Ese es el territorio de los 'Brilliant Jerks'.
¿Qué es un 'Brilliant Jerk'?
El término se utiliza para describir a colaboradores de alto desempeño individual que, pese a su sobresaliente capacidad técnica, exhiben comportamientos tóxicos: arrogancia, falta de respeto, intimidación o una profunda incapacidad para colaborar. No son incompetentes; al contrario, el dilema surge porque su rendimiento financiero es alto, pero lo alcanzan a costa del tejido social y de la cultura organizacional.
En contextos de alta presión —transformación digital o crisis operativas—, estos perfiles suelen ser protegidos bajo la narrativa de que son "imprescindibles".
El falso dilema: resultados o cultura
Uno de los errores más comunes del liderazgo es plantear este tema como una disyuntiva binaria: o cuidamos los resultados, o cuidamos la cultura. La evidencia organizacional demuestra lo contrario y, en muchos casos, que el deterioro cultural precede a la destrucción del valor financiero.
El comportamiento de los 'Brilliant Jerks' genera costos ocultos que erosionan el valor de manera sostenida:
- Deterioro de la seguridad psicológica: Los equipos dejan de cuestionar y aportar ideas innovadoras por temor a la crítica.
- Baja colaboración transversal: Se crean silos y una dependencia excesiva del "experto", lo que fragmenta la operación.
- Rotación de alto valor: El talento sólido y ético es el primero en abandonar la organización al no tolerar la toxicidad.
- Normalización de la toxicidad: El mensaje implícito es que el rendimiento exonera cualquier falta de valores.
El riesgo sistémico en el liderazgo
El momento más crítico ocurre cuando un 'Brilliant Jerk' es promovido a una posición de liderazgo formal. Lo que antes era un problema interpersonal se convierte en un riesgo sistémico. Desde la dirección, el daño se institucionaliza: se premia la agresividad, se bloquea la voz crítica y el criterio independiente, y se forman líderes a su "imagen y semejanza".
A menudo, el problema no es solo el individuo, sino el sistema —incluyendo a la alta dirección y al propio Consejo— que lo permite o justifica.