Nunca en la historia se ha vivido el episodio que está en ciernes. Nadie está suficientemente preparado. Será un momento de inflexión histórico, por lo pronto le llamaremos la crisis de las crisis, pero, la forma en que será conocida será clara hasta dentro de un par de años. Distintos ámbitos enfrentarán momentos de definición, no sólo el llamado crédito corporativo, el modelo monetario de Bretton Woods verá su fin; cambiará radicalmente la valuación de los metales preciosos, al tiempo de que se cimbrarán las criptomonedas. Serán cuestionados, por supuesto, el papel y la credibilidad de los bancos centrales. El petróleo, como eje del mundo energético, y muchos otros temas más, darán constantes sorpresas. En suma, un cisma mundial está por venir.
Concurso mercantil, la puerta falsa
Será la tormenta de las tormentas, y cada país tiene que hacer acopio del capital profesional y técnico para diseñar salidas. Algunos países, como el nuestro, siguen atados a los personajes menos recomendables para transitar el temporal, se sigue brindando a los políticos una relevancia que no debieran tener. Hace tiempo que debieron hacerse a un lado, pero la ambición que les caracteriza, y todos la acabamos pagando, esa enfermedad domina en Latinoamérica. No entregan, regularmente es la ruina del país la que acaba echándolos. Basta mirar al sur. Tarde o temprano tendrán que admitir que son marginales en la construcción del nuevo acuerdo, del new deal. Canadá, es hasta hoy vanguardia en plantear vías de salida, pero nada está escrito. Ese país entendió el perfil de lo que hoy se necesita.
El presidente Trump, le guste a quien le guste, es el agente que ha puesto, y seguirá poniendo, dinamismo al complejo juego. Su decisión, en torno a las monedas estables transformará la estructura financiera internacional; la postura que tome frente a los grandes fondos de inversión en los Estados Unidos será crucial. Qué decir de su papel en el reordenamiento de la provisión del hidrocarburo, sin duda marcará el derrotero por el que andará el aparato productivo mundial. Las que parecían eternas dictaduras, y aquellas que estaban en formación, han visto que tienen los días contados, eso, incluye a los cárteles. Los movimientos de izquierda entraron en rápida obsolescencia y tienden a una acelerada extinción. Fallaron siempre y sólo los más necios se aferran a las barbaridades sobre las cuales ellos se construyeron.
No sólo veremos cómo cae el balance impuesto en la postguerra, sino que veremos cómo los recursos naturales desarrollan nuevas metrópolis, nuevos mercados y una mecánica de flujos muy distinta a la que prevaleció en los últimos 50 años. La energía redistribuirá las alianzas, y los ejércitos no buscarán ampliar el territorio, sino asegurar la provisión de tierras raras, metales y suministros, para aplacar la voraz necesidad de energéticos que consume el nuevo modelo del desarrollo.
No serán un proceso paulatino, sino uno brusco, abrupto. Antes de que termine el año, las cárceles estadunidenses albergarán a personajes que habían hecho de sus países el peculio familiar. Los cárteles estarán contra las cuerdas, y al parecer, ya no será una sentencia lo que teman, sino el exterminio. Lamentablemente, antes de sucumbir, darán la pelea y sujetarán a los ciudadanos a todo tipo de amagos, haciendo de la violencia fuente sustituta en la generación de sus ilícitos caudales.
Otra vez, carros bomba, se han incrementado los delitos que típicamente son producto del arrinconamiento de las mafias, como lo son el secuestro; el robo a mano armada, y la extorsión. No pueden contra quien los persiguen, así que ven cómo se las paga quienes no pueden defenderse. No es un tema de estadísticas, falsas rayas y líneas que mal reflejan la realidad. La gente ya está cansada de verborrea ideológica, y es claro que el descuido del control territorial terminará por dar paso al borrado de fronteras. Los políticos que hablan del ayer deben ser sustituidos, urgentemente, por aquellos que puedan hacerse cargo del ahora. Último llamado para los autócratas, ahí están los finales de Hitler, Mussolini, Kadhafi, Hussein y muchos otros más, ya terminó el tiempo del ascenso del autoritarismo, la rueda volvió a girar. ¿Acaso será que prefieran ser derrocados, linchados, o recluidos en NY?
Todos aquellos que nos atropellaron, burlándose al decir que no viniéramos con que la ley es la ley, tienen que reconocer que ahora penden de la ley internacional, detrás de la cual, hoy, pretenden esconderse, rogando que el pez grande no devore al pequeño. Sin embargo, es demasiado tarde, el proceso ya inició y quienes hicieron de las constituciones una burla, hoy están en fila de las ejecuciones, sólo falta que hablen de justicia y certidumbre jurídica. A hierro mataron y a hierro morirán. Ruegan y piden a los mandamases del primer mundo que respeten las reglas de convivencia, cuando gracias a violarlas se hicieron del poder.
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En ese terrorífico escenario, comenzará una cadena de impagos, incumplimientos y tomas forzadas de activos, y no será solo en la pequeña escala de los hipotecarios y tarjetas de crédito, sino en el de los grandes fondos de inversión, quienes se han vuelto deudores morosos. Ya será el descredito, y no el crédito, el que prevalecerá. La inversión será más volátil que nunca, ya que es difícil saber lo que hoy es un destino seguro, complejo será volar hacia la calidad, todo es, o al menos parece, un espejismo. La liquidez reinará, y la usura será común, disfrazada con mil caretas. Crecerá con la 4T el ridículo margen financiero que sufren los mexicanos, tanto en el financiamiento, como en el mercado cambiario, esos, que el cacique tropical supo fomentar y conservar a cambio de aplausos y sobres amarillos.
