“Como CEO, el mayor riesgo no es invertir en IA; es hacerlo sobre una infraestructura que no está diseñada para escalarla”, reconocen directivos de grandes empresas en México. De acuerdo con IDC, el gasto en soluciones de IA en México crecerá a una tasa anual compuesta superior al 25% entre 2024 y 2027, impulsado principalmente por servicios financieros, manufactura, retail y gobierno. Aun así, más del 60% de los proyectos de IA en América Latina no logra pasar de la fase piloto, debido a limitaciones en datos, cómputo y arquitectura tecnológica.
Al respecto, comparto cinco indicadores que sugieren que la infraestructura podría estar limitando la correcta ejecución de la IA en los modelos de negocio:
1. Datos: una decisión estratégica, no operativa
Desde la óptica de un CEO, los datos dejaron de ser un activo operativo para convertirse en un habilitador directo del modelo de negocio. En sectores como banca, telecomunicaciones o comercio electrónico, la capacidad de tomar decisiones en tiempo real depende de arquitecturas de datos modernas, integradas y gobernadas.
Gartner estima que para 2026, el 80% de las organizaciones que no modernicen su arquitectura de datos no podrá escalar iniciativas de IA, independientemente del talento o los modelos utilizados. Para la alta dirección, esto se traduce en: sin inversión estructural en datos, la IA no genera retorno.
2. Infraestructura de cómputo: el límite silencioso
En manufactura, energía o servicios financieros, la IA en producción implica inferencia continua, análisis avanzado y coexistencia con aplicaciones críticas. Sin embargo, muchas empresas mexicanas siguen operando con servidores diseñados para cargas tradicionales.
Cuando la IA compite por recursos con el core del negocio, el problema deja de ser tecnológico y se vuelve estratégico, advierten líderes empresariales. PwC confirma esta visión: el 70% de las empresas en América Latina que adopta IA reutiliza infraestructura existente, generando cuellos de botella, degradación de desempeño y costos ocultos.
El mensaje, directo, indica que la IA requiere cómputo acelerado y arquitecturas diseñadas para cargas mixtas si se quiere confiabilidad y previsibilidad operativa.