Seré breve. Tras variadas y diversas exposiciones acerca de los trascendentes cambios monetarios que ocurren en el orbe, dejé pendiente el extenderme sobre cuál sería el evento detonante que nos devolvería al reiterado escenario de crisis; no había suficientes elementos para bordar al respecto. No es la guerra en Irán, que si bien es cierto es relevante, por sí misma no afecta en el corto plazo a la comunidad internacional, en lo que a los habitantes se refiere. El detonante catastrófico llegó por la más insospechada latitud, pero ya se hizo presente: la falta de liquidez en BlackRock. Hemos destacado que tal institución financiera ha sido pionera y avanzada en importantes decisiones, particularmente, en una extensa y profunda inversión inmobiliaria, que la convertirá en el obligado casero de las próximas décadas.
Crisis de liquidez
Hoy parece que se les pasó la mano; se invirtieron de más en activos, y ahora no tienen una reserva suficientemente líquida para atender los retiros, ni siquiera los usuales, por lo que han decidido limitarlos. Eso nos habla de una severa y profunda falta de liquidez en el mercado que, naturalmente, provocará desconfianza en los inversionistas, quienes, al verse limitados con lo que procede del fondo, comenzarán a acudir al retiro masivo de depósitos bancarios. Nos resulta claro que los bancos han sido irresponsables y laxos en materia de liquidez, por lo que retiros extraordinarios harán que pasen aceite.
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Las inexpertas autoridades no pusieron el suficiente cuidado en el tema, por lo que ahora nos llenarán de explicaciones y excusas, pero lo real es que el mercado acusará un deficiente de liquidez, lo cual, no sólo acotará la inversión, sino que, tarde o temprano, impactará en las remuneraciones, al reducir los estipendios pactados como sobresueldo. Son muchas las razones para que el adicional del sueldo base no llegue. Eso, de manera inmediata y fatal, se traduce en una disminución de consumo, y, por tanto, en decisiones de producción y generación de inventarios para los dos próximos trimestres. Sí, nos guste o no, a final de año experimentaremos una desagradable contracción que, lejos de promover más inversión en el año siguiente, lo que hará es colapsar las inversiones para el 2027, el cual será un año de decrecimiento.
Es claro que saldrá BlackRock a dar todo tipo de explicaciones, pero su audaz decisión, que en el largo plazo le traerá importantes ganancias, hoy, la hace lucir como una empresa en problemas. Si a eso le aumentamos que las empresas inmobiliarias chinas simplemente no pueden explicar pérdidas y ventas que se antojan desesperadas, el inversionista promedio experimentará una degradación en su forma de vida, invitándolo a ser más que cauto; sí, extremadamente cuidadoso al momento de invertir, huyendo de los países que más pagan tasas, por tener un perfil de mayor de riesgo. La aversión al riesgo volverá a tener preferencia. Sí, es claro que, al menos en un periodo de seis meses, Latinoamérica experimentará sequía, dudas y cuestionamientos, encontrando a gobiernos más que inexpertos para trasmitir confianza.
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La rijosa invitación hecha por Lula, un personaje muy avezado en el control político, pero completamente rústico en lo financiero, es la manzana podrida que México ha decidido morder. Todo lo que hagamos con Brasil, Colombia y Cuba podrá ser bien vendido en el perdedor discurso de las alas de izquierda, ilusos fanáticos que se mueren de hambre abrazando un falaz ideario, pero será un bumerán que golpeará a quienes tienen a su cargo el gobierno, no podrán dar la cara ante levantamientos. Sus líderes no sólo carecen de la preparación e instrumental conceptual que les permita construir un bien orquestado esquema de pagos, intercambios y comercialización, como el armado por Carney, sino que piensan que la gente se alimenta de saliva y de ideologías que han probado ser desastrosas en el medio y largo plazo. El derrumbe del proyecto cubano y, con él, el de toda la izquierda; es inminente y demostrará que la concepción sostenida a base de autoritarismo es una ruta que inevitablemente conduce a la ruina.
Es importante seguir los avances de la guerra en el Medio Oriente, así como la batalla de mentiras que los ‘chayotubers’ dan en México, y fuera de éste, para tratar de hacer ver al régimen de los ayatolas como digno rival, y peor aun, como válida opción de gobierno. Pero lo es aún más, el dar seguimiento a las decisiones, planes y límites que anuncie BlackRock, el muy importante terrateniente mundial que se quedó sin tesorería para atender a sus clientes.
Los bancos mexicanos son una frágil hoja al viento, que experimentará difíciles situaciones que ni la CNBV ni el Banco de México están listos para sortear. Hace mucho que el coeficiente de liquidez fue abandonado por las autoridades como ancla de seriedad.
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En pocos días recordaremos la frase que dice que el que paga manda, y, sobre todo, que quien tiene la liquidez, conforma el mercado. Veremos, en lo macro, y en lo micro, un portentoso poder de quienes decidieron permanecer líquidos, y la dura batalla que darán quienes quieran diferir la liquidación de los activos adquiridos. Bienvenidos, otra vez, al año 1994, con la diferencia de que en el sector público no hay gente con preparación, decisión y capacidad de implementación, como quienes atendieron aquella que fue agravada por un sujeto irresponsable que, sin recato alguno, armó su proyecto político denostando errores que, tarde o temprano, habría que pagar, esos, incurridos por quienes tanto admiraba y le dieron de comer. Tan impresentable sujeto responde al nombre de Andrés Manuel López Obrador.
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Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Fue prosecretario de la Junta de Gobierno de Banxico y de la Comisión de Cambios, y miembro de las juntas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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