La reciente reunión celebrada en Washington, D.C., en la que Estados Unidos convocó a representantes de más de 50 países para abordar el aseguramiento del suministro de minerales críticos, debe leerse como algo más que un ejercicio diplomático. Se trata de una señal clara de que ha comenzado una nueva etapa en el comercio internacional, en la que el acceso, la disponibilidad y la continuidad del flujo de estos materiales se convierten en variables estratégicas para la competitividad industrial, la planeación logística y la estabilidad de las cadenas de suministro globales.
La carrera por los minerales críticos ya está en marcha
Litio, tierras raras, níquel, cobalto, cobre y grafito dejan de ser simples insumos industriales para posicionarse como activos estratégicos dentro de las cadenas de suministro globales. En este nuevo escenario, los acuerdos que hoy comienzan a firmarse no buscan únicamente facilitar el comercio, sino garantizar suministro, reducir vulnerabilidades y redefinir dependencias.
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Durante décadas, el comercio internacional se estructuró a partir de tratados amplios que priorizaban la reducción arancelaria y la eficiencia en costos. Sin embargo, ese modelo comienza a mostrar limitaciones frente a un entorno cada vez más complejo e incierto. Hoy, el enfoque se desplaza hacia acuerdos más específicos, orientados a asegurar el suministro y a trabajar con socios capaces de ofrecer acceso confiable, trazabilidad y estabilidad para las cadenas de suministro.
Este cambio de enfoque se refleja en la reunión realizada en Washington y en los acuerdos firmados en paralelo con distintos países responden a esta lógica. Estados Unidos busca reducir su dependencia de China, un país que no solo participa de manera relevante en la extracción de minerales críticos, sino que concentra, sobre todo, el procesamiento y la refinación de materiales indispensables para la transición energética, la electromovilidad, los semiconductores y el sector de defensa.
Desde la perspectiva de la cadena de suministro, este punto resulta fundamental. El mayor desafío ya no se encuentra en la extracción, sino en los eslabones intermedios de la cadena, particularmente en el procesamiento y la refinación. Quien logra controlar estas etapas tiene mayor capacidad para influir en los tiempos, los costos y la estabilidad de los flujos a nivel global.
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A diferencia de las guerras comerciales tradicionales, esta nueva carrera no se define a partir de aranceles o cuotas. Se construye a través de acuerdos bilaterales y multilaterales de suministro, incentivos a la inversión en capacidades de procesamiento, mecanismos de precios de referencia, reservas estratégicas y criterios de colaboración que privilegian a países considerados confiables desde una perspectiva política y operativa.
Este enfoque representa un giro profundo en la gestión de las cadenas globales. Las empresas ya no toman decisiones basadas únicamente en costo y tiempo; ahora deben incorporar variables como el riesgo geopolítico, la estabilidad regulatoria, la trazabilidad, el cumplimiento ambiental y la resiliencia de sus cadenas.
Desde la óptica logística y de cadena de suministro, la carrera por los minerales críticos tendrá efectos estructurales. Se observará una reconfiguración de rutas y centros logísticos, un aumento en la complejidad operativa y, en el corto plazo, una reevaluación de la eficiencia entendida únicamente desde la perspectiva del costo. Sin embargo, estos ajustes apuntan a construir cadenas más resilientes en el largo plazo, así como a una mayor integración vertical estratégica para reducir vulnerabilidades.
En este escenario, México ocupa una posición particularmente relevante. Su cercanía con Estados Unidos, su integración productiva en sectores estratégicos y su papel dentro de las cadenas regionales de manufactura lo colocan como un actor clave en la discusión sobre el suministro de minerales críticos. Sin embargo, el reto para el país no se limita a la disponibilidad de recursos, sino a su capacidad para desarrollar infraestructura logística, fortalecer capacidades de procesamiento y establecer marcos regulatorios claros que le permitan participar de manera más activa en los eslabones de mayor valor de estas nuevas cadenas de suministro.
La experiencia de países como Chile, muestra que contar con recursos minerales no es suficiente; el verdadero desafío está en construir capacidades industriales y logísticas que permitan capturar mayor valor y reducir dependencias externas.
En el marco de los acuerdos que comienzan a redefinir el suministro de minerales críticos y de la estrategia impulsada por Estados Unidos, la cadena de suministro se consolida como un componente central de la política económica y de la competencia geopolítica. La creciente polaridad de esta carrera comercial no se expresa únicamente en volúmenes o precios, sino en la capacidad de asegurar acceso, procesamiento y flujos logísticos confiables a lo largo de la cadena. En este contexto, la ventaja competitiva no estará en avanzar más rápido, sino en construir cadenas de suministro sólidas, resilientes y sostenibles frente a un entorno internacional cada vez más fragmentado.
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Nota del editor: Bertha Martínez Cisneros es profesora-investigadora en Cadenas de Suministros Sostenibles, Logística Inversa, Comercio Transfronterizo y Economía Circular de CETYS Universidad. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.
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