Hace algunos años, mientras observaba a uno de los CEO más exitosos que he tenido el privilegio de conocer, algo me llamó poderosamente la atención. Allí estaba, en medio del caos de una crisis empresarial que amenazaba con desestabilizar toda la organización, y él se mantenía sorprendentemente sereno. No se trataba de frialdad o indiferencia; era algo diferente, algo que emanaba de su interior.
La contemplación ejecutiva, el valor del silencio para la toma de decisiones
"¿Cuál es tu secreto?", le pregunté después de que resolviera la situación con una claridad mental asombrosa. Su respuesta me sorprendió: "He aprendido que antes de actuar, debo escuchar. Y para escuchar de verdad, primero necesito hacer silencio". Esa revelación me llevó a descubrir lo que hoy denomino contemplación ejecutiva. Los sabios del desierto, esos ancianos de tiempos pasados, ya conocían este secreto. Para ellos, la contemplación era el arte de observar con atención plena, de sumergirse completamente en el momento presente sin juicios ni distracciones. Era el camino hacia la sabiduría interior y la claridad mental.
Es fascinante notar que estos mismos elementos son exactamente lo que los líderes contemporáneos necesitan para prosperar. Estudios recientes confirman algo extraordinario: quienes practican esta antigua disciplina desarrollan un pensamiento divergente más agudo, esa valiosa capacidad de encontrar soluciones originales y ver los problemas desde diversas perspectivas.
Pero hay más. Esta práctica también provoca cambios profundos en nuestro mundo emocional, fomentando emociones positivas y generando mayor empatía. Al invertir en programas de mindfulness, estás invirtiendo directamente en concentración, mejor desempeño y una resiliencia genuina. La contemplación ejecutiva no es una moda efímera en el ámbito empresarial. Es una adaptación inteligente de una sabiduría que ha guiado a grandes maestros durante milenios. Los sabios del desierto comprendían algo esencial: la contemplación es una observación detenida y atenta de la realidad, acompañada de un estado espiritual que surge cuando practicamos el silencio mental.
Reflexiona sobre esto por un momento. Estamos inmersos en un constante ajetreo, pasando de una crisis a otra, de una reunión a la siguiente decisión urgente. La contemplación ejecutiva propone algo revolucionario: una pausa consciente que transforma todo. No es simplemente otro método de relajación para ejecutivos estresados; actúa como un antídoto necesario contra el frenético ritmo que nos consume. No se trata de desconectarse del mundo empresarial, sino de obtener una perspectiva completamente nueva sobre el tiempo y su uso sabio.
La mayoría de las personas considera que la contemplación es tiempo perdido. "No tengo minutos para estar sentado sin hacer nada", me decía recientemente un director general. Se equivocaba profundamente. He descubierto algo fascinante a lo largo de mis años de estudio sobre líderes excepcionales: los beneficios más poderosos de la contemplación son precisamente los que permanecen ocultos a simple vista. Al practicar esta antigua disciplina, tu control ejecutivo —esa función cognitiva relacionada con la atención y la regulación del comportamiento— mejora significativamente. Esta capacidad te permite concentrarte, evitando distracciones y enfrentando situaciones novedosas con mayor flexibilidad.
Aquí radica la diferencia crucial que muchos no comprenden. La contemplación no implica quedarse inmóvil, sino crear un espacio antes de actuar. Imagina al arquero que tensa la cuerda del arco antes de lanzar la flecha. Ese espacio es fundamental en entornos empresariales donde el "ruido" en la toma de decisiones puede conducir a errores costosos.
Las cifras revelan una realidad sorprendente. El estrés crónico incrementa los errores decisionales en un 37%, mientras que las prácticas contemplativas mejoran la capacidad para manejar el estrés en un 23% y la toma de decisiones efectivas en un 30%. ¿No es asombroso que unos minutos de quietud puedan tener tal impacto?
Reflexiona sobre esto un momento. Esos sabios que se retiraron al desierto hace más de mil años, ya conocían el secreto que hoy buscan ansiosamente los ejecutivos más exitosos del mundo. Su práctica de observación atenta y silencio mental no era un escape de la realidad, sino la puerta de entrada a una sabiduría más profunda. Ahora la ciencia valida lo que ellos intuían. Reducir el estrés, potenciar la creatividad y mejorar la toma de decisiones: estos no son beneficios espirituales abstractos, sino ventajas competitivas reales y medibles. La diferencia entre reaccionar de manera impulsiva y responder con sabiduría marca la línea divisoria entre el liderazgo ordinario y el excepcional.
La contemplación ejecutiva no es una distracción del trabajo real; es la tarea más importante que puedes realizar. Como entendían aquellos antiguos maestros del desierto, el silencio no implica ausencia, sino una presencia total. No se trata de hacer silencio, sino de escuchar con todo tu ser para después actuar con auténtica sabiduría. El liderazgo del futuro nace de esta antigua comprensión. Tu organización, tu equipo y tú mismo merecen experimentar esta transformación.
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Nota del editor: Aldo Cívico, Ph.D., es antropólogo y coach ejecutivo, clasificado junto a Simon Sinek en el top mundial de las autoridades en liderazgo por Global Gurus. Es profesor de negociación y resolución de conflictos en la Columbia University. Es autor de la newsletter semanal La Bitácora Interior . Email: aldo@aldocivico.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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