Entonces, ¿qué hacemos cuando el funnel deja de hablar?
Primero, dejar de fingir que la atribución es una verdad absoluta. La atribución es una hipótesis útil, no un acta notarial. Si tu tablero solo premia lo que se puede rastrear, vas a optimizar lo visible aunque no sea lo importante. Vas a ganar “leads” y perder “preferencia”. Y cuando eso pasa, la caída no se siente en la campaña: se siente en la conversación comercial, meses después.
Segundo, cambiar el tipo de señales que perseguimos. No abandonar performance, sino complementar performance con indicadores de intención y confianza. Crecimiento de búsquedas de marca, aumento de tráfico directo, menciones orgánicas, incremento de “me recomendaron”, reducción del tiempo de ciclo cuando llegan inbound, y, sobre todo, el lenguaje con el que entra el prospecto. No es lo mismo “quiero entender” que “quiero validar”. La segunda frase vale oro.
Tercero, diseñar activos que funcionen como pruebas para el comprador silencioso. No “contenido para atraer”, sino contenido para decidir. Comparativos honestos, páginas de objeciones, casos con números, guías que enseñen cómo se implementa, explicaciones claras de qué pasa cuando sale mal, y marcos de decisión que le sirvan al comité. El comprador no necesita más promesas; necesita menos incertidumbre.
Cuarto, jugar para el mundo donde el aprendizaje sucede dentro de plataformas. Si la gente se forma un criterio sin salir de su feed, tu estrategia no puede ser “publico para que den clic”. Tiene que ser “publico para que entiendan”. Si tu idea solo funciona cuando el usuario llega a tu sitio, tu idea es frágil. En cambio, si tu postura se entiende en 20 segundos, se recuerda, se puede repetir y no se deforma cuando viaja de chat en chat, entonces tienes algo mucho más valioso que un clic: tienes transferencia.