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Cuando las máquinas hacen el trabajo, ¿qué pasa con el talento?

El verdadero riesgo no es que las máquinas nos quiten el trabajo. Es que, poco a poco, dejemos de ejercitar las habilidades que nos hicieron valiosos en primer lugar.
jue 09 abril 2026 06:00 AM
Cuando las máquinas hacen el trabajo, ¿qué pasa con el talento?
Las herramientas tecnológicas pueden multiplicar nuestras capacidades. Pero el talento humano sigue dependiendo de algo mucho más difícil de automatizar: la curiosidad, el criterio y la capacidad de pensar por cuenta propia, considera Carlos Herrero. (Foto: iStock)

La conversación sobre Inteligencia Artificial (IA) y su uso en actividades profesionales suele llegar siempre a la misma pregunta (o incertidumbre), ¿cuántos empleos desaparecerán? Gobiernos, empresas y universidades intentan calcular el impacto laboral de una tecnología que avanza a una velocidad inédita. Pero quizá estamos mirando el fenómeno desde el ángulo equivocado.

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Seamos claros. La IA no eliminará tantos empleos como muchos temen, pero lo que sí podría erosionar, si no entendemos bien lo que está ocurriendo, es algo mucho más frágil pero fundamental para las empresas: el talento humano.

De acuerdo con datos del World Economic Forum, el 44% de las habilidades actuales de los trabajadores cambiarán radicalmente en los próximos cinco años y entre las habilidades que más importancia adquirirán serán el pensamiento analítico, el pensamiento creativo, el liderazgo y el pensamiento estratégico. Justamente aquellas habilidades que son más difíciles de automatizar.

El riesgo aparece cuando confundimos eficiencia con desarrollo de capacidades. Durante décadas, el talento profesional se construyó a partir de procesos largos: investigar, escribir, analizar, sintetizar información y aprender a formular ideas con claridad. Hoy, muchas de esas tareas pueden resolverse en segundos con una herramienta de IA.

La eficiencia es innegable. Pero también plantea un dilema cultural. Si una generación entera se acostumbra a delegar a las máquinas la redacción de textos, el análisis de información o la generación de ideas, el problema ya no será la pérdida de empleos, sino la posible erosión de habilidades fundamentales.

Algunos datos comienzan a apuntar en esa dirección. Investigaciones de Stanford University y el Massachusetts Institute of Technology que analizan el impacto de los modelos de IA en tareas profesionales han encontrado incrementos de productividad de entre 20% y 60% en ciertos trabajos basados en conocimiento. El dato es revelador: cuando la tecnología realiza buena parte del trabajo cognitivo, el esfuerzo intelectual requerido por las personas disminuye.

La historia tecnológica ofrece ejemplos parecidos. Cuando aparecieron las calculadoras, muchos pensaron que desaparecería la enseñanza de las matemáticas. No ocurrió. Pero sí cambió la relación de las personas con el cálculo mental.

La IA podría provocar un fenómeno similar, pero a una escala mucho mayor. No estamos hablando de una herramienta especializada, sino de una tecnología capaz de intervenir en prácticamente cualquier actividad intelectual: desde redactar informes hasta escribir código o diseñar estrategias.

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Paradójicamente, en este contexto el talento humano podría volverse todavía más valioso.

Porque cuando todos tienen acceso a las mismas herramientas tecnológicas, la diferencia ya no está en quién utiliza IA, sino en quién tiene criterio para interpretarla. La capacidad de hacer preguntas inteligentes, cuestionar respuestas automáticas o conectar ideas seguirá siendo profundamente humana.

Esto abre una paradoja interesante: la IA puede democratizar ciertas capacidades, pero al mismo tiempo podría ampliar la brecha entre quienes saben pensar estratégicamente y quienes simplemente utilizan herramientas. Ahí incluso radica el reto para los que nos dedicamos a la comunicación y las relaciones públicas.

La historia económica demuestra que cada revolución tecnológica redefine qué significa ser valioso en el mercado laboral. La electricidad transformó la industria. Internet transformó la información. La IA podría transformar algo más profundo: nuestra relación con el conocimiento.

El verdadero riesgo no es que las máquinas nos quiten el trabajo. Es que, poco a poco, dejemos de ejercitar las habilidades que nos hicieron valiosos en primer lugar.

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Las herramientas tecnológicas pueden multiplicar nuestras capacidades. Pero el talento humano sigue dependiendo de algo mucho más difícil de automatizar: la curiosidad, el criterio y la capacidad de pensar por cuenta propia.

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Nota del editor: Carlos Herrero es director y fundador de EXTRATEGIA. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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