Evadir, sortear o diferir el cumplimiento de las obligaciones se convertirá en ejercicio del diario, y ahí, será un gran error jugar a la quiebra o al concurso mercantil, ya que ese garlito depende, para funcionar, de un foro procesal sólido y confiable. Sin una estructura judicial bien formada, sin un acuerdo procesal predecible, sin criterios sólidos en materia de impago, ese juego se vuelve una ruleta rusa. Quienes, como deudores o acreedores, han visto esa como la salida posible se equivocan. Algunos han empezado a entramar esos intrincados galimatías, en búsqueda de poner en proceso universal a fallidas empresas, sin caer en cuenta de que ya no vivimos en ese mundo en el que los juicios brindaban salidas. Ni siquiera son volados, la posibilidad de tener resultados aceptables es menor al 50%. Se acabó el juego del tío Lolo.
Los procesos judiciales universales, en un entorno de síndicos, jueces y tribunales que apuradamente saben dónde tienen que cobrar por lo que dicen saber hacer, no es un volado, sino un camino seguro para perder. Pensar que mecanismos decimonónicos como las garantías hipotecarias son la respuesta para recuperar lo prestado, deja claro que no han entendido que todo el esquema de garantías está construido sobre las bases que rigen la normalidad jurídica, misma que, hace mucho tiempo, perdimos en alguna urna electoral. Esos procesos son tan estériles como los rollos ideológicos que le recetan al electorado desde la palestra de las victorias pírricas.
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Con un andamiaje judicial derruido, la peor decisión es acudir a los concursos mercantiles y/o a las quiebras, es mala idea como fórmula de solución, ya que la pérdida de valor es dramática y la posibilidad de salir del proceso con éxito es realmente bajísima. Es buena opción para quien quiera huir y convertirse en candidato a ser perseguido indefinidamente, y no volver jamás al comercio o a la industria. Es el sello que determina y marca la inviabilidad empresarial. Es un tiro en el pie. Es la mejor forma de reconocer que lo prestado es irrecuperable.
México debe desarrollar un profundo proceso de reingeniería estructural, y no uno de unidades aisladas, sino uno que incorpore una nueva visión, una que integre diversas etapas de proceso, derrumbando fronteras horizontales y verticales, sí, relanzando empresas bajo esquemas que superen las fórmulas tradicionales, diversificando riesgos, ampliando horizontes de proveeduría y suministro, abriendo así, progresivamente mercados en otras regiones.
El abatimiento de los costos es crucial, pero la mano de obra ya no debe ser el margen. Nuestro país tiene grandes oportunidades en áreas que experimentan grandes cambios, particularmente en la aeronáutica, debe reestructurar capacidad dedicada en el norte a la industria automotriz. Viene una revolución en el transporte aéreo. Hay que seguir, y, sobre todo, aprender, del fracaso del C919. Sin embargo, el problema más grande a vencer es un Poder Legislativo que ha demostrado cómo el proceso parlamentario puede acabar con las capacidades productivas de cualquier nación. Hacen más no haciendo nada. El más pintado de sus integrantes suele ser impresentable.
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En su más reciente obra, la demolición del poder judicial, la 4T ha dejado claro que los procesos universales son la peor decisión para salir adelante, y que son los empresarios quienes, con creatividad, pueden rescatar y rearmar el proceso productivo nacional, sí, a pesar de la burocracia. La extorsión tributaria, tarde o temprano, terminará, al advertirse que cada año se van agotando las fuentes de ingreso obtenido bajo amago, y que, siempre, será fiscalmente más productivo el incentivo que la persecución.
La crisis de las crisis demandará del empresariado nacional una pronta respuesta, ese, que no se limita a lanzar y relanzar planes y programas que no valen ni el papel en el que están escritos. Es momento de convocar, sin parafernalia, foros de integración empresarial al margen de la intromisión gubernamental, sin embargo, lo que está faltando, son líderes, unos que, como aquellos que, en los años 50, supieron sustituir a la generación saliente. Carlos Franz Trouyet nos mira desde lo alto con interés.
Los grandes nombres del sector productivo se han hecho viejos, y en muchos casos, no todos, han confirmado aquel dicho que reza que el talento brinca una generación. Muchos nombres nuevos tomarán por asalto los segmentos de mercado regenteados por quienes no sólo envejecieron en lo físico, sino que, con la edad, abandonaron la innovación. Muchos de ellos, en los últimos años, se han dedicado sólo a formar clientelas inconformes.
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Son muchas las empresas que serán heredadas por impreparados sucesores, incapaces de levantar el guante, eventualmente, darán espacio a nuevos talentos. Importante saber cuándo comprar, pero más, cuando vender. Es un proceso que hemos vivido cíclicamente. La oportunidad está ahí, a pesar de los políticos. Por lo pronto, hay que ver en la legislación de concursos mercantiles el cadalso del futuro mexicano.
Reestructurar y rearmar, antes de fallarle al accionariado; a los proveedores y clientes, así como de traicionar el compromiso con la nación, manchando, inevitablemente, el nombre por generaciones. No es neceando como se rescatan las empresas, mucho menos abandonándolas a improvisados síndicos y a veleidosos juzgadores, salir adelante requiere capacidad, de esa, de la que poco o nada saben en el oficialismo, ojalá se dejen ayudar, antes de que tengan que recoger los pedazos de lo que fuera la economía mexicana.
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Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Fue prosecretario de la Junta de Gobierno de Banxico y de la Comisión de Cambios, y miembro de las juntas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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