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Rescatando al IPAB

Son cuando menos cinco los bancos zombis que deambulan en el sistema financiero.
vie 20 marzo 2026 06:08 AM
Peso mexicano a dólar hoy, 21 de noviembre 2025
Es una década de abandono de supervisión bancaria. El problema es evidente, la sobrevaluación de activos, la fabricación de reservas, y el desprecio por las señales de descomposición, apunta Gabriel Reyes Orona. (iStock)

La crisis de liquidez ya llegó. Es más que evidente que el IPAB es sólo un cascaron. Incapaz de atender el vendaval que viene. Su fragilidad es producto de funcionarios que lo volvieron un coto familiar, los Meade, se dedicaron sólo a colocar a los cuates. Va a ser más que lastimoso ver cómo ni los depósitos garantizados son atendidos correctamente.

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Son cuando menos cinco los bancos zombis que deambulan en el sistema financiero. El más conspicuo, es ese, que fue recientemente evidenciado por un periódico de circulación nacional, el cual, con gran desparpajo, y con el desconocimiento técnico del que abusa constantemente, salió a dar cifras que hacen patente que ese intermediario, consentido por la 4T, hace años está quebrado. Sí, hace años tiene un boquete, un enorme crédito, que no sirve principal, ni rendimientos. Uno, sin reservas que lo cubran. Correcto, capta sin que le vengan con que la ley es la ley.

El medio en cuestión hace alusión a cifras que, para cualquiera con mínima preparación en materia financiera, dejan clara una contundente conclusión, siendo ésta que los pasivos referidos representan un desbordamiento, por no decir abierto incumplimiento, a los límites prudenciales, tanto en lo económico, como en lo legal, por lo que hace a concentración de riesgo. A ocho columnas, el diario denunció que ese banco tendría que haber ya sido intervenido, dado que la suerte de su sustancial acreditado conmina a la autoridad, inexcusablemente, a tomar el control de éste.

Hemos referido muchas veces que, hace ya casi una década, la CNBV fue inhabilitada por el síndrome del regulador, el cual, palabras más, palabras menos, indica que cuando el ente supervisor carece de equipo preparado, prefiere voltear a otro lado al detectar algún problema en la red, sabiendo que, al reconocerlo, éste, pasa de ser un problema del accionariado, a ser un problema propio.

Es claro que Adalberto Palma tuvo una clara misión, trazada por quien fuera su mentor y promotor, sí, quien lo puso al frente. Jamás pensó en armar un buen equipo capaz de poner en orden a la rebelde banca. El objetivo fue tender un conveniente velo a complejas operaciones, a modo de burlar al INE, el cual, de por sí, nunca ha visto nada. Lo consiguió, pero el gobierno estadounidense no tardó en levantarle la sábana, y, cada vez más, se acercan las terribles consecuencias que genera el referido síndrome.

Los bancos de menor tamaño son comidilla de las novedosas plataformas, que hacen ya impagable el costo de operación de quienes no pudieron acopiar un porcentaje relevante de la clientela. Esos bancos, de menor tamaño, ya derivan, perdiendo clientes, tienen severos problemas para recuperar la exigua cartera que generaron. Algunos han conseguido venderla, o encargarla con terceros, pero es cuestión de tiempo para que la falta de liquidez ponga fin a su existencia.

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El número de instituciones, la baja calidad gerencial y las diferencias de costeo, no fueron manejados de manera responsable por las autoridades. El engendró reclamará pronto un ajuste, dejando un tiradero que aún no sabemos quién recogerá, lo claro, es que no será el IPAB, el cual no está para dar apoyos, sino lástima. Se otorgaron licencias bancarias de manera negligente, ignorando que el mercado no soportaría el desordenado crecimiento. Es claro que el tabasqueño admitió más abusos de los que él tanto criticó, y tendrá, en su haber, el cargar con un brutal descalabro bancario. Lo peor, es que los que ya debieron ser intervenidos ostentan el sello de la casa, siendo conocidos como destacados apoyadores de campaña.

