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El futuro del trabajo no se decide en la oficina, sino en el liderazgo

El debate sobre el regreso a la oficina oculta una discusión más profunda sobre confianza, poder y madurez organizacional en un mundo con IA.
jue 12 febrero 2026 06:05 AM
Por estas razones el trabajo 100% presencial podría volver en México
El futuro del trabajo en México pasa menos por la decisión de dónde deben estar sentadas las personas y más por la respuesta a una pregunta simple y exigente: ¿hasta qué punto confiamos en ellas para pensar, decidir y crear valor?, cuestiona Joana Carravilla. (milan2099/Getty Images/iStockphoto)

En los últimos meses, el debate sobre el futuro del trabajo en México ha estado dominado por una pregunta aparentemente simple: ¿debemos o no volver a la oficina? A pesar de la intensidad de las opiniones, esta discusión casi siempre se queda en la superficie. El verdadero tema no es el lugar donde se trabaja, sino el modelo de liderazgo que sostiene a las organizaciones.

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El trabajo remoto no surgió como una experiencia ideológica, sino como una necesidad. Aun así, terminó funcionando como una prueba inesperada de la madurez de las organizaciones. No por razones tecnológicas —esas están resueltas desde hace mucho tiempo—, sino porque el trabajo a distancia expuso algo más incómodo: la diferencia entre liderar con base en la confianza y liderar con base en el control.

Sin presencia física, sin horarios visibles y sin vigilancia formal, el modelo remoto obliga a una elección clara. O se apuesta por la microgestión, intentando recrear a distancia mecanismos de control del pasado, o se confía. Y la confianza, en este contexto, no es un concepto abstracto o emocional. Es profundamente concreta: significa dar autonomía, delegar decisiones y aceptar que responsabilidad y libertad caminan juntas.

Es aquí donde muchas organizaciones se sienten incómodas. En muchos casos, el llamado al regreso a la oficina en empresas mexicanas no nace de una preocupación genuina por la cultura o la colaboración, sino de la necesidad de preservar mecanismos de control profundamente arraigados en estructuras jerárquicas tradicionales. Por el contrario, las organizaciones que confían en sus equipos logran funcionar de forma remota o híbrida, porque ya operan bajo un modelo más maduro, donde el foco está en el impacto generado y no en la presencia física.

Este debate adquiere una nueva dimensión con la entrada acelerada de la Inteligencia Artificial (IA) en el mundo del trabajo. Cada vez se habla más de “superagency”: la idea de que la IA crea más valor cuando amplifica la capacidad humana, en lugar de sustituirla. Pero esa amplificación sólo ocurre en contextos donde las personas tienen espacio para decidir, interpretar y actuar. La IA no corrige problemas de liderazgo; solo los hace más visibles.

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La misma lógica aparece en análisis que describen a la IA como un factor de reorganización del trabajo, creando oportunidades para una mayor flexibilidad, creatividad y colaboración. Nada de esto funciona en culturas excesivamente jerárquicas o basadas en la vigilancia. La tecnología puede automatizar tareas, pero no compensa la ausencia de confianza.

La historia del trabajo es, de hecho, una historia de adaptación. Cada vez que surge una nueva tecnología, prosperan no quienes intentan frenar el cambio, sino quienes aprenden a trabajar mejor con ella. Y aprender exige autonomía. Exige margen para experimentar, equivocarse, ajustar y decidir.

El riesgo, por lo tanto, no está en la IA. Está en la forma en que las organizaciones eligen utilizarla. Los liderazgos maduros usan la IA para crecer, decidir mejor y aumentar el impacto colectivo. Los liderazgos defensivos tienden a utilizarla para vigilar, medir de forma obsesiva y reforzar modelos de control que ya estaban agotados antes de que la tecnología llegara.

El verdadero debate no es remoto versus presencial, ni humano versus tecnología. Es liderazgo maduro versus liderazgo defensivo. La confianza no es ausencia de control. Es la transferencia consciente del poder de decisión. Delegar no es perder autoridad: es multiplicar la capacidad.

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El futuro del trabajo en México pasa menos por la decisión de dónde deben estar sentadas las personas y más por la respuesta a una pregunta simple y exigente: ¿hasta qué punto confiamos en ellas para pensar, decidir y crear valor? En un mundo cada vez más mediado por la IA, esta elección dejó de ser sólo cultural. Se volvió estratégica.

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Nota del editor: Joana Carravilla es Partner & Managing Director para Iberia y Latinoamérica en Elife Group y Buzzmonitor. Cuenta con más de 20 años de experiencia en comunicación, transformación digital y liderazgo, con un enfoque en estrategia digital, inteligencia basada en datos, inteligencia artificial y experiencia del cliente. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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