Son cuando menos cinco los bancos zombis que deambulan en el sistema financiero. El más conspicuo, es ese, que fue recientemente evidenciado por un periódico de circulación nacional, el cual, con gran desparpajo, y con el desconocimiento técnico del que abusa constantemente, salió a dar cifras que hacen patente que ese intermediario, consentido por la 4T, hace años está quebrado. Sí, hace años tiene un boquete, un enorme crédito, que no sirve principal, ni rendimientos. Uno, sin reservas que lo cubran. Correcto, capta sin que le vengan con que la ley es la ley.
El medio en cuestión hace alusión a cifras que, para cualquiera con mínima preparación en materia financiera, dejan clara una contundente conclusión, siendo ésta que los pasivos referidos representan un desbordamiento, por no decir abierto incumplimiento, a los límites prudenciales, tanto en lo económico, como en lo legal, por lo que hace a concentración de riesgo. A ocho columnas, el diario denunció que ese banco tendría que haber ya sido intervenido, dado que la suerte de su sustancial acreditado conmina a la autoridad, inexcusablemente, a tomar el control de éste.
Hemos referido muchas veces que, hace ya casi una década, la CNBV fue inhabilitada por el síndrome del regulador, el cual, palabras más, palabras menos, indica que cuando el ente supervisor carece de equipo preparado, prefiere voltear a otro lado al detectar algún problema en la red, sabiendo que, al reconocerlo, éste, pasa de ser un problema del accionariado, a ser un problema propio.
Es claro que Adalberto Palma tuvo una clara misión, trazada por quien fuera su mentor y promotor, sí, quien lo puso al frente. Jamás pensó en armar un buen equipo capaz de poner en orden a la rebelde banca. El objetivo fue tender un conveniente velo a complejas operaciones, a modo de burlar al INE, el cual, de por sí, nunca ha visto nada. Lo consiguió, pero el gobierno estadounidense no tardó en levantarle la sábana, y, cada vez más, se acercan las terribles consecuencias que genera el referido síndrome.
Los bancos de menor tamaño son comidilla de las novedosas plataformas, que hacen ya impagable el costo de operación de quienes no pudieron acopiar un porcentaje relevante de la clientela. Esos bancos, de menor tamaño, ya derivan, perdiendo clientes, tienen severos problemas para recuperar la exigua cartera que generaron. Algunos han conseguido venderla, o encargarla con terceros, pero es cuestión de tiempo para que la falta de liquidez ponga fin a su existencia.