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La incoherencia es el nuevo riesgo sistémico del liderazgo

Cuando el liderazgo se reduce a reacción permanente, la estrategia le cede el mando a la improvisación y el agotamiento aparece.
mié 25 marzo 2026 06:02 AM
La incoherencia es el nuevo riesgo sistémico del liderazgo
Vivimos en entornos volátiles que demandan velocidad constante y nos exigen más a cada momento. El estrés hace parte del juego y no es el enemigo, pero sí cuando es todo lo que nuestro cuerpo siente y se convierte en una constante, apunta Marce Tapias. (Foto: iStock)

“Siento que vivo apagando incendios y estoy agotado.” Esta es una de las frases que más escucho en mi día a día cuando trabajo con líderes y la gran preocupación que se esconde tras esta frase es: “No tengo tiempo para pensar estratégicamente.”

Y es que la urgencia suele consumir la visión,y la operación nubla la dirección. Cada vez con mayor frecuencia me encuentro en las organizaciones con algo que sorprende: equipos altamente competentes… sin un plan estratégico claro para el año. Esta situación no es por desconocimiento de la importancia ni porque no sepan cómo hacerlo, sino por saturación constante y vivir en la urgencia del día a día.

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De hecho he visto a muchos líderes convertirse en excelentes bomberos: responden rápido, resuelven las crisis del momento, contienen emergencias y mientras dominan el arte de apagar incendios, dejan de diseñar el sistema que evitaría que estos incendios se repitan. Y ahí está el punto crítico, cuando el liderazgo se reduce a reacción permanente, la estrategia le cede el mando a la improvisación y el agotamiento aparece.

Vivimos en entornos volátiles que demandan velocidad constante y nos exigen más a cada momento. El estrés hace parte del juego y no es el enemigo, pero si cuando es todo lo que nuestro cuerpo siente y se convierte en una constante.

La Organización Mundial de la Salud reconoció el burnout como fenómeno ocupacional derivado del estrés laboral crónico no gestionado. La American Psychological Association ha documentado cómo el estrés prolongado impacta funciones ejecutivas clave como la memoria de trabajo, la regulación emocional y la toma de decisiones complejas.

Desde la neurociencia, investigaciones como las de Amy Arnsten y Bruce McEwen muestran que el estrés sostenido reduce la eficiencia de la corteza prefrontal, fundamental para planificación estratégica y flexibilidad cognitiva, y favorece la activación de circuitos asociados a amenaza.

En ese estado:
- La percepción se estrecha.
- Aumenta la rigidez cognitiva.
- Disminuye la creatividad.
- Se incrementa la reactividad interpersonal.

Cuando solo nos enfocamos en la urgencia del día a día puede que los líderes puedan seguir tomando decisiones, pero no van a estar pensando estratégicamente. Pues toda su energía va a estar concentrada en resolver las amenazas y cada amenaza activa el cuerpo.

Los seres humanos no regulamos nuestras emociones en aislamiento; nos co-regulamos. La psicología social ha estudiado el fenómeno del contagio emocional y ha demostrado cómo los estados internos se transmiten automáticamente dentro de los grupos.

En términos simples: antes de que el equipo escuche el plan, su cuerpo ya ha leído al líder.

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Así que si la urgencia ha reemplazado la estrategia en tu vida, la coherencia es el punto de retorno. Hoy te propongo tres movimientos entrenables:

1. Detectar la activación. ¿Estoy apagando incendios… o construyendo dirección?, ¿Estoy reaccionando o actuando desde la conciencia?

2. Regular antes de responder. ¿Mi cuerpo está en alerta constantemente? Crear pausas deliberadas antes de decisiones críticas no es un lujo, es una necesidad.

3. Re-alinear intención. ¿Estoy liderando desde amenaza o desde visión? La coherencia no elimina la presión pero si permite que la presión no elimine la estrategia.

En conclusión, hoy todos pueden aprender nuevas herramientas puesto que la información es accesible y la tecnología se puede copiar, lo que no es replicable, es el estado interno desde el cual se ejecuta.

La incoherencia no es un problema individual aislado, es un riesgo sistémico. Un líder fragmentado genera culturas fragmentadas, mientras que un líder coherente no solo genera claridad estructural, genera culturas más sanas; es la coherencia la que permite sostener el liderazgo.

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Nota del editor: Marcela Tapias es formadora y acompañante en procesos de transformación personal y liderazgo emocional, con más de 15 años de experiencia trabajando con individuos, equipos y organizaciones. Desde un enfoque integrativo que articula mente, emoción y cuerpo, ha desarrollado programas y espacios de acompañamiento orientados al autoconocimiento, la regulación emocional y la coherencia interna. Síguela en Instagram como @marcetapiasg y/o escríbele a marcelatapiashdc@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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