Hoy parece que se les pasó la mano; se invirtieron de más en activos, y ahora no tienen una reserva suficientemente líquida para atender los retiros, ni siquiera los usuales, por lo que han decidido limitarlos. Eso nos habla de una severa y profunda falta de liquidez en el mercado que, naturalmente, provocará desconfianza en los inversionistas, quienes, al verse limitados con lo que procede del fondo, comenzarán a acudir al retiro masivo de depósitos bancarios. Nos resulta claro que los bancos han sido irresponsables y laxos en materia de liquidez, por lo que retiros extraordinarios harán que pasen aceite.
Las inexpertas autoridades no pusieron el suficiente cuidado en el tema, por lo que ahora nos llenarán de explicaciones y excusas, pero lo real es que el mercado acusará un deficiente de liquidez, lo cual, no sólo acotará la inversión, sino que, tarde o temprano, impactará en las remuneraciones, al reducir los estipendios pactados como sobresueldo. Son muchas las razones para que el adicional del sueldo base no llegue. Eso, de manera inmediata y fatal, se traduce en una disminución de consumo, y, por tanto, en decisiones de producción y generación de inventarios para los dos próximos trimestres. Sí, nos guste o no, a final de año experimentaremos una desagradable contracción que, lejos de promover más inversión en el año siguiente, lo que hará es colapsar las inversiones para el 2027, el cual será un año de decrecimiento.
Es claro que saldrá BlackRock a dar todo tipo de explicaciones, pero su audaz decisión, que en el largo plazo le traerá importantes ganancias, hoy, la hace lucir como una empresa en problemas. Si a eso le aumentamos que las empresas inmobiliarias chinas simplemente no pueden explicar pérdidas y ventas que se antojan desesperadas, el inversionista promedio experimentará una degradación en su forma de vida, invitándolo a ser más que cauto; sí, extremadamente cuidadoso al momento de invertir, huyendo de los países que más pagan tasas, por tener un perfil de mayor de riesgo. La aversión al riesgo volverá a tener preferencia. Sí, es claro que, al menos en un periodo de seis meses, Latinoamérica experimentará sequía, dudas y cuestionamientos, encontrando a gobiernos más que inexpertos para trasmitir confianza.
La rijosa invitación hecha por Lula, un personaje muy avezado en el control político, pero completamente rústico en lo financiero, es la manzana podrida que México ha decidido morder. Todo lo que hagamos con Brasil, Colombia y Cuba podrá ser bien vendido en el perdedor discurso de las alas de izquierda, ilusos fanáticos que se mueren de hambre abrazando un falaz ideario, pero será un bumerán que golpeará a quienes tienen a su cargo el gobierno, no podrán dar la cara ante levantamientos. Sus líderes no sólo carecen de la preparación e instrumental conceptual que les permita construir un bien orquestado esquema de pagos, intercambios y comercialización, como el armado por Carney, sino que piensan que la gente se alimenta de saliva y de ideologías que han probado ser desastrosas en el medio y largo plazo. El derrumbe del proyecto cubano y, con él, el de toda la izquierda; es inminente y demostrará que la concepción sostenida a base de autoritarismo es una ruta que inevitablemente conduce a la ruina.