En el futuro próximo alguien volverá a preguntar por qué el Estado Mexicano tendrá que pagar los platos rotos, y, otra vez, la respuesta, será: porque no actuó a tiempo; porque dejó de ejercer su función, y, más tristemente, porque, de una y mil formas, se beneficio del mar revuelto, en el cual, obtuvo indebidamente lucro.

La ya tardía intervención de las autoridades sólo está provocando la evasión de los responsables; la implementación de operaciones de saqueo y ocultamiento, así como el brutal maquillaje de las cifras. Es una década de abandono de supervisión bancaria. El problema es evidente, la sobrevaluación de activos, la fabricación de reservas, y el desprecio por las señales de descomposición. Los dividendos siguen repartiéndose, lo que no hace sino crecer el problema para el gobierno. Una vez más, las grandes firmas contables no estuvieron a la altura.

En los Estados Unidos de América el subsidio gubernamental caló hondo en la sociedad. Al igual que en México, llegada la crisis no había de otra, o se destinaban recursos públicos al rescate bancario o el colapso económico haría inviable al país. Sin embargo, tras el rescate, allá emitieron normas prudenciales que hacen que los intermediarios trasmitan pérdidas al mercado, antes de quebrar, aminorando la necesidad de apoyos gubernamentales. Lo que estamos viendo es el producto de esas medidas, la clientela está comenzando a tener pérdidas en sus carteras y el retiro de inversiones se está atorando. En México, sólo se pavimentó un camino que nos llevará nuevamente al escenario desordenado de siempre, en el que quienes han abusado de licencias bancarias nos pondrán al borde del colapso.

La desincorporación bancaria de finales de los años 80 fue un atraco, en contra de quienes ilusamente pensaron que los estados financieros que les presentaron eran confiables. Fue la cláusula de pasivos ocultos y de activos inexistentes lo que les salvo, pudieron regresar al gobierno la papa caliente. En el entorno de Aspe sólo hubo gente que entramó el gran engaño, el cual, no llegó lejos, en tan sólo unos cuantos años, la verdadera situación de la banca emergió y hubo que rescatarla. La torpeza de los administradores bancarios nominados por De la Madrid pasó factura. El origen de las perdidas fue gubernamental y, tras el fallido intento de privatizarlo, el pagano fue el erario.

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Hoy es claro que el tabasqueño formó un sistema que cobijó un enorme aparato de lavado de dinero, con el que permitió al crimen organizado ejecutar una descomunal transformación de capital sucio, a dinero bancario, ese fue el abrazo. ¿Quién, honestamente, puede decir que no se compraron posiciones públicas con dinero proveniente de actividades ilícitas? Al advertirlo, muchos funcionarios bancarios, y su accionariado, vieron la oportunidad para saquear. No hay Poder Judicial, ni muchos menos Fiscalía, que vaya a ir en contra de todos esos funcionarios del pasado, o del presente, que vieron cómo se armó paulatinamente el descalabro, veremos la misma historia de siempre.

El cinismo es apabullante, ante la revelación pública de un pasivo impagado e impagable, que rebasa todo límite de financiamiento a un solo usuario, la autoridad no ha hecho nada. ¿Cuántos meses se permite la insolvencia bancaria, sin decretar intervención gerencial? En los países con autoridades serias, ni un solo mes. La mejor forma de atender el problema es tomando el control, les guste o no. No podrán dar la cara cuando no haya para cubrir depósitos. El obstáculo es la impresentable complicidad. Sí, igual que en los años 90, el silencio, la inacción y el esconder la cabeza, antecede a los primeros incumplimientos. El mercado se ha venido secando, y ya no habrá forma de abrir nuevos hoyos para tapar los anteriores. El único tema relevante en materia bancaria no estuvo en la agenda de los convencionistas.

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Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Fue prosecretario de la Junta de Gobierno de Banxico y de la Comisión de Cambios, y miembro de las juntas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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