dirigir creatividad —humana o artificial— exige una competencia clave: meta-control. Es la capacidad de observar y regular el proceso mental y el proceso técnico: cuándo explorar y cuándo evaluar, cuándo abrir alternativas y cuándo cerrar, cuándo confiar en intuición y cuándo exigir verificación. Sin meta-control, la creatividad se vuelve ruido: mucha producción, poca dirección. Con meta-control, se vuelve diseño: iteración con sentido.

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diseñar sistemas de interpretación y escenarios. El marketing deja de producir piezas y se convierte en orquestación narrativa y ética. La atención al cliente deja de responder tickets y se transforma en laboratorio de empatía y rediseño de experiencias. La educación deja de transmitir contenidos y pasa a diseñar trayectorias de aprendizaje. No desaparece el trabajo: se eleva, si asumimos la transición.

Para habitar esta nueva posición, el Meta-Creativo necesita disciplina. Debe ampliar su visión con conocimiento multidisciplinario, entrenar pensamiento crítico y cuidar su instrumento: mente y cuerpo. Dormir bien, moverse, nutrirse con inteligencia, gestionar el estrés y proteger la atención ya no son “hábitos de bienestar”: son infraestructura cognitiva. Sin un organismo regulado, el meta-control se degrada y la dirección se vuelve frágil.

El cierre es el más importante. El Meta-Creativo no solo optimiza productividad; conecta el trabajo con los propósitos más profundos de la esencia humana: empatía, bienestar y protección de la vida. En un mundo con tecnologías capaces de amplificarlo todo, la misión no es producir más, sino añadir orden sin colapsar la diversidad que la adaptación futura requiere. Cuando el trabajo se alinea con ese telos, deja de ser solo empleo: se convierte en sentido.

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Y quizás esa sea la promesa más luminosa del futuro: que, al delegar lo repetible, recuperemos lo esencial. Crear. Cuidar. Dirigir inteligencias hacia un porvenir digno de ser vivido.

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Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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