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Globalizar no es expandirse, es aprender a adaptarse

En la práctica, cada país tiene códigos propios. Ignorarlos puede hacer fracasar incluso los proyectos más prometedores.
jue 12 febrero 2026 06:00 AM
Tecnología para emprender. El momento es ahora (y no hay excusas)
El emprendedor global debe ser un traductor cultural. Traducir no significa copiar, significa reinterpretar de manera que otros puedan comprender y valorar la propuesta. Adaptarse no es renunciar, es evolucionar, apunta Rodrigo Villa. (iStock)

Durante años creí que entendía la globalización. Como muchos emprendedores, pensaba que era cuestión de replicar un modelo exitoso en otro país, traducir mensajes y seguir adelante. Me equivoqué.

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Hace seis años me mudé a Francia para abrir una filial de una agencia mexicana. No fue un choque financiero, sino cultural. Ahí comprendí algo fundamental: la globalización no es solo mover una empresa al extranjero. Es adaptarse constantemente a nuevas formas de pensar, comunicar y decidir.

En México solemos creer que los negocios funcionan de manera similar en cualquier lugar. El discurso empresarial refuerza esta idea: mercados abiertos, consumidores globales, estrategias universales. Pero en la práctica, cada país tiene códigos propios. Ignorarlos puede hacer fracasar incluso los proyectos más prometedores.

Francia me enseñó que la comunicación va mucho más allá del idioma. Es saber presentar ideas, construir confianza y respetar estructuras. Lo que en México se ve como flexibilidad y rapidez, en Francia puede percibirse como improvisación. Adaptarse no era opcional: era la única manera de avanzar.

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Ese aprendizaje se volvió especialmente evidente durante la creación de la primera casa de hospitalidad de México para los Juegos Olímpicos de París. Un proyecto que parecía una oportunidad de mostrar lo mejor de nuestro país, pero que en la práctica fue un reto constante: pocos apoyos institucionales, recursos limitados y la necesidad de coordinar equipos en distintos países. Cada decisión requería creatividad, negociación y paciencia. Lo técnico era solo una parte; lo cultural y comunicativo definía el éxito.

La globalización también se evidencia en el emprendimiento migrante. Soy cofundador de una asociación que apoya a mujeres latinoamericanas en Francia a crear empresas. Vemos un patrón claro: talento sobra, pero las barreras culturales son silenciosas y persistentes. No entender los códigos locales puede aislar incluso las ideas más fuertes.

El emprendedor global debe ser un traductor cultural. Traducir no significa copiar, significa reinterpretar de manera que otros puedan comprender y valorar la propuesta. Adaptarse no es renunciar, es evolucionar.

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Esta experiencia cambia también la forma en que uno ve el mundo. Muchas tensiones internacionales no son sólo políticas o financieras: son malentendidos culturales y de comunicación. Comprender esto permite leer la globalización desde otra perspectiva.

El verdadero reto de emprender hoy no es solo crecer. Es aprender a adaptarse sin perder el rumbo. Las lecciones que uno obtiene de esa adaptación no se limitan a los negocios; transforman cómo nos relacionamos como sociedades. Pero esa conversación merece su propio espacio.

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Nota del editor: Rodrigo Villa es mexicano, ingeniero industrial de profesión. Emprendedor en distintos dominios: construcción y remodelaciones, publicidad exterior, marketing digital, consultoría semiótica, ha desarrollado proyectos entre México y Francia, expansión internacional y adaptación cultural. Actualmente reside en Francia, como fundador de Association Impulsa, en iniciativas de apoyo al emprendimiento latinoamericano con perspectiva intercultural. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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