Si bien esta transformación tiene un componente tecnológico importante, también entran en juego temas como la capacidad que tengan los clientes de adaptarse a esto, la confianza que las instituciones generen en los usuarios, así como la regulación al respecto.
La parte tecnológica para transacciones es relativamente madura en México: actualmente es muy sencillo realizar transferencias a través de SPEI o SPID, y también existe CoDi para llevar a cabo pagos y cobros. El reto sigue siendo ampliar la base de usuarios que llevan a cabo transacciones a través de estos medios. Esto ha resultado muy complicado, ya que sigue existiendo una barrera cultural para utilizar medios digitales, y México sigue siendo un país en el que el uso de efectivo es muy activo.
La industria de servicios financieros en México no es ajena a apalancarse en la Inteligencia Artificial (IA) para poder, entre otras cosas, brindar una mejor experiencia al cliente, que incluya una oferta más diversa de productos, y un modelo de atención mucho más personalizado. Esto tiene que ver con la comunicación con el usuario, y también con la proactividad que exista para poder enviarle alertas sobre vencimientos, pagos, ofertas, recomendaciones de productos u operaciones.
La promulgación de la Ley Fintech volvió a México pionero en regular el open banking; sin embargo, la adopción ha avanzado más lento de lo esperado, entre otros factores, porque siguen pendientes ciertas regulaciones o disposiciones para algunos datos que darían mayor funcionalidad al ecosistema.