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Crecer sin colapsar. La decisión clave que definirá a los líderes en 2026

Este año no necesita más declaraciones de intención, sino arquitecturas organizacionales capaces de aguantar el peso del crecimiento.
mié 14 enero 2026 06:00 AM
Crecer sin colapsar. La decisión clave que definirá a los líderes en 2026
Una empresa bien estructurada puede acelerar cuando lo exige el mercado porque conoce a detalle sus recursos, identifica dónde pueden abrirse grietas y sabe cómo sellarlas a tiempo, considera Zulma Herrera. (Foto: iStock)

Durante años, he acompañado procesos de expansión donde todo lucía impecable en las juntas de accionistas. Números al alza, contratos firmados, nuevos mercados; sin embargo, las decisiones se tomaban con información parcial y el camino era confuso por falta de liderazgo. Miles de empresas colapsan cada año porque crecieron más rápido que su capacidad para sostenerse.

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Las compañías expanden operaciones, captan clientes, abren mercados, pero olvidan preguntarse si es posible mantener esa expansión. Cuando el desbalance aparece, ya es demasiado tarde: los equipos están agotados, los márgenes comprometidos y la cultura organizacional desgastada.

El 2026 no necesita más declaraciones de intención, sino arquitecturas organizacionales capaces de aguantar el peso del crecimiento. Sectores como el minero lo han aprendido a fuerza de realidad: no se avanza sin estudiar el terreno, reforzar estructuras y anticipar riesgos. Las empresas que prosperan son las que entienden que la expansión no se improvisa, se ingenieriza. La ventaja es que ese andamiaje puede construirse.

Cuando las métricas mienten

Las empresas miden lo que les gusta celebrar: ingresos brutos, números de clientes, tamaño del equipo. Son pocas las que documentan rentabilidad, costo de adquisición, valor de vida del cliente, rotación de personal o tiempo promedio de decisión. Y es justo en esas métricas, donde está la clave.

He visto compañías de todos tamaños —incluidas mineras con cifras espectaculares en facturación— derrumbar sus márgenes operativos porque nadie calculó el verdadero costo de escalar sin cimientos.

En más de una ocasión, directores que administran equipos relativamente pequeños, de cincuenta personas o menos, no pueden explicar qué hace cada quien ni por qué es indispensable para la operación. Y cuando una organización no entiende su propia anatomía, cualquier intento de crecimiento se vuelve una excavación a cielo abierto: costosa, riesgosa y sin una dirección clara.

Grietas que destruyen imperios

Las empresas que terminan cediendo bajo su propio peso comparten, desde mi experiencia, tres fallas estructurales que funcionan como fracturas geológicas: pequeñas al inicio, devastadoras cuando la presión aumenta.

Primera. Dependencia extrema de dos o tres personas. Si ellas faltan, se llevan consigo el mapa completo de la operación. No hay manuales, no hay procesos y no hay equipos preparados para responder ante un imprevisto. Es como operar una mina sin planos: basta que falte el guía para perder la ruta.

Segunda. Líneas de autoridad difusas. Nadie sabe quién aprueba una compra, quién negocia con proveedores o quién define prioridades. Las decisiones se hunden en un vacío donde todos esperan una instrucción que nunca llega.

Tercera. Ausencia de sistemas confiables. Cada área registra la información a su manera y la comunicación sobre decisiones críticas —inversiones, finanzas, contrataciones— se reduce a intercambios superficiales. Es intentar sostener un socavón con vigas improvisadas.

Construir hoy para funcionar mañana

Los líderes que realmente impulsan a sus organizaciones entienden una verdad incómoda: antes de extraer más, hay que asegurar el terreno. Invierten en bases sólidas antes de necesitarlas, delinean organigramas con autoridad clara, establecen indicadores financieros precisos y comunican valores que no se desmoronan ante la presión. Una empresa bien estructurada puede acelerar cuando lo exige el mercado porque conoce a detalle sus recursos, identifica dónde pueden abrirse grietas y sabe cómo sellarlas a tiempo.

Con los años, he visto directivos destinar millones de dólares a tecnología de punta y a la par, carecen de un manual básico de operaciones. Es como modernizar la maquinaria sin revisar la estabilidad del túnel: tarde o temprano, la carga se vuelve insostenible.

El verdadero desafío del liderazgo en 2026 será diseñar procesos e infraestructuras capaces de sostener el crecimiento que hoy se celebra. Esto implica invertir en lo invisible y medir lo que revela fallas que preferimos ignorar como: manuales operativos, protocolos de decisión indicadores financieros confiables y sistemas de rendición de cuentas.

La próxima vez que un trimestre prometedor te haga pensar en crecer más rápido, detente un momento y formula las preguntas que casi nadie se atreve a hacer:

¿Puedo replicar este desempeño sin agotar a la organización?
¿Mis procesos soportan el doble de presión sin abrir grietas?
¿Mi equipo tiene claridad para actuar cuando algo falla?

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Si dudas al responder, tómalo como una advertencia. El crecimiento no se sostiene con entusiasmo, sino con estructuras diseñadas para resistir. En industrias como la minera lo saben bien: una fisura ignorada no desaparece, se expande. Lo mismo ocurre en las empresas. La estabilidad no es un golpe de suerte, es una construcción deliberada que define quién prospera y quién termina colapsando.

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Nota del editor: Zulma Herrera es empresaria e inversionista en el sector minero. